DOS EXPOSICIONES DE FOTOGRAFÍA: SANTOS YUBERO Y HORACIO COPPOLA

Os propongo un respiro de la actualidad, de las noticias que nos acosan diariamente y que son sustituidas al día siguiente por otras, convirtiendo en antiguo lo que apenas tiene unas horas de vida. Es el tiempo de lo efímero, de los mensajes de 140 letras de Twitter, de nuestros mensajes en Facebook que son olvidados apenas han sido escritos, sepultados por decenas de nuevos mensajes. Las opiniones, las ideas, las sensaciones se suceden a ritmo imparable y apenas somos capaces de retener algunas de ellas, dejándonos una extraña sensación de vacío y aturdimiento.

Hay en estos momentos dos exposiciones en Madrid que son justo lo opuesto a esta sensación de vértigo de nuestra vida diaria, porque la fotografía lo que trata es de captar un momento, un instante y rescatarlo en su camino al olvido para capturar el tiempo y ofrecernos una ilusión de eternidad. Cada fotografía sería un intento de hacer eterno lo que es efímero, una ilusión de permanencia, de orden en el caos de la vida. Y los dos fotógrafos que la protagonizan, muy diferentes en sus estilos e intenciones, son dos buenas oportunidades para disfrutar de este oasis de reposo que nos permitirá aprender algo más de nuestro pasado, cumpliendo la máxima de Picasso sobre el arte como “la mentira que nos hace descubrir la verdad”

EL MADRID DE SANTOS YUBERO

Esta exposición está compuesta por 160 fotografías de Martín Santos Yubero(1903-1994) y recorre gran parte de su carrera como reportero gráfico en diferentes periódicos de Madrid,  aunque la mayor parte de su trabajo después de la Guerra Civil lo desarrolló en el desaparecido diario  “Ya”,  hasta su retirada poco después de la muerte de Franco en 1975.

Las obras están divididas dentro de la exposición , en dos grupos, una serie de fotos que se agrupan bajo el título de “España entre dos dictaduras” con fotos que van desde 1929, coincidiendo con el final de la dictadura del general Primo de Rivera, hasta 1936 con el inicio de la Guerra Civil.



Niños desenterrando la Cibeles y haciendo el saludo fascista



En esta primera parte de la exposición se encuentran fotos de un Madrid que nos sorprende, porque cuesta reconocer en ellas a la ciudad actual, aunque sólo la separan 80 años. Cientos de bañistas en las orillas de un Manzanares que en nada recuerda al río que todos conocemos , una panorámica de la Puerta del Sol atravesada por las vías de los tranvías y recorrida aún por coches de caballos mientras al fondo vemos ya “La Mallorquina” que iniciaba entonces su andadura comercial, rebaños de ovejas que cruzan lo que hoy es la Glorieta de Pirámides en un paisaje que más que urbano recuerda a una población rural, y numerosas fotos de algunos de los personajes más conocidos de la época, desde las cantantes Estrellita Castro y Celia Gámez, a escritores como Miguel de Unamuno o Ramón María del Valle Inclán e incluso payasos célebres como Emilio Aragón, de la popular familia del circo que llega hasta nuestros días. Para terminar, en esta primera parte, sobresalen dos fotos, la de la celebración de la proclamación de la II República, con una multitud entusiasmada que saluda el nuevo régimen político, y la de la muerte del dirigente falangista Calvo Sotelo en 1936, asesinato que fue el detonante del estallido de la guerra

En la segunda parte, titulada “Los días del franquismo”, la más extensa, abarca el resto de su carrera , desde 1936 hasta 1975 , y se inicia con una fotografía de unos niños madrileños disfrazados de milicianos que juegan a la guerra. Recorre los años de la guerra con fotos como la del comando militar conocido como “los endiablados de San Blas” y fotos curiosas como la de una biblioteca móvil para que los soldados republicanos pudieran leer en el frente. Una de las fotos que más me llamó la atención es la de unos niños,recién terminada la guerra, que hacen el saludo fascista al fotógrafo mientras están desenterrando a la Cibeles que había sido cubierta de arena para protegerla de los bombardeos.

Por el objetivo de Santos Yubero se suceden los artistas, como Lola Flores, los toreros como Manolete, Juan BelmonteLuis Miguel Dominguín, futbolístas como Di Stefano, pero también otras fotos que nos recuerdan los duros momentos que vivió España como una caravana de traperos de 1951 o una mendiga con sus tres hijos pidiendo limosna en la calle Alcalá. Esta segunda parte de la exposición termina con los entierros de Carrero Blanco de 1972 y la de Franco en 1975 que cierra así toda una época de la historia de España
Esta exposición la podéis ver en la Sala de Exposiciones Alcalá en Alcalá 31 hasta el 16 de enero y es gratuita.

HORACIO COPPOLA: LOS VIAJES 

Si Santos Yubero refleja en su obra los aspectos más cotidianos de la vida de una ciudad con un carácter periodístico, ya que sus fotos estaban pensadas para su publicación en los periódicos, la obra del fotógrafo argentino Horacio Coppola(Buenos Aíres,1906) también trata de mostrarnos la vida cotidiana , sin buscar la espectacularidad, sino retratar la realidad incluyendo a los marginados de la  sociedad, tratando de descubrir con la cámara lo que se nos oculta a la mirada y ,para ello, utiliza encuadres y ángulos imposibles , juega con las luces y las sombras, transmitiendo con sus imágenes algo más que una foto, nos sugiere una historia, un mundo que tenemos que descubrir.

Se titula los viajes porque en la exposición acompañamos al fotógrafo en sus viajes por varias capitales europeas  durante los años 30 , acompañados también por algunas de las películas que rodó en aquellos años , donde descubrimos al Coppola más experimental

En las fotos de Berlín y Budapest de 1933 la ciudad es la auténtica protagonista.Nos encontramos con espacios desnudos, no se ve a nadie, plazas desiertas, fotografías de farolas en ángulos extraños, como si quisiera transmitirnos la frialdad y falta de humanidad de un Berlín en el que Hitler iniciaba su gobierno. Aquí rodaría “Sueño“, una obra sugerente e inquietante que cuenta la historia del sueño de un hombre, recordándonos al Luis Buñuel de “Un perro andaluz” y a la corriente surrealista de la época.

En 1934 viaja a París , donde las fotos tienen un  aire más melancólico , los muelles del Sena en otoño, con los pescadores y gente paseando, parques donde una figura solitaria pasea entre árboles sin hojas o unos ancianos duermen al sol en sus bancos, y algunas fotos desasosegadoras como la de un anciano sin ojos pidiendo piedad. Aquí rueda “Un muelle en el Sena”, donde retrata un día otoñal en París , con sus juegos de luces y sombras y siempre latente una sensación de melancolía.



Horacio Coppola



En 1935 continúa su periplo por Londres, donde descubrimos un Coppola mucho más interesado en retratar a los marginados y la vida diaria de los ciudadanos. Abundan los planos en picado, según dicen en la exposición para evitar molestar a los retratados, y encontramos escenas cotidianas como una pareja montando en un tándem, el escaparate de una tienda de cuchillos, gente leyendo el periódico , un mendigo sujetando un cartel que pone “Total blind” y lo que podría considerarse un retrato de los primeros graffitis, dos corazones grabados en una pared. Aquí rodaría  “Un domingo en Hampstead Heath” donde, con una intención más documental,  retrata un día de ocio en el parque, con escenas sencillas como un perro jugando, una cometa o dos amantes besándose.

Termina la exposición en 1936, con el fotógrafo ya de regreso a Buenos Aires y donde rodó “Así nació el Obelisco” . Es esta , quizás, la mejor de las películas que podemos ver en la exposición, porque muestra su dominio del cine, jugando con los planos, picados, contrapicados y el constante movimiento de la cámara para dar dinamismo a algo muy poco dinámico como era la erección del Obelisco que se erigió para conmemorar el 400 aniversario de la fundación de Buenos Aires.

“Horacio Coppola: los viajes” estará hasta el 16 de enero en el Círculo de Bellas Artes, que por sí solo también merece la pena la visita. La entrada cuesta un euro

Creo que ambas merecen la pena, nos ofrecen dos visiones diferentes de la realidad de dos grandes fotógrafos, y nos harán reflexionar sobre el paso del tiempo, la soledad y sobre todo lo que os puedan sugerir sus imágenes. Esa es la magia de la fotografía, el lenguaje de la imagen que habla sin palabras.

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