NO SEAMOS HOMBRES MASA : LUCHEMOS POR LO IMPOSIBLE

En 1930 ve la luz la que es , quizás , la obra más importante del filósofo español José Ortega y Gasset, titulada “La rebelión de las masas”. En esta obra, hoy demasiado olvidada como muchas otras obras de brillantes pensadores que sufren en silencio su marginación porque todo aquello que nos hace pensar es peligroso en una época donde la mediocridad gobierna a la sociedad, Ortega y Gasset diferencia la sociedad en dos grandes grupos, el hombre masa y el hombre minoría.
Ortega define al hombre masa con estas palabras “Delante de una sola persona podemos saber si es masa o no. Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo- en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo”, y, sin embargo, no se angustia, se siente a salvo al saberse idéntico a los demás”  El hombre masa sería aquel que aparece en los momentos de mayor prosperidad, de estabilidad política y financiera , donde el mundo que le rodea no le pone ningún limite a sus apetitos, más bien los estimula para que no se sienta nunca saciado.
José Ortega y Gasset,uno de los grandes pensadores del siglo XX , que hace ya ochenta años hizo una descripción de la sociedad en “La Rebelión de las masas” que tristemente sigue siendo vigente hoy en día.
Este hombre masa piensa que la vida es fácil y posee una falsa sensación de dominio sobre su propio destino, piensa que ha alcanzado  un suficiente desarrollo moral e intelectual lo que le hace cerrarse a escuchar a otros pues no cree que nadie le pueda enseñar más de lo que sabe y valora su propia opinión sobre cualquier tema igual que la de un especialista.  Según Ortega, el hombre masa se sabe vulgar, pero en lugar de tratar de acercarse a los que saben más, a aquellos intelectualmente superiores , proclama el derecho a la vulgaridad y niega el reconocimiento de cualquier instancia superior.
El hombre masa de Ortega ha perdido la curiosidad por aprender, no tiene interés en saber más. Carece de proyectos y, aunque no es consciente de ello, en realidad su vida va a la deriva porque no se plantea objetivos , sólo le preocupa su propio bienestar. Sería algo muy parecido a un niño mimado al que sus padres le han dado todo , una existencia fácil y acomodada, unos derechos por los que no ha tenido que luchar, una sociedad de la que se aprovecha pero a la que no ha contribuido en forma alguna y, aunque tiene capacidad para hacer muchas cosas no construye nada, porque ni siquiera lo intenta.  
Hacía tiempo que no releía este libro pero al hojearlo ahora descubro que está hablando de nosotros, de la sociedad que nos rodea. Nos hemos convertido en hombres masa, sin más aspiración que conservar el bienestar que hemos heredado de nuestros padres pero que ni siquiera sabemos defender. En los últimos años todos los derechos conquistados durante un siglo de luchas, nos han sido gradualmente arrebatados sin apenas oponer resistencia, y nos anuncian nuevos ajustes que degradarán más nuestra situación y ,en lugar de salir a la calle a mostrar nuestro rechazo, no acertamos más que a protestar sin levantar la voz y agachar la cabeza con resignación ante lo inevitable.
Es sorprendente y dramático que un diagnóstico que Ortega realizó para la sociedad de principios de los años 30 siga teniendo validez en nuestros días. ¿Tan poco hemos aprendido en este tiempo?¿Nada nos han enseñado las luchas sindicales, las sufragistas, las revoluciones estudiantiles, los movimientos políticos contra los fascismos y el comunismo del siglo XX? Cuando miro a mi alrededor , pienso que no sólo no hemos aprendido nada, sino que hemos olvidado casi todo lo que sabíamos
      
Termina Ortega diciéndonos que “la vida humana, por su naturaleza propia, tiene que estar puesta a algo, a una empresa gloriosa o humilde, a un destino ilustre o trivial.”  Cada uno de nosotros no somos el centro del mundo y la sociedad y los bienes de este planeta no están puestos ahí para que disfrutemos de ellos sin más. Tenemos una responsabilidad como seres humanos con los demás y con nosotros mismos . No tenemos derecho a la resignación ni al conformismo, porque estaríamos traicionando a todos los que estuvieron aquí antes que nosotros, a los que en su momento dieron la cara y se arriesgaron para darnos un mundo mejor y más justo.



El hombre masa se sabe vulgar pero reivindica su vulgaridad como si fuera un derecho, y aún  cree ser diferente  a la masa en esa  vulgaridad, como vemos en la viñeta,o aunque en realidad no es más que un miembro más de una masa indiferente y dormida



Son tantas las noticias que recibimos cada día sobre las continuas injusticias que nos avocan hacia un mundo menos libre, más pobre , donde las diferencias sociales se acrecientan y los derechos menguan, donde las sociedades occidentales se encierran en sus islas de bienestar pensando que pueden mantenerse al margen de lo que sucede a su alrededor y que los derechos que hoy disfrutamos no necesitan defensa , que están ahí eternamente, que convertimos las palabras de Ortega en una realidad. Vivimos al margen de grandes ideales, de grandes esperanzas , de todo aquello que hace grande la vida y digna de ser vivida.
Yo no quiero ser un hombre masa, no quiero llegar al final de mis días y darme cuenta que he dejado pasar la existencia pensando sólo en mí, en mi bienestar, que no he hecho nada por hacer de este mundo un lugar mejor para las futuras generaciones. Escribía Concepción Arenal que “La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos”. Ese es el gran reto de mi vida, y creo que debería ser el de todos nosotros, respetarnos a nosotros mismos para que nunca tengamos que despreciarnos por aquello que no fuimos o no nos atrevimos a ser. Las quejas por lo que sucede, por la situación social, por la crisis, por la pobreza, por las injusticias que nos rodean no tienen sentido alguno si no somos los primeros en combatirlas.
No todos podemos combatir de la misma forma, no todos tienen las mismas fuerzas y el mismo coraje, pero yo lo veo como el amor, lo importante es amar no importa de que forma, ni como, ama y ya está. Pues esto es igual, no hace falta que salgas a la calle si no puedes, pero a tu alrededor puedes hacer muchas cosas para cambiar la realidad, para mejorar el mundo de los que viven contigo , para unirte a otros movimientos que quieren enfrentarse a los grandes poderes, esos poderes que nos llaman al silencio y a aceptar sin protestas el mundo que nos quieren construir.
Una imagen de los recientes disturbios en Argelia por el empeoramiento de las condiciones de vida . El silencio de todos nosotros ante el continuo deterioro de los derechos, no sólo nuestros sino de todo el mundo, lo pagaremos con la rebelión. No se puede guardar silencio ante los abusos de los estados y de los mercados
Tenemos que aprender a ver las cosas de una forma diferente, siguiendo a Antoine de Saint Exupery “no se ve bien sino es con el corazón, porque lo esencial es invisible a los ojos”. Aunque pensemos lo contrario, es el miedo el que nos hace más débiles, el no querer arriesgar para no perder algo nos lleva a perderlo todo y el renunciar a defender lo que es justo, los derechos de los demás, nos lleva a perder nuestros propios derechos. Eso es lo que hacen los poderes que gobiernan este mundo, dividirnos, hacernos creer que son ellos los que actúan por nuestro propio bien, que somos niños que necesitan de su protección y nosotros nos comportamos como si esa fuera la verdad.
Según lo veo, podemos dejar que la vida se deslice junto a nosotros sin hacer nada, tratar de conservar lo poco que tenemos para que no nos lo arrebaten y esperar a que la muerte llegue para que el tiempo borre el paso de nuestra vida por el mundo sin dejar huella alguna, o podemos levantarnos y decidir que , aunque podamos ser derrotados, vamos a disponernos a dar batalla, que no nos da igual lo que suceda con el mundo y que si abandonamos nuestro papel del hombre masa de Ortega, tendremos la fuerza necesaria para cambiar el mundo.

Menos mal que no todo es silencio ante el abuso de los mercados y de los poderes gubernamentales sobre la sociedad. En Francia, un hombre de 93 años llamado Stéphane Hessel, ha escrito un libro titulado “Indignaos” , que ha batido records de ventas y donde llama a  “una insurrección pacífica contra el consumo masivo, el desprecio de los más débiles y la competencia de todos contra todos”. Ojalá su voz no quede sola clamando en el desierto y muchas otras voces le acompañen en su indignación. A sus 93 años es un ejemplo de que todos podemos enfrentarnos a la injusticia

Creo que merece la pena intentarlo con todas nuestras fuerzas y , como decía Miguel de Cervantes“podrán quitarme  los encantadores la felicidad, pero el esfuerzo y el ánimo, eso nunca”  Y el sabía bien lo que decía, porque tuvo una vida llena de penalidades donde apenas conoció algún momento de felicidad, pero nunca perdió la alegría de vivir, sus ganas de obrar con honradez y de luchar por causas justas. Nos lo debemos a nosotros mismos y se lo debemos a todos los que sufren en el mundo, luchemos por lo imposible.
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