GRANDES EXPLORADORES: FREYA STARK Y LA PASIÓN DE VIVIR (PRIMERA PARTE)

“Es maravilloso estar lejos, realmente lejos, y descubrir cada mañana un nuevo horizonte” escribía Freya Stark en su diario, la que será protagonista de esta historia de una mujer que tuvo el valor de vivir como quería, de seguir sus anhelos aunque no supiera con certeza hacia donde la llevaban, de vencer los obstáculos que por su condición de mujer la sociedad la imponía a comienzos del siglo XX, de superar las enfermedades que padeció, las secuelas de un grave accidente y un entorno familiar que le procuró una adolescencia no demasiado feliz, demostrando que lo más importante en la vida es vivirla con pasión, buscando la alegría y aquello por lo que sentimos vocación, aunque los demás nos digan que vamos por el camino equivocado y nos insten a llevar una vida más convencional, aquella que la sociedad considera adecuada. Es cierto que en ocasiones ese desafío  significa también una vida de soledad o incomprensión, pero como dijera el que fuera presidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt “Es duro caer, pero es peor no haber intentado nunca subir.” y Freya Stark estaba convencida que había que arriesgarse para sentir  lo que ella describía como “el resplandor que hace que la vida merezca ser vivida , aunque llegue como un breve destello y desaparezca” y aunque sólo fuera por estas palabras creo que de haberla conocido ya me habría enamorado de ella o habría sido una de mis mejores amigas. 
Os invito a que me acompañéis a conocer a una de las grandes exploradoras del siglo XX, una mujer que amaba la vida por encima de todas las cosas y que aún con más de noventa años de edad desafiaba a la vejez, a la altura y al frío y se dejaba fotografiar con los ojos asombrados de un niño mientras a lomos de una mula recorría los caminos del Himalaya, dando la razón al filósofo griego Pitágoras de Samos sobre que “Una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida.” Y una bella vida es aquella que vives en libertad, siguiendo los dictados de tu corazón sin traicionarte a ti mismo por miedo a lo que la sociedad pensará sobre tus actos y sin perder de vista el principal deber sagrado que tiene todo ser humano, vivir una vida plena, auténtica, alegre y honesta con nosotros mismos.Y como le sucedía a Freya no hay que inquietarse si aquello que hacemos no tiene una utilidad inmediata, si no nos reporta un beneficio aparente, al final las piezas del rompecabezas terminarán por encajar demostrando que el mejor plan es no tener un plan determinado, no cerrar las puertas a las oportunidades que surjan en el camino y no temer a detener nuestro recorrido cuando así lo pida nuestro corazón o a emprender la marcha cuando sintamos la llamada de nuevos horizontes.

Fotografía de una joven Freya Stark , la exploradora y escritora que será la protagonista de nuestro relato , una mujer que tuvo el valor de luchar por sus sueños aunque ella misma no sabía con claridad que es lo que buscaba. Cuando la preguntaba el motivo de que estudiara árabe, lo que era considerado una excentricidad absurda por parte de sus amigos, respondía “Aprendí árabe por diversión.Sé que hacer algo porque a uno le gusta hacerlo es una razón excelente” Criticaba la búsqueda de utilidad en nuestros actos, una obsesión que ella consideraba muy característica del mundo Occidental y que nos impide disfrutar de las cosas que nos hacen sentirnos más felices aunque a primera vista no tengan utilidad ni un fin práctico. A ella seguir su vocación la sirvió para llevar la vida que quería y disfrutarla hasta sus últimos días (imagen procedente de http://artistasoguerreras.blogspot.com )  
Hay vidas extraordinarias que parecen marcadas incluso antes del nacimiento y la forma en que se conocieron los padres de Freya  reunía los elementos de una novela romántica. Robert Stark era un joven británico que en 1878 se encontraba estudiando pintura en  Roma, en aquella Italia que desde hacia más de un siglo era el destino de la  aristocrática juventud del floreciente Imperio Británico, donde descubrían el arte de los grandes maestros italianos pero también una pasión y una alegría de vivir nacida de la intensa luz del Mediterráneo que era desconocida por aquellos jóvenes privilegiados que tenían la oportunidad de emprender el viaje lejos de sus brumosas tierras. Robert tenía por entonces veinticinco años de edad y era un buen ejemplo de la sociedad victoriana en la que se había criado, que amaba la tranquilidad de los verdes páramos de Dartmoor natal, en el condado de Devon, y no gustaba mucho de la vida social. Antes de regresar a Inglaterra Robert viajó a Florencia donde conocía por primera vez a su prima Flora Stark, que si por el lado paterno era inglesa por el lado materno tenía sangre alemana y había nacido y vivido en Italia.
Flora era, en palabras de la escritora española Cristina Morató(1961) cuya obra “Las damas de Oriente” he utilizado como fuente de información para este artículo junto con “Pioneros de lo imposible” del también escritor español Javier Jayme(1950), “una muchacha hermosa, muy alta, elegante y de gran magnetismo” que además amaba el arte y tenía talento para la escultura y también como interprete de piano. Flora tenía sólo diecisiete años y parece que Robert quedó prendado de ella en el mismo momento en que la vio y ella, quizás no tan enamorada pero deslumbrada por la propuesta de matrimonio que le hacía aquel joven artista que procedía de una familia aristócrata y vivía en Inglaterra , aceptó entusiasmada guiada por su caracter apasionado.Los recién casados abandonarían Italia para regresar a la casa de Robert en Durtmoor, pero ya entonces comenzaban a distanciarles sus diferentes personalidades,la  más apasionada y amante de la vida social de Flora y la mucho más retraída y discreta de Robert. Flora no podía permanecer mucho tiempo en aquellas tierras húmedas y sombrías, necesitaba la luz de otras tierras y el matrimonio comenzó una vida de viajes que les llevaría en 1887 a establecerse en París donde Flora pretendía dedicarse en serio a la pintura.

Retrato de Robert Stark realizado por su esposa Flora Stark hacia 1883, cinco años después de conocerse y cuando aún no habían tenido a sus dos hijas que nacerían en 1893 y 1894 . Las diferencias de sus personalidades, donde sólo compartían su amor por el arte y en particular por la pintura, causaría la separación del matrimonio y en gran parte arruinaría la infancia de Freya y Vera, que vivieron la mayor parte del tiempo con su dominante padre que trataba en todo momento de guiar sus vidas . Mientras, ellas la admiraban sin atreverse nunca a contradecirla, ni siquiera cuando sus decisiones truncaban sus sueños, como sucedería con Vera, que tuvo que renunciar a sus sueños para cumplir los deseos de su madre (imagen procedente de http://www.creston.museum.bc.ca )
Sería en esta ciudad , en un estudio abohardillado junto al Sena , el escenario más apropiado para el espíritu bohemio de Flora Stark, donde vendría al mundo el 31  de enero de 1893 una niña a la que pusieron por nombre el de la diosa escandinava Freya, diosa del amor, la belleza y la fertilidad. La pequeña Freya Stark no había cumplido aún un año de edad cuando emprendía su primer viaje de una vida que estaría llena de ellos . Sus padres deciden abandonar París para regresar a Italia  y vivir en la bella ciudad medieval de Asolo, situada en el Veneto , a unos ciento treinta kilómetros de Venecia y conocida como “la ciudad de los cien horizontes” por el hermoso paisaje montañoso que la rodea. Se instalaron en una villa propiedad del padrino de Freya y amigo del matrimonio, Herbert Young y allí nacería  ese año la hermana de Freya, Vera Stark y apenas un año después el matrimonio emprendía de nuevo su vida nómada mientras Freya y Vera permanecían un tiempo con su abuela materna, la alemana Madeleine von Schmidt que enseñaría a la pequeña Freya alemán mientras la leía cuentos infantiles. Con sólo siete años Freya demostraba su facilidad para aprender idiomas y ya dominaba alemán, inglés, francés e italiano a los que años después añadiría otros idiomas como el árabe y el español ,hasta hablar un total de nueve idiomas.
Los siguientes años serían de constantes viajes siguiendo a sus padres como ella misma recordaba “mis padres viajaban por Europa con absoluta despreocupación; la consideraban en su conjunto como un lugar  por el que desplazarse” y aunque se lamentaba de no poder ir a la escuela como otros niños de su edad y tener que educarse en soledad, creía que aquellos años  la habían hecho más fuerte y con mayor capacidad de adaptarse a los cambios y a la misma soledad como ella confesaría años después “nuestra vida deambulante nos hizo precavidas y bastante resistentes”. Freya admiraba a su madre que ejercía una gran influencia sobre ella y  su hermana. Su fuerte personalidad en parte la ahogaba por su carácter dominante . Durante muchos años ambas hermanas acatarían las instrucciones de su madre sobre como debían conducir sus vidas sin oponerse a sus designios. En cuanto a su padre sería  él quién la inocularía a Freya su amor por los viajes y la exploración, nacidos en sus excursiones por los colosales y hermosos Dolomitas italianos, tratándola no como a una niña sino como un adulto ,enseñándola a ser valiente y a enfrentarse a los obstáculos que le presentaría la vida.

Fotografía de Dronero, situada a setenta kilómetros de Turín,  donde primero Flora y después sus hijas irían a vivir para emprender una nueva vida en unn lugar que para Freya sería como una prisión de la que tardaría años en abandonar. Fue para ella un tiempo triste y gris alejada de su padre, de su casa en Inglaterra y de los amigos que allí había dejado. Como ella misma escribiría después “Como mi madre estaba llena de afecto y de felicidad , jamás notó que nuestras vidas se desmoronaban a su alrededor”Flora Stark fue a Dronero a buscar su propia felicidad pero se olvidó de la felicidad de sus hijas (imagen procedente de http://share.dschola.it )  
Una vida que estaba a punto de cambiar cuando en 1903, durante una estancia en la casa familiar en Inglaterra, el matrimonio Stark invitó a un joven aristócrata italiano, el conde Mario di Roascio , de apenas 23 años, un hombre apuesto, hábil con los negocios y de habla cautivadora  que fascinó a Flora, aunque su fascinación no era amorosa, sino que le atraía el espíritu emprendedor del conde y veía en él la posibilidad de emprender por ella misma una vida diferente e independiente lejos de un marido del que ya no se sentía enamorada y cuyo gusto por la vida tranquila y retirada en el campo no compartía. Así que aquel mismo año de 1903 Flora hizo las malestas , alquiló una residencia en la ciudad donde vivía Mario , Dronero , situada en el Piamonte y muy próxima a la frontera francesa. Pocos meses después de su llegada haría traer a sus dos hijas con ella sin pensar si aquel cambio de vida era deseado por las pequeñas. No serían felices durante los años que pasaron en Dronero, alejadas de su padre , de los verdes campos de Inglaterra y de sus amigos, sentimientos que expresaría años después Freya “Como mi madre estaba llena de afecto y de felicidad , jamás notó que nuestras vidas se desmoronaban a su alrededor”
La vida allí no era fácil, no disponían de mucho dinero ni de criados que les hicieran las tareas habituales de la casa como en Inglaterra,  y ni siquiera podían permitirse comprar combustible para calentar el agua con la que bañarse en invierno, un cambio radical en comparación con la vida que habían llevado hasta entonces. Por las mañanas realizaban las dos hermanas las tareas del hogar y por las tardes iban a estudiar con unas monjas en la escuela de Dronero , una vida aislada donde apenas tenían amigos y su madre pasaba la mayor parte del día trabajando en la fábrica de esteras junto a su socio en la empresa, el propio Mario di Roascio. Era el año 1905 cuando acompañaron a su madre a visitar la fábrica de esteras donde se había instalado una nueva máquina. Freya llevaba suelto su largo cabello y al aproximarse a ver la máquina la mala suerte quiso que quedara atrapado en el sistema giratorio de la misma que siguiendo su movimiento comenzó a arrastrar a Freya y la levantaba por el aire mientras ella gritaba de dolor.Mario actuó con rapidez y agarrándola de las piernas tiró de ella liberándola de la máquina pero también arrancándola una parte del cuero cabelludo, la oreja derecha y parte del párpado y la sien de ese lado.

A raíz del accidente que sufrió a los doce años que le arrancó parte del cuero cabelludo y la tuvo entre la vida y la muerte , permaneciendo ingresada durante cuatro meses y sometida a diferentes operaciones para recomponer la parte de su rostro que había quedado desfigurada, la joven Freya tuvo un complejo de fealdad que llevaría sobre ella durante la mayor parte de su vida atribuyendo a esa fealdad su soltería. Creo que viendo sus fotos nos damos cuenta que era una mujer normal y que tuvo que ser muy atractiva por su inteligencia y espíritu brillante y vital que no tuvo la fortuna de encontrar a hombres a su altura intelectual o asustados por su carácter independiente no muy común en aquella época del primer tercio del siglo XX, una época que contemplaba con extrañeza a las mujeres que no se casaban que eran calificadas con terminos despectivos como solterona, término que no era aplicado a los hombres de la misma condición. Las decentes damas de la aristocracia y burguesía británica la dirían antes de que el nombre de Freya fuera reconocido internacionalmente “Con su forma de vida, señorita Stark, está usted rebajando el prestigio de las mujeres británicas” Años después estas críticas se tornarían elogios” (imagen procedente de http://trilceunlugar.blogspot.com )
Durante unos días estuvo al borde de la muerte y más adelante tuvo que someterse a distintas operaciones para tratar  reconstruir esa parte de su rostro que había quedado desfigurado . Permanecería cuatro meses ingresada en el hospital de Turín donde la implantaron piel de sus muslos en la cabeza  y después inició una rápida mejoría aunque siempre sentiría un complejo por las cicatrizes que le dejó, tratando de disimularlas con sus peinados y sombreros. Ella misma se veía como una mujer poco agraciada y consideraba que su físico poco agraciada la condenaba a llevar una vida de soltería y soledad. Ella misma escribía años después “Siempre descubro que la gente necesita casi un mes para superar la impresión que les produce mi fealdad”. Sin embargo, viendo sus fotos , creo que tenía en este sentido una visión distorsionada de ella misma , porque al menos yo no aprecio la fealdad que ella afirmaba poseer. En todo caso aquellos meses en el hospital y el sufrimiento por las operaciones fue recompensado por el tiempo que pudo disfrutar junto a su madre que no la abandonó durante todo aquellos días y pasaron juntas muchas más horas que en los años anteriores. En sus memorias escribe Freya sobre aquella época “Aun siento la calidez y la delicia de la presencia de mi madre . Ahora la tenía toda para mí, y en cierto modo , la descubrí.”
A la casa de la familia en Dronera acudía con frecuencia el padrino de Freya, Herbert Young, que se daba cuenta de la soledad y aislamiento en la que se estaban criando Freya y Vera. Acostumbraba leerlas novelas de aventuras de Walter Scott (1771-1832) y de otros escritores de novelas de historia que despertaban la imaginación de la joven Freya, que ya entonces soñaba con viajes a lugares lejanos y exóticos, sueños que se hicieron más intensos después de la lectura de “Las Mil y Una Noches” que además marcaría  el comienzo de su entusiasmo por el mundo y la cultura oriental, un entusiasmo que no se extinguiría durante toda su vida.Unos años después otra sorpresa alteraba la vida familiar cuando su madre anuncia que Vera se casaría con Mario di Roascio, una unión que no nacía del amor de Vera por el conde italiano sino por el interés comercial de su madre que deseaba asegurar el negocio que había emprendido con Mario. Incapaz de enfrentarse a la fuerte voluntad de su madre Vera renunciaría a seguir su sueño de estudiar escultura y aceptó seguir viviendo en Dronera y casarse con Mario.  Freya no aceptó este sacrificio de su hermana forzado por el interés de su madre y escribía en su diario “Nunca volveré a tener la misma fe en mi madre”.

Fotografía de William Paton Kerr, profesor especializado en la cultura escandinava y que daría clase a Freya Stark durante su estancia en el Bedford College, convirtiéndose en una de sus alumnas favoritas, invitándola como hacía con otros estudiantes a realizar excursiones por la montaña. Freya había aprendido a amar a la montaña cuando de pequeña acompañaba a su padre recorriendo los Dolomitas italianos y con Kerr escalaría algunas cumbres destacadas de los Alpes. Kerr la animaría a estudiar islandés una vez que comprobó su facilidad con los idiomas y más teniendo en cuenta que su nombre era el de una diosa vikinga, pero Freya siempre había sentido una gran fascinación por el mundo árabe y oriental a raíz de sus lecturas de “Las Mil y una Noches”(imagen procedente de http://www.absolute.astronomy.com ) 
Al menos ella pudo abandonar aquel lugar en el que se sentía enjaulada  para comenzar sus estudios e Londres en 1911, aunque no podría estar en compañía de su padre que había partido un año antes a Canadá y residió en casa de una amiga de la familia, la norteamericana, Viva Jeyes, que la introduciría en los círculos artísticos londinenses y durante los tres siguientes años Freya conocería a importantes figuras literarias y artísticas de la época , llamando la atención por su inteligencia y capacidad para hablar de cualquier tema con un conocimiento profundo. Pero el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914 obligó al cierre del Bedford College donde seguía sus estudios y regresó a Italia junto a su madre y Vera aunque para no permanecer encerrada allí convenció a su madre para que le permitiera trabajar como enfermera en el hospital de Turín. Allí conocería a su primer gran amor , un médico de treinta y ocho años de edad llamado Quirino Ruata  que correspondió sus afectos y en 1915 la pedía en matrimonio. En la primavera de aquel año regresaba a Dronera con el propósito de preparar su boda cuando comenzó a sentirse débil , teniendo que permanecer en cama durante unas semanas por una infección grave. Durante ese tiempo las cartas de Quirino fueron cada vez menos frecuentes y un día llegó la confirmación de lo que comenzaba a temer Freya, se había enamorado de otra mujer y rompía su relación.
Otra mala noticia se unió a la de esta ruptura, la muerte de la hija que había tenido Vera, víctima del tifus. Además de estas desgracias sucesivas Freya también tuvo que soportar las palabras de su madre que casi la acusaba afirmando que aquella había sido su última oportunidad de tener un marido. Durante la guerra Freya se compraría una casa en la ciudad de Santa Maria di Mortola junto al mar en la Riviera italiana, gracias al dinero que le enviaba su padre desde Canadá y cuando el negocio que tenía su madre comenzó a decaer al final de Primera Guerra Mundial , en 1918 la invitó a que viviera con ella y emprender juntas un negocio de cultivo de flores que las permitiera salir adelante. Son años en los que apenas tiene tiempo para si misma y dedicarlo a la lectura y el estudio, pero nunca deja caer en el olvido sus sueños de viajar y conocer lugares lejanos abandonando aquella vida que no sentía como propia y que no la apasionaba ni la hacía sentirse plenamente viva. Mortola era un lugar visitado por familias adineradas que iban a pasar allí las vacaciones de verano y entre ellas se encontraba la familia Buddicom y la joven hija de la familia, Virginia Buddicom, que se convertiría en una de las mejores amigas de Freya y compañera de futuras aventuras.

Mapa de Oriente Medio en 1920 dibujado después del final de la Primera Guerra Mundial . Las fronteras fueron diseñadas cuatro años antes, en 1916, durante los acuerdos negociados  Sir Mark Sykes, en representación de Gran Bretaña y Charles François Georges-Picot por Francia y que en su honor fueron conocidos con el nombre de Acuerdos Sykes-Picot en los que Francia y Gran Bretaña se repartieron Oriente Medio con la excusa de que los árabes aún no estaban preparados para gobernarse a sí mismos. Durante la conferencia que se celebró en San Remo en 1920 se discutió sobre este reparto y fue lo que despertó las esperanzas de Freya, ya que sabía que necesitarían a muchos funcionarios para ocuparse de la administración de los protectorados (imagen procedente de http://mcorrea96.blogspot.com ) 
En 1920 se celebraba en San Remo una conferencia internacional para discutir entre otros temas el reparto de los despojos de lo que había sido el antiguo Imperio Turco, uno de los grandes derrotados de la Primera Guerra Mundial junto a Alemania y el Imperio Austro – Húngaro. Muchos territorios que habían pertenecido al Imperio, como Egipto, Palestina o Siria  pasaban ahora a ser repartidos entre las potencias vencedoras, el Reino Unido y Francia, que ejercerían lo que ellos mismos definieron como protectorado ya que consideraban que los árabes aún no estaban preparados para gobernarse a sí mismos , pero que en realidad no era más que la excusa de las naciones europeas para convertir aquellos territorios en colonias y explotarlos en su propio beneficio. Pero Freya veía en aquella conferencia internacional una oportunidad para hacer realidad sus sueños. El mundo que surgiera de los acuerdos de San Remo necesitaría de personas que trabajasen en aquellos países árabes, personas que tendría que hablar árabe y en aquel momento decidió que si quería viajar y conocer aquel mundo que siempre la había fascinado era el momento de aprender árabe y sumergirse en la cultura oriental.
Durante los siguientes siete años, y sacando un tiempo del que no disponía pues tenía que dedicarse a cuidar la casa y el cultivo de las flores de la empresa que llevaba con su madre, viajaba diariamente en tren a San Remo para estudiar árabe junto a un anciano monje capuchino que había residido en Beirut durante tres décadas y eso a pesar de las recomendaciones de un gran amigo suyo, el profesor William Paton Kerr(1855-1923), al que había conocido durante la época en que estuvo estudiando en Londres en el Bedford Collegue , especialista en estudios escandinavos y que apreciaba mucho a Freya por su inteligencia y personalidad. La había animado a que estudiara islandés y se especializara en la cultura nórdica, y también la había introducido en el alpinismo pues tenía costumbre de hacerse acompañar por algunos de sus alumnos a escaladas tanto en Inglaterra como en el continente.  Freya se convertiría en una avezada alpinista y durante los años siguientes acompañaría a Kerr en algunas de estas excursiones por la montaña hasta que en la última de ellas , el 17 de julio de 1923, Kerr moriría víctima de un infarto mientras escalaba con Freya y otros compañeros el Monte Rosa , que con sus 4634 metros es la mayor altura de los Alpes Suizos y la segunda cumbre de mayor altura de toda la cordillera alpina. En homenaje a aquel hombre al que admiraba Freya conquistaría poco después la cumbre del Monte Rosa , convirtiéndose en la segunda mujer que lo lograba.
El conjunto de cimas que integran el macizco del Monte Rosa cuyo pico más alto es el Dufour a 4634 metros de altura, que lo convierten en el segundo más alto de los Alpes después del mítico Montblanc . Fue conquistado por Freya Stark en homenaje al hombre que la había hecho amar el montañismo, William Paton Kerr, muerto en 1923 cuando se disponía a conquistar el Monte Rosa en compañía de la propia Freya y de otros estudiantes. Sus aptitudes para la escalada le serían muy útiles para sus posteriores exploraciones en Arabia , como veremos en la segunda parte de su hitoria (imagen procedente de http://www.mountaindream.it )

Freya siguió con sus estudios de árabe  y después de sufrir una úlcera gástrica por la que tuvo que operarse y pasar seis meses de convalecencia, en 1926 el destino volvía a golpearla con la muerte de su amada hermana Vera en la primavera de 1926 a consecuencia de una septicemia sobrevenida después de un aborto natural. Freya escribiría años después  las palabras que recogía en el primer párrafo de este artículo referidas a su hermana , a su vida  y a su muerte “Su muerte esta tan fresca  para mí como en el primer instante y lo estará mientras tenga capacidad para sentir. Ella nunca conoció el resplandor que hace que la vida merezca ser vivida , aunque llegue como un breve destello y desaparezca.” Vera siempre había obedecido la voluntad de su madre y no se atrevió a vivir su propia vida. Ella no estaba dispuesta a que le sucediera lo mismo. Por fin , en 1927, Freya ya se siente preparada y con el suficiente conocimiento de árabe para emprender la gran aventura y abrir una nueva etapa de su vida, la de su verdadera vida. Alquila la granja de flores y el dinero que genera se lo deja a su madre Flora que además viviría en la casa de su padrino Herbert Young, por lo que no le faltaría de nada. En noviembre de 1927 embarca en un carguero llamado “Abbazia” rumbo a Beirut. Escribe en su diario “Es maravilloso estar lejos, realmente lejos, y descubrir cada mañana un nuevo horizonte”. Era la hora de cumplir sus sueños y vivir una vida de aventuras, aventuras que conoceremos mañana en la segunda parte de este relato sobre la vida de una mujer que supo vivir sus sueños.  
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