LOS VAMPIROS : MITO Y REALIDAD

“Creen que van a destruirme… con sus rostros pálidos, como las ovejas en el matadero. ¡Ahora van a sentirlo, todos ustedes! Creen haberme dejado sin un lugar en el que poder reposar, pero tengo otros. ¡Mi venganza va a comenzar ahora! Ando por la tierra desde hace siglos y el tiempo me favorece. Las mujeres que todos ustedes aman son mías ya, y por medio de ellas, ustedes y muchos otros me pertenecerán también… Serán mis criaturas, para hacer lo que yo les ordene y para ser mis chacales cuando desee alimentarme. ¡Bah!”

Este es un fragmento de  la novela que ha convertido en inmortal el mito de los vampiros. En 1897 el escritor irlandés Bram Stoker publicó su novela más famosa ,”Drácula” , basada lejanamente en el personaje real de Vlad Draculea, que significa Vlad el hijo del Dragón, o también conocido como Vlad Tepes, el Empalador, sobrenombre que recibió por la costumbre que tenía de empalar a sus víctimas en el campo de batalla durante su guerra contra los turcos. Vlad Draculea era el voivoda o gobernador de Valaquia. Sobre este hombre cruel, que pudo haber causado la muerte de entre 40.000 y 100.000 personas con la técnica del empalamiento, un delegado papal en la corte húngara nos dejó esta descripción :

“No era muy alto, pero sí corpulento y musculoso. Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto. Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos grises y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. Llevaba bigote, y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre unas anchas espaldas una ensortijada melena negra.”

Vlad Draculea o Vlad Tepes(1431-1476) podría haber inspirado a Bram Stoker su personaje de Drácula aunque no es seguro. Lo que si sabemos es que usaba una técnica de tortura y ejecución llamada empalamiento en la que se introducía un palo de 3,5 m por el abdomen y se dejaba colgado a la víctima hasta que se iba deslizando poco a  poco por él. Se calcula que así murieron entre 40.000 y 100.000 personas
 Pero la imagen que tenemos en nuestras retinas de Drácula en nada tiene que ver con la del persona histórico en que se inspiró Stoker, sino en ese otro ser sediento de sangre, de tez blanca, modales caballerosos, de encanto hipnótico y cuerpo inmortal . A este ser tenebroso pero a la vez fascinante, le conocemos con el nombre de vampiro.

Vampiro, esta palabra usada en castellano desde el siglo XVIII, procede del término inglés y francés “vampire” que a su vez son unas derivaciones de la palabra eslava y germana “vampir”, del polaco “wampir” y , buceando aún más en el pasado, en el término eslavo “oper” e incluso podríamos remontarnos mucho más en el tiempo hasta llegar a las antiguas lenguas indoeuropeas de Mesopotamia. Vampiro significa  “ser volador”, “lobo” y “beber” o “chupar”.


Pero no sólo se conoce a este ser con el nombre de vampiro, encontramos muchas denominaciones correspondientes a diversos mitos y leyendas extendidas por diferentes regiones del mudo.Así ,encontramos seres como el brucolaco, un vampiro de la zona de Tesalia y el Epiro que era capaz de inmovilizar a sus víctimas con la mirada  y que sólo podían ser muertos durante el mediodía quemándolo o atravesándolo con una rama de fresno.  El Vurdalak, un ser que en Bulgaría creían que volvía de la muerte para acabar con su familia. El Nosferatu, en griego literalmente el “portador de enfermedades”, pues transmitía enfermedades a través de su mordisco. El upior polaco, el upir ruso, el vrolok eslovaco son diferentes formas de un mito común, el no muerto que vive gracias a la sangre , símbolo de la vida   
Su mito se remonta a civilizaciones muy antiguas como Egipto, Sumer y Mesopotamia. En esta última , hace más de cuatro mil años, se hablaba de los Utukku, seres culpables de propagar pestes y otras enfermedades a través de los mordiscos y en Egipto, la hija de Ra, Sejmet, se alimentaba de la sangre de los sacrificios que los egipcios realizaban para aplacar su ira  . En los países árabes de habla de los guls, personas que se convertían en una especie de demonios después de sufrir una muerte violenta, mientras que entre el pueblo judío tiene como uno de sus mitos a Lilith, la que habría sido la primera mujer de Adán y que se alimentaba de la sangre de niños no circuncidados y estaría en el origen de muchos personajes del vampirismo femenino. Lilith habría abandonado a Adán para irse a vivir con el diablo Asmodeo y se convirtió en un súcubo , engendrando hijos con el semen de los varones que derramaban mientras dormían y ella se introducía en sus sueños.

Lilith, la primera mujer de Adán según la tradición judia, que luego le abandonó y se dedicó a prácticas mágicas, transformándose en un demonio femenino o súcubo que perturba el sueño de los hombres para robarles el semen con el que engendrar nuevos seres monstruosos
Pero este mito también lo hallamos en culturas mucho más alejadas, como en la India, donde los vetala se hallan en los lugares destinados a la cremación, en las mitologías budista y jainista, con los preta, espíritus condenados a sufrir un hambre eterna de sangre, en América lo encontramos en la cultura azteca, donde creían en los Cihuateteo, espíritus de las mujeres que habían muerto durante el parto y que atacaban a los viajeros por la noche  y provocaban pestes, y entre tribus amazónicas de Perú y Ecuador se habla de los Jencham con el que se referían a los murciélagos que vivían en las cavernas y atacaban en ocasiones a animales de gran tamaño e incluso a seres humanos.

En la Roma imperial se creían en los “larvae”, aquellos que habían cometido un crimen que no habían purgado en vida y que vagaban por el mundo absorviendo la energía vital de los vivos, y en Grecia existe la leyenda de la Lamia, una de las amantes de Zeus que, al ser descubierta su infidelidad por Hera fue castigada convirtiéndola en un monstruo que mataba a niños para devorarlos y alimentarse de su sangre. Incluso en la Francia merovingia, en los siglos VI y VII se llegó a dictar leyes que castigaban el vampirismo , como una en la que leemos “la mujer vampiro que devore a un hombre, comprobándose su culpabilidad , deberá pagar una multa de 8000 deniers”.
También en España tenemos nuestra propia variedad del mito , como las guaxas asturianas, una anciana de aspecto desagradable y con un sólo diente que se metía en las habitaciones de los niños pequeños y les chupaba la sangre hasta matarlos , en Galicia las meigas chuchonas también chupaban la sangre de los niños y además les extraían los untos(grasas) para hacer pomadas con ellos ,  y en Cantabria encontramos las Guajonas , representada como una anciana cubierta con un manto negro que la cubre de la cabeza a los pies , con una cara arrugada y cubierta de verrugas, que permanece oculta durante el día y sale por las noches para beber la sangre de niños y jóvenes aunque , a diferencia de los otros seres vampíricios, no causa su muerte.
Hasta aquí la leyenda, pero detrás de toda leyenda es preciso buscar su fondo de realidad, en particular cuando este mito es común a tantas culturas, como ya hemos visto. Primero, quiero señalar la existencia de una serie de personajes históricos a los que podríamos definir como los “vampiros reales” donde destacan en particular dos grandes monstruos, el barón Gilles de Rais(1404-1440) llamado “Barbazul” , que había sido uno de los grandes adalides de Juana de Arco pero que posteriormente se dedicó a prácticas de magia negra y fue hallado culpable del asesinato de más de 200 niños, y la condesa Erzsébet Báthory(1560-1614), también conocida como la “Condesa Sangrienta”, célebre por sus baños de sangre para conservar la juventud , siendo la responsable de torturar y asesinar en las mazmorras de su castillo a 612 jóvenes campesinas e incluso algunas de ellas pertenecientes a la nobleza. Erzsébet Báthory ostenta el triste galardón de ser la mayor asesina en serie según el libro de Records Guiness. De ambas figuras espero poder escribir en breve artículos para analizar hasta donde puede llegar el alma enferma del ser humano.

Retrato de Erzsébet Báthory, llamada también la condesa sangrienta, responsable al menos de la muerte de 612 jóvenes a las que mataba por placer en un primer momento y , ya al alcanzar la madurez, para darse baños en su sangre con el fin de rejuvenecerse
Pero además de estos monstruos de existencia real aunque casi parezcan más terribles que los personajes de ficción, también podemos encontrar un origen al mito del vampiro en ciertas enfermedades que en su momento eran desconocidas y no se encontraba explicación para las mismas. Quizás una de ellas es un estado conocido como Catalepsia, que provoca una paralización de todos los músculos del cuerpo dando la impresión de hallarse muerto y sin signos vitales cuando en realidad está consciente. La catalepsia provocó muchos enterramientos de personas vivas que , al ser exhumados sus cuerpos, aparecían con las tapas de los ataúdes arañados, manos crispadas y gestos de terror, lo que alimentó la leyenda de los vampiros. Hasta tal punto llego el miedo a ser enterrados vivos que en el siglo XIX se creó en Inglaterra la  “Sociedad para la prevención del enterramiento prematuro”. 

Pero hay dos enfermedades, que por sus síntomas, han alimentado la creencia en el vampirismo, la pelagra y la porfiria.La pelagra es una enfermedad producida por la falta de la vitamina B3 y una dieta pobre en proteínas, haciéndose aún más grave en aquellos casos en los que la alimentación se basaba en el maíz , lo que era muy frecuente en gran parte de la Edad Media. El tratamiento actual para la pelagra se basa en la ingesta de leche, carne o pescado y vegetales frescos, pero estos alimentos estaban fuera del alcance de la población campesina de la antigüedad. Su síntoma más llamativo es que la piel se hace fotosensible, es decir, que reacciona al contacto con la luz  provocando una dermatitis muy similar a una quemadura, en particular en el rostro, las manos, los brazos y la piel . Además el afectado de pelagra también manifiesta dolor en la boca y un enrojecimiento de la lengua. y afectaba al sistema nervioso, provocando una encefalopatía que derivaba en alucinaciones, delirios y una tendencia al suicidio del afectado

Rostro de un afectado de porfiria, donde se advierten los labios descarnados, las heridas en la piel , los ojos enrojecidos, todos ellos síntomas que antiguamente se confundían con el vampirismo

En cuanto a la porfiria es llamada precisamente como “enfermedad de los vampiros” y se produce por una alteración genética que provoca una acumulación excesiva de una sustancia llamada porfirina, precursora de la hemoglobina que da su color rojo a la sangre,  en los tejidos del cuerpo causante de una serie de complicaciones que coinciden con las características que tradicionalmente se han atribuido a los vampiros.

 Así, un enfermo de porfiria padecerá de fotosensibilidad, y en contacto con el sol su piel se agrietará e incluso llegará a sangrar, se le formarán ampollas y úlceras que no cicatrizan y, en muchos casos, también se desarrolla hirsutismo, es decir, un crecimiento anormal  de vello en zonas inusuales como la frente o las palmas de las manos.  En ocasiones las heridas del rostro llegan a dejar al afectado sin labios , dejando al descubierto la dentadura, que al no estar cubiertas por la carne de los labios aparenta ser mucho más grande de lo normal y dientes y ojos aparecen enrojecidos debido a la acumulación de la porfirina. También causa anemia, lo que a su vez da al rostro un aspecto pálido y macilento, y hay que tener en cuenta que en aquella época los médicos trataban en ocasiones la anemia dando a beber la sangre de animales.

Quizás uno de los síntomas más sorprendentes es la intolerancia al ajo , pues al afectado de porfirio le crea un gran malestar su consumo , quizás porque produciría un bloqueo de la coagulación de la sangre destruyendo las porfirinas. Curiosamente, el afectado de porfiria, al contrario que el de pelagra, no manifiesta ansiedad ni signos de malestar psíquico e incluso puede experimentar una sensación de bienestar . Si hacemos un resumen de los síntomas, fotosensibilidad, llagas y úlceras en el rostro en contacto con la luz del sol, enrojecimiento de ojos y dientes, palidez del rostro, labios descarnados que muestran dentaduras de mayor tamaño, la intolerancia al ajo , todos ellos coinciden con la imagen tradicional del vampiro  y explicaría en gran parte el auge de esta leyenda durante  la Edad Media europea y también en otros continentes.

Pero como decía Karl Gustav Jung  ” En ciencia hay que estar siempre atentos al hecho de que existen velos humanos que ocultan la oscuridad abismal de lo desconocido” y quien sabe si buceando en el mito encontrásemos esos abismos oscuros donde habitan las pesadillas más tenebrosas de la que es capaz la mente humana. A esas pesadillas, a esos seres reales aunque monstruosos, dedicaré un próximo artículo del Mentidero. Hasta entonces, cerrad bien esta noche vuestras ventanas y no la abráis por nada,porque ,como sabéis, un vampiro nunca entrará en vuestro cuarto sino lo invitáis.   

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