DE PORQUE LA DEBILIDAD NUNCA ES UNA BUENA POLÍTICA: LA VERGUENZA DEL SÁHARA

Desde que empecé a escribir el Mentidero hace poco más de un mes, ya le he dedicado dos artículos a la agresión de Marruecos contra el campamento saharaui de Gdem Izik,  y en ambos he criticado la política de silencio del gobierno español que ha seguido desde el principio, escudándose en la falta de pruebas primero y después en las afirmaciones del ministro del Interior  marroquí Taieb Cherkaoui quién, en una entrevista con Pérez Rubalcaba en Madrid, le informaba que no se había cometido ninguna violación de los derechos humanos en El Aaiún, explicación que fue aceptada sin más por nuestro gobierno. Sorprendía aún más la actidud de un gobierno socialista que, antes de su llegada al poder, se había mostrado históricamente a favor de las reclamaciones del pueblo saharaui como la actual ministra Trinidad Jiménez, quién participó en actos en favor de la libertad para el Sáhara. La oposición, más por oportunismo que por convencimiento, si se manifestó a favor del pueblo saharaui aunque con escasa convicción.

Igualmente vergonzosa en todo este tiempo ha sido la actitud del resto de la comunidad internacional, en especial de Estados Unidos , que se ha erigido en una especie de protectora de Marruecos junto con Francia. Una vez más ,se demuestra que las declaraciones en favor del respeto a los derechos humanos y de los valores éticos y morales, no son más que palabras vanas que no significan nada cuando hay otros intereses en juego. Claro que sería una ingenuidad esperar otra cosa, todos recordamos las torturas, reconocidas incluso por el anterior presidente George W.Bush en su autobiografía, que los soldados norteamericanos infligieron a los detenidos en la prisión de Guantánamo, aislados y sin derecho a juicio, y la enorme mentira en que se fundó el ataque a Irak, apoyado por gran parte del mundo, incluida por España, en aquel entonces gobernada por el Partido Popular y que le costó justamente la derrota en las elecciones . Y se supone que los Estados Unidos son los adalides de la libertad y el respeto a los derechos humanos. 

Ya dije entonces que me parecía inaudito que el gobierno español aceptase la palabra de Marruecos sin más, sería increíble que el propio gobierno marroquí se autoinculpara de torturar, de dar palizas y aterrorizar al pueblo saharaui . Asistimos después a la pantomima de la invitación restringida a dos periodistas para visitar la zona del conflicto para que comprobasen que todas las acusaciones eran falsas. Por supuesto, no era más que un nuevo ardid para engañar y tapar la realidad, porque sólo fueron invitados dos periodistas, Ana Romero por “El Mundo” y Miguel Bárbulo por “El País”, marginando al resto de medios. Además se limitó su estancia a tan sólo dos días y lo primero que les ofrecieron fue una entrevista con el ministro de Asuntos Exteriores.

La periodista de El Mundo Ana Romero ,expulsada de Marruecos

Les habían garantizado libertad total de movimientos pero, una vez más, era mentira. El periodista de El País, después de la entrevista al ministro marroquí ,fue enviado de vuelta a España sin tiempo de investigar nada sobre el terreno, mientras que Ana Romero, que no acudió a la entrevista y permaneció en El Aaiún, momento a partir del cual empezó a ser objetivo de las fuerzas de seguridad de Marruecos. En los días que pudo escapar a esa vigilancia tuvo tiempo para hablar a escondidas con los abogados de algunos de los 132 saharauis detenidos en la tristemente célebre Cárcel Negra de El Aaiún, quienes le hablaron de como habían sido violados con botellas, les habían orinado encima y golpeado en las heridas, mientras que en los hospitales los pacientes saharauis permanecían encadenados a sus camas, razón por la que muchos heridos prefirieron ocultase en sus casas antes que ser atendidos en ellos.

Cuando se disponía a entrevistar a ocho saharauis heridos de bala por las fuerzas marroquíes ,recibió la orden de las autoridades, que por fin la habían localizado, para que abandonase el país. Ante su negativa , la presión aumentó y tuvo que acudir en su ayuda el único representante de España en el Sáhara, Mariano Collado, quién la dio refugio en su casa hasta que la pidió por favor que se marchase porque, literalmente, “me lo han dicho claro,me lo han dicho que te van a matar. Hay sicarios en la calle“.

Cuando escribí aquellos artículos, ya decía que España tenía una deuda moral con el pueblo saharaui, a quién dejamos abandonados después de la firma del Tratado de Madrid,en el que compartíamos la  administración de su territorio conjuntamente con Marruecos y Mauritania de forma provisional hasta que se pudiera organizar el referendum por el cual los saharauis decidieran su destino. Mauritania abandonó esta administración, pero España nunca lo hizo, por lo que, aunque ahora lo nieguen, tenemos una responsabilidad no sólo moral sino también legal.
Pero además de algo a lo que nunca debe denunciar una nación democrática, la defensa de la libertad, el respeto a los derechos humanos y la oposición a toda opresión del fuerte hacia el débil, España tenía otro motivo muy importante para haber mostrado una postura firme ante Marruecos, nuestras ciudades de Ceuta y Melilla. Dije entonces que si mostrábamos debilidad Marruecos no tardaría en dirigir su mirada hacia ellas, como al final ha ocurrido.
Ayer , el Congreso de los Diputados votó, casi un mes después de los acontecimientos del campamento saharaui, una condena contra “los incidentes violentos” sucedidos en El Aaíún por iniciativa de Izquierda Unida, pero suavizada hasta el punto de que ni siquiera nombran a Marruecos ni hacen mención de torturas, palizas ni detenciones ilegales. Un grupo de activistas saharauis expresaron su indignación con gritos a favor de la libertad del Sáhara y el resultado fue su arresto y retención en comisaría durante más de seis horas. La verdad, es que pensaba que el Parlamento estaba abierto a todos los ciudadanos para que nos pudiéramos expresar libremente, pero ya veo que también es otra ingenuidad mía.

Momento en que el actor Guillermo Toledo es desalojado del Parlamento junto a otros cinco activistas saharauis
Y ahora la debilidad de España tiene su castigo. Nunca fue una buena política mostrarse débil, como la historia nos ha enseñado tantas veces. Antes de la II Guerra Mundial, el primer ministro británico, Neville Chamberlain, se hizo célebre por una política que fue llamada  “apaciguamiento”, que trataba de contemporizar con la política expansionista de Adolf Hitler, y para ello cedían a todas sus exigencias. El resultado lo conocemos bien, Reino Unido y Francia no dijeron nada ante las anexiones de los Sudetes checos y Austria, con lo que el atrevimiento de Hitler fue en aumento hasta que, con la invasión de Polonia, ya no pudieron mirar hacia otro lado y no tuvieron más remedio que declarar la guerra a Alemania. Quizás,si desde un primer momento hubieran parado los pies al dirigente alemán, no habría habido guerra.
Pero como escribió Aldous Huxley, “Quizá la mayor lección de la Historia es que nadie aprendió las lecciones de la Historia” y estamos cometiendo el mismo error. Hemos callado por miedo a las represalias que pudiera tomar Marruecos, en nombre de los intereses que nos unen a ellos, como la lucha contra el fundamentalismo islámico o la inmigración ilegal, pero si vendemos nuestros principios por miedo , si miramos a otro lado porque nos puede perjudicar defender lo que sabemos que es justo defender, si no tenemos el valor de asumir nuestras responsabilidades con el pueblo saharaui, sólo estaremos enviando un mensaje de cobardía y debilidad a Marruecos. El resultado ya lo tenemos,  mañana sábado el Partido Socialista Marroquí ha convocado una marcha simbólica para reivindicar Ceuta y Melilla. ¿De qué ha servido nuestra cobardía, de qué ha servido la bajada de pantalones ante quién no respeta la libertad, tortura y , encima, se burla en nuestra cara amenazándonos con represalias?
Aún podemos rectificar e ignorar las declaraciones de Marruecos . Si quieren revisar su relación con nosotros, que lo hagan, pero nosotros debemos condenar ante la ONU las acciones de Marruecos, exigir una investigación internacional ,que se permita la entrada libre de periodistas en su territorio con absoluta libertad informativa y permitan la entrada de observadores independientes en la Cárcel Negra y reconocimientos médicos a todos los detenidos. Si, como dicen, no tienen nada que ocultar ¿por qué tienen miedo a los periodistas?

Mohamed VI y Juan Carlos I. Amistades peligrosas

Sólo hay una cosa peor en estos momentos que la crisis económica, y es la profunda crisis moral en la que estamos sumidos. No me refiero a la moral religiosa, eso es algo personal de cada uno de nosotros, sino de la moral colectiva. Somos una nación profundamente desmoralizada, que ha dejado de creer en si misma, que se desgarra en luchas internas, con partidos políticos que en lugar de generar entusiasmo generan desprecio, y esta es la ocasión de demostrar que España aún tiene una voz propia y es capaz de defender una causa justa contra la opresión , la mentira y la violencia ejercida por un país que ignora lo que es la democracia , como es el caso de nuestros vecinos marroquíes.

Me temo que eso no va a suceder porque tenemos miedo, y como decía el escritor japonés Yoritomo Tashi. “El temor es siempre la confesión de una debilidad que desaconseja la lucha y no quiere ni ver al adversario”.  Espero que no tengamos que arrepentirnos por no actuar como exige la defensa de valores a los que nunca se puede renunciar. Si no defendemos la libertad ni los derechos de los débiles estamos expuestos a que en el futuro , cuando tengamos que enfrentarnos a nuevas reclamaciones de Marruecos que afectaran a nuestra soberanía nacional, nadie saldrá en nuestra defensa. Y nos lo habremos merecido.

Parta terminar, sólo una última reflexión. De todos es conocida la buena relación  entre el rey Juan Carlos I y el rey de Marruecos Mohamed VI, un monarca corrupto y absolutista, dueño de 30 palacios y quién posee el 60% de las acciones de la Bolsa de Marruecos, entre otras muchas posesiones obtenidas a costa de la libertad del pueblo de Marruecos.. Ya se que nadie quiere poner al monarca en un compromiso, pero  si en estas situaciones tampoco nuestro monarca  juega ningún papel habría que empezar a preguntarse que papel es el que representa en el Estado.

   
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