EL RELOJ DE LA PUERTA DEL SOL Y LA TRADICIÓN DE LAS DOCE UVAS

Dentro de poco más de una semana miles de madrileños y personas venidas de toda España y de otras naciones se reunirán en la Puerta del Sol para despedir el año al ritmo marcado por el reloj del Edificio de Gobernación que preside esta emblemática plaza de Madrid. Millones de espectadores de todo el país seguirán la transmisión por televisión, mientras comen las reglamentarias doce uvas , en ocasiones liándose con los cuartos y las medias a pesar de las explicaciones de los presentadores, pero lo que es seguro es que al final habrá una explosión de jubilo y nos abrazaremos unos a otros deseando que el nuevo año sea mejor que el pasado y haciendo promesas para los siguientes doce meses. Hoy hablaremos, entre otras historias de Madrid, de la historia de ese reloj que durante unos minutos se convierte en el centro de atención de toda la nación.
Hoy en día todos tenemos un reloj o un teléfono móvil donde mirar la hora, pero en los siglos XVIII y XIX los relojes eran privilegio sólo de unos pocos, mientras que la gente del pueblo dependía de los relojes públicos instalados en ayuntamientos o las horas marcadas por el tañido de las campanas de algunas iglesias. En la Puerta del Sol existía uno de esos relojes en la fachada de la Iglesia del Buen Suceso , situada donde hoy se encuentra el edificio con el gran anuncio de TIO PEPE en su parte más alta. De él se servían muchos madrileños para saber si llegaban a tiempo a una cita o a tomar la diligencia que les llevase a otra ciudad y sabemos que ya en 1773 se hallaba en funcionamiento.
Por desgracia, el reloj de la Iglesia de Buen Suceso era célebre por su inexactitud, lo que generaba muchas protestas, pero durante la primera mitad del siglo XIX se mantuvo como única referencia horaria de la céntrica plaza, hasta que ya en 1848 la presión popular que llegaba a escribir cartas de protesta a los periódicos hizo que se desmontase para instalar un nuevo mecanismo con el fin de  mejorar su funcionamiento y , además, se instalaron unas luces de gas en su interior que permitieran una mejor visión del mismo por las noches. Sin embargo, el nuevo mecanismo seguía sin funcionar, y en cuanto a las luces de gas apenas mejoraban su visibilidad.
Archivo:1854-buen-suceso.jpg
Vista de la Puerta del Sol con la Iglesia del Buen Suceso y su reloj justo antes de ser demolida en 1854 
En 1854 la Iglesia de Buen Suceso, que había sido terminada en 1611,  es demolida, y aunque en un principio se pensó en conservar su reloj para instalarlo en la fachada del Edificio de Gobernación, se decidió que sería mejor hacer uno nuevo, trabajo que se encargó al relojero Tomás de Miguel. Durante unos días hubo cierta confusión sobre si el reloj que se instalaría en Gobernación sería el mismo de Buen Suceso u otro nuevo, pero al final se puso este nuevo modelo que disponía de tres esferas y era más complejo que su predecesor, pero no cumplió las expectativas que había levantado porque muy pronto se pudo comprobar que seguía siendo tan inexacto como su antiguo camarada.
En un artículo de prensa de la época se nos dice: ” Si el nuevo reloj de la Puerta del Sol continúa la marcha que en él se observa algunas veces, es seguro que a nadie dejará descontento, pues siendo enteramente distintas las horas que señalan las tres esferas, cada uno puede escoger a su gusto aquella que más le guste”
Incluso llega a componerse alguna canción sobre su mal funcionamiento:
Ese reló tan fatal
que hay en la Puerta del Sol
– dijo un turco a un español-
¿por qué funciona tan mal?
Y el turco con desparpajo
contestó cual perro viejo:
“este reló es el espejo
del Gobierno que hay debajo”
En este momento también se procede a la remodelación de la Puerta del Sol , derribando todos los edificios que se hallaban frente al Edificio de Gobernación , y se aprovecha para construir una torre que actualmente alberga el reloj, y se le añade una gran bola, llamada “la bola eléctrica”, que debería de caer en el momento de tocar la duodécima campanada que da paso al nuevo año.
En 1863 estaba de paso por Madrid un famoso relojero llamado José Rodríguez Conejero, que era el relojero oficial de la Familia Real española y también de la Marina Real, aunque él tenia establecida su empresa en Londres. El relojero se hallaba alojado en el hotel París, que ocupaba parte del edificio que antiguamente ocupaba la Iglesia del Buen Suceso,  y desde la ventana de su habitación podía observar el mal funcionamiento del reloj de la Puerta del Sol . José Rodríguez Conejero se ofreció no solo a construir un nuevo reloj sino que además se comprometió a donarlo al pueblo de Madrid.
Durante tres años se estuvo trabajando en el nuevo reloj en Londres y , por fin, el 19 de noviembre de 1866 se instala en la torre del Edificio de Gobernación el nuevo reloj contando con la presencia de la reina Isabel II . El reloj funciona a la perfección y así ha seguido hasta nuestros días, salvando algunos accidentes como cuando en 1928 se desprendió uno de los pesos que atravesó el techo de las oficinas de uno de los empleados del edificio y durante la Guerra Civil un proyectil dañó una de las esferas. En cuanto a José Rodríguez Conejero, nacido en 1797 en la localidad leonesa de la Iruela, moriría sólo cuatro años después de terminar el nuevo reloj, en 1870.
La celebración del nuevo año siguiendo las campanadas del reloj de la Puerta del Sol, cuya historia ahora ya conocemos, va unida a otra tradición ya inseparable a ella que es el rito de las doce uvas, uvas que se comen al ritmo de cada campanada. El origen de esta tradición es algo confuso, pero la explicación  más extendida es aquella que afirma que en el otoño de 1909 hubo una gran cosecha de uva, y se decidió repartir parte de este excedente entre las personas congregadas en la Puerta del Sol para celebrar el fin de año. Parece ser que algunos de los que estaban allí decidierón ir comiéndolas con cada campanada y fueron imitados por los demás que allí se hallaban , y a partir de entonces se convirtió en una costumbre que hoy es una tradición arraigada en nuestra cultura.



La Puerta del Sol en Nochevieja  

 Sin embargo, en algunos periódicos de 1897 podemos leer que “Es costumbre madrileña comer doce uvas al dar las doce horas en el reloj que separa el año saliente del entrante”. Poco a poco esta costumbre se iría popularizando en otros lugares de España, y en 1903 se halla documentada en Tenerife y ya en 1907 en casi toda España. El excedente de uva de 1909 y su reparto en la Puerta del Sol sería el impulso definitivo a esta tradición.

Ahora que ya conocemos un poco mejor el origen de esta tradición y también la historia del reloj que abre la puerta al nuevo año, sólo me queda desear, desde la página del Mentidero, muy Feliz Año Nuevo a todas las personas que me leen tanto en España como en otras naciones , y desear que el nuevo año traiga el fin de esta crisis que tanto daño ha causado. No perdamos nunca la esperanza en el futuro, porque como afirmaba el filósofo griego Tales de Mileto “la esperanza es el único bien común a todos los hombres. Los que todo lo han perdido la poseen aún.” 
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