HISTORIAS DE LA MEDICINA: SEMMELWEIS , EL SALVADOR DE LAS MADRES

Hoy nos parece normal la higiene en los hospitales, las medidas de asepsia y esterilización del material quirurgico pero no siempre fue así, es más , solo ha sido así desde hace menos de 150 años, pues hasta entonces los hospitales olían a pus , a podredumbre, a carne corrompida .Los hospitales eran más parecidos a mataderos que a un lugar donde se sanaba a la gente , los pacientes morían en sus camas víctimas de las infecciones y esto era aceptado como algo inevitable  contra lo que no se podía luchar y nadie pensó en la forma de combatirlo, nadie hasta que un joven húngaro  comenzó a trabajar como ayudante de la primera clínica de obstetricia de Viena, el Hospital General. Se llamaba Ignaz Philipp Semmelweis y aún no sabía que su vida iba a estar marcada fatídicamente por la incomprensión y la sordera de los mediocres que se negaron a escuchar su voz y con ello condenaron a miles de personas a una muerte absurda e innecesaria.

Semmelweis había nacido en Budapest en 1818, que entonces se hallaba dentro del territorio perteneciente al Imperio Austro-Hungaro, en un barrio de mayoría alemana. Con 19 años, viaja a Viena para estudiar Derecho en su Universidad pero su vida cambia cuando asiste a una autopsia y decide abandonar Derecho por la carrera de Medicina en la que había descubierto su verdadera vocación. Estudia con algunos de los médicos más importantes de su época como Joseph Skoda(1805-1881), partidario de una corriente médica conocida como nihilismo terapéutico que consistía en dejar la recuperación de los pacientes a su propia naturaleza, sin intervenir más que con dietas y destacando sobre todo por lo certero de sus diagnósticos, Carl von Rokitansky (1804-1878), que creó un método de autopsia conocido como “Técnica de Rokitansky” todavía utilizado en nuestros días y de las que el llegó a realizar o supervisar más de 70.000 a lo largo de su vida,  y Ferdinand Ritter von Hebra(1816-1880) uno de los más destacados dermatólogos de su tiempo. Estos tres hombres estaban detrás de la fundación de la Escuela Moderna de Medicina de Viena que impulsaría la renovación de la medicina de su tiempo.

Durante siglos las fiebres puerperales era el riesgo mortal al que se enfrentaban las mujeres , que morían poco después del parto aquejadas de fuertes fiebres, inflamaciones y supuración. Hasta el descubrimiento de la penicilina en el siglo XX  el único arma del que disponía la ciencia médica era la higiene, pero tampoco esto era contemplado hasta que Semmelweis inició su particular cruzada por la higiene en los hospitales, la desinfección del instrumental quirúrgico, la limpieza de la ropa y de las manos de los propios doctores y enfermeras. Semmelweis diría “El deber más alto de la medicina es salvar la vida humana amenazada, y es en la rama de la obstetricia donde este deber es más obvio.”  pero pudo comprobar a lo largo de su vida que este deber no era tan obvio para muchos (imagen procedente de http://cleanhandss.blogspot.com )  

Cuando en 1839  se inaugura la Escuela de Medicina de Budapest, Semmelweis decide regresar a su ciudad natal para terminar allí sus estudios pero descontento con el nivel de la enseñanza que recibía regresa a Viena donde obtiene el título de Medicina en 1844 y dos años después, en 1846, entra a trabajar como ayudante en la clínica de obstetricia del Hospital General de Viena , bajo la dirección del profesor Johann Klein(1788-1856), que veinte años antes había sustituido al prestigioso doctor Johann Boer (1751-1835) que había sido el principal especialista en obstetricia de su tiempo. Mientras Boer había estado al frente de la clínica de obstetricia del Hospital General de Viena, el índice de muertes entre las mujeres que habían dado a luz a causa de las llamadas fiebres puerperales había disminuido gracias a la aplicación de medidas de higiene tan básicas como lavarse las manos después de practicar una autopsia o de atender a otra enferma .  A finales del siglo XVIII se habían publicado los primeros estudios sobre la existencia de un agente contagioso al que denominaban “miasmas” y que podía provocar la muerte aunque se desconocía en que consistían estos agentes infecciosos

Sin embargo, estos estudios no eran tenidos en cuenta por la mayoría de los médicos de su tiempo y cuando Klein, al que Boer consideraba  “el menos capacitado entre los incapacitados”, le sustituye en su cargo elimina todas estas medidas de higiene que consideraba inútiles. Cuando Semmelweis se convierte en su ayudante  la sección de obstetricia del Hospital General de Viena estaba dividida en dos subsecciones, una que estaba destinada a las clases de obstetricia para los estudiantes de medicina, y otra donde las parturientas eran atendidas por las mujeres que se estaban formando como comadronas,  que eran las que se encargaban de cuidar la salud de las mujeres durante el embarazo y asistirlas en el parto . Las mujeres que acudían al Hospital a dar a luz eran en su mayoría de las clases sociales más bajas, cuando no indigentes, ya que las mujeres de buena familia y con mayores recursos económicos daban a luz en sus hogares. Sólo en su primer mes de trabajo Semmelweis observa como de las 208 mujeres que habían ingresado en la sección de obstetricia habían muerto 36 víctimas de las fiebres puerperales. Desde el 1% de fallecimientos con Boer se había pasado a casi el 29% en algunos meses.

XIX en Vizcaya. Los hospitales eran entonces poco más que lugares a los que iba a morir la gente. No sería hasta la década de los años cuarenta de ese siglo cuando empieza a emplearse la anestesia y aún se desconocía la asepsia, por lo que las infecciones hospitalarias mataban más pacientes que las propias enfermedades corrientes . El olor a pus y podredumbre inundaba las estancias .(imagen procedente de http://www.euskonews.com )

Las fiebres puerperales , que hoy es más conocida como sepsis puerperal, era y es un proceso infeccioso grave, que afecta a todo el organismo después de que la mujer haya dado a luz y en los 15 días posteriores al parto y es  causado por bacterias como la Escherichia Coli . Una vez que el feto es expulsado estas bacterias penetran en el organismo de la madre e infectan el endometrio, que es la mucosa que recubre el interior del útero. A continuación, las bacterias invaden todo el cuerpo a través del torrente sanguíneo, provocan fiebres altas, malestar general , taquicardias, caída de la tensión arterial y fallo renal además de inflamaciones y supuración de pus por todo el cuerpo , desde el hígado a los riñones o las meninges.A lo largo de la historia la mujer había pagado un caro tributo por dar a luz, un tributo de  muerte que  no distinguía entre nobles y campesinas, entre reinas y la más anónima indigente. Así, por ejemplo , el doctor Martín de Salinas narraba la muerte de la esposa del emperador Carlos V(1500-1558) y madre del futuro rey de España Felipe II (1527-1598), la emperatriz Isabel de Portugal(1503-1539), víctima como tantas otras mujeres de las fiebres puerperales.

“Por las cartas que el Doctor Matías llevó entendió Vuestra Majestad el parto de la Emperatriz y como parecía quedar buena cuando partió. Lo que después ha sucedido es que el viernes en la noche le vino una calentura(fiebre) recia que en toda la note la tuvo con gran congoja; y sin quitársela pasó el sábado y el domingo, empeorando de cada hora, de suerte que por estar flaca temía de su persona y no tenían seguro de su salud. Y el domingo por la tarde le vino la calentura más recia y congojas tan recias que entonces pensó que acabara , lo cual duró hasta el martes al medio día que le dejó la calentura con un sudor y aliviose con unas cámaras de sangre(flujos de sangre, hemorragias) que le vinieron, y así estuvo alegre martes y miércoles, tan flaca como Vuestra Majestad podrá pensar. Y como su virtud no bastara a resistir los accidentes tan recios, el miércoles después de pasada media noche comenzó a arreciar la calentura y Su Majestad a enflaquecer  de suerte que jueves a la mañana , primero de mayo, andaba ya al cabo; y haciendo sus cosas como verdadera cristiana , dio el ánima a Dios el dicho día jueves a primero de mayo después del medio día.”

Nada podían hacer los médicos de entonces ,cuando no se conocían los antibióticos , para salvar a estas mujeres del silencioso enemigo que había infectado su organismo pero si había algo que se podía hacer para evitar que esta infección llegara a su interior. Semmelweis se da pronto cuenta que el número de muertos en la sección de obstetricia, donde se da clase a los estudiantes de medicina, es muy superior a la sección de obstetricia donde son atendidas las mujeres por comadronas.Si en la primera hemos visto que en ocasiones llegaba hasta el 29% de muertes en algunos meses, aunque la media era del 10%, en la sección atendida por las comadronas apenas era de un 1%. Semmelweis deduce que si la fiebre puerperal se tratase de una epidemia el número de muertes tenía que ser similar en las dos secciones, pero no era así. Cuando le comunica  su inquietud a Klein este se limita a encogerse de hombros. Las mujeres habían muerto durante toda la historia de fiebre puerperal y así seguiría siendo. Podríamos definirlo como el fatalismo de los mediocres, que ante un problema prefieren eludirlo antes que enfrentarse a él.

Este es el esquema del proceso deductivo que utilizó Semmelweis para encontrar la causa que provocaba las muertes de las mujeres parturientas en su sección de obstetricia, muy superior al nivel de fallecimientos  en la sección de la que se encargaban las comadronas. Mientras que Semmelweis y sus estudiantes pasaban de la sala de autopsias del depósito de cadáveres a la sala de obstetricia sin lavarse, las comadronas, que tampoco usaban medidas de higiene, al menos no entraban en contacto con los cadáveres. Eso hizo pensar a Semmelweis que algo en estos cadáveres era transportado por los médicos en sus manos y luego con ellas infectaban a las mujeres. (imagen procedente de http://adrianamartinez1236.blogspot.com )    

Pero Semmelweis no era así. No sabemos si habría leído la obra del médico y poeta norteamericano Oliver Wendell Holmes (1809-1894) publica en 1843 con el título de “Sobre el contagio de la fiebre puerperal” donde hacía la siguiente recomendación  “un médico dedicado a atender partos debe abstenerse de participar en necropsias de mujeres fallecidas por fiebre puerperal, y si lo hiciera deberá lavarse cuidadosamente, cambiar toda su ropa, y esperar al menos 24 horas antes de atender un parto” . La verdad es que este consejo de Wendell había sido despreciado por las máximas autoridades médicas de su tiempo, pero Semmelweis era un hombre sensible y no podía sentarse indiferente viendo impotente como morían decenas de mujeres a su cargo sin conocer el motivo. Acompañaba a sus alumnos diariamente a la sala de autopsias para sus estudios y después, sin proceder a lavarse ni cambiarse la ropa, aún con el olor de los cadáveres en sus manos ,procedían luego a examinar a las mujeres que se hallaban en la sección de obstetricia, tanto a las que estaban preparándose para el parto como a las que ya habían dado a luz, sin saber que la muerte la llevaban en sus manos.

Con el deseo de averiguar que era lo que causaba la muerte de estas mujeres Semmelweis se esmeraba en estas exploraciones, las hacía más detenidamente, pero el resultado fue que en los siguientes meses se multiplicó el número de muertes en su sección, alcanzando una media del 12% mientras en la de las comadronas permanecía estable en el 0,9%. Semmelweis no entendía el motivo y se desesperaba . Escribía “Todo quedaba sin la menor explicación , todo era dudoso.Sólo el gran número de muertes era una realidad indudable, eso y la indiferencia de las enfermeras y el resto de médicos ante esta tragedia cotidiana” , lo que le sumía aún más en sus inquietudes , causándole una depresión.Por esta época escribe a uno de sus amigos,”No puedo dormir ya. El desesperante sonido de la campanilla que precede al sacerdote portador del viático, ha penetrado para siempre en la paz de mi alma. Todos los horrores, de los que diariamente soy impotente testigo, me hacen la vida imposible. No puedo permanecer en la situación actual, donde todo es oscuro, donde lo único categórico es el número de muertos”.

Semmelweis era un hombre sensible, que no pudo permanecer al margen mientras veía como a su alrededor morían las mujeres sin saber el motivo de su muerte. Pero la humanidad no era un rasgo característico en los hospitales de la época  y los esfuerzos de Semmelweis sólo tuvieron la respuesta de la incomprensión y el desprecio, que poco a poco fueron marginándolo y causándole un desequilibrio mental que se manifestaría en sus últimos años de vida . Un caso más del triunfo de la soberbia de hombres que se creían sabios y no quisieron asumir el esfuerzo de entender las nuevas ideas de Semmelweis

Uno de sus mejores amigos, profesor de medicina forense en el Hospital General de Viena, Jacob Kolletschka(1803-1847), consigue convencerle para que se tome unas semanas de vacaciones temiendo que esté a punto de sufrir una crisis nerviosa. Semmelweis accede y el 2 de marzo de 1847 viaja a Venecia para pasar tres semanas alejado de Viena y de la fiebre puerperal. Pero Semmelweis no podía borrar de su mente la imagen de aquellas mujeres consumidas por la infección. Cuando regresa a Viena el 20 de marzo vuelve inmediatamente al Hospital para seguir trabajando. Pero echa en falta a su amigo Jacob Kolletschka. Le espera pacientemente, pero no llega y cuando pregunta a uno de sus ayudantes donde está, sorprendido le responde si no se había enterado de la noticia, el doctor Kolletschka  estaba muerto. Mientras daba clases a sus  estudiantes, uno de ellos le hizo un pequeño corte sin querer en el brazo con el bisturí. Kolletschka no le prestó mayor atención pero al día siguiente comenzó a tener fiebre y sentir escalofríos  y pocos días después, el 13 de marzo de 1847, once días después de la partida de Semmelweis, Kolletschka moría a los 43 años de edad. Semmelweis pide que le permitan realizar la autopsia del cadáver de su amigo y descubre que presentaba las mismas inflamaciones y supuraciones que los de las mujeres víctimas de la fiebre puerperal.

Semmelweis escribe “Emocionado todavía por los tesoros artísticos de Venecia, y profundamente trastornado por la noticia de la muerte de Kolletschka , lo que se impuso por encima de todo en mi excitado espíritu, con una irresistible claridad, fue la identidad existente entre la enfermedad que se llevó a mi amigo y aquélla bajo cuyas garras vi morir a tantos centenares de parturientas” De pronto se hace la luz en la mente de Semmelweis, si la muerte de Kolletschka se había producido a causa del corte de un bisturí que se estaba utilizando en una autopsia, quiere decir que se había infectado por alguna sustancia del cadáver, los mismos cadáveres que él y sus alumnos tocaban antes de examinar a continuación a las mujeres en la sala de obstetricia.Eso explicaría la diferencia de muertes entre su sección y la de las comadronas , ya que estas no tocaban los cadáveres ni bajaban a la sala de autopsias y si eso era así significaba que él y sus alumnos habían llevado la muerte a aquellas desdichadas. Semmelweis llegó a pensar incluso en el suicidio , con la conciencia atormentada por todas aquellas muertes. Años después escribiría “solo Dios sabe el número de mujeres que por mi causa han bajado a la tumba prematuramente”

La orden de Semmelweis de lavarse antes de tocar a las parturientas, como vemos en la imagen, tuvo un efecto inmediato, y redujo el número de muertes en poco tiempo del casi 12% de media a menos del 3%. Sin embargo , estas medidas fueron mal recibidas por muchos estudiantes y también por las enfermeras. Klein, el superior de Semmelweis, que además no compartía sus métodos, conseguiría destituirlo y desacreditar su investigación. Si le hubiera apoyado se habrían podido ahorrar miles de muertes (imagen procedente de http://www.infectologiapediatrica.com )

Finalmente , y sin contar con su superior , el 15 de mayo de 1847 ponía este cartel en la puerta de la clínica de obstetricia “A partir de hoy, 15 de mayo de 1847, todo médico o estudiante que salga de la sala de autopsias y se dirija a la de alumbramientos tiene la obligación , antes de entrar en ésta, de lavarse cuidadosamente las manos  en una palangana con agua clorada dispuesta en la puerta de entrada. Esta disposición rige para todos.Sin excepción. P.I.Semmelweis”. En ese mismo mes de mayo el porcentaje de muertes en la sala de obstetricia es del 12,34% ,pero en los meses siguientes el porcentaje de fallecimientos desciende hasta el 3,04%. En octubre, sin embargo, se encuentra con que todas las mujeres que se hallaban en la sala sufren de fiebre puerperal y Semmelweis deduce que no sólo se puede transmitir la infección de un cadáver a una persona viva, sino también entre personas vivas y ,a partir de ese momento, aún establece normas de higiene mucho más estrictas que incluyen la limpieza de todos los instrumentos quirúrgicos. Aunque hoy nos pueda parecer increíble, entonces los bisturís no se limpiaban ni desinfectaban, simplemente se limpiaba la sangre en la propia ropa del médico.

Sin embargo, la obsesión de Semmelweis por la limpieza no es bien recibida por muchas enfermeras y estudiantes que presentan sus quejas a Klein, que además no comparte las ideas de su subordinado y está decidido a prescindir de él a la mínima oportunidad. Semmelweis había comunicado sus avances a sus antiguos profesores,  Joseph Skoday y Ferdinand Ritter von Hebra, que le animan a que escriba un artículo sobre ello, pero a Semmelweis no le gusta escribir y piensa que basta con los resultados de su trabajo, que en 1848 ya alcanzan unos resultados sorprendentes, reduciendo la mortalidad al 1,33% . Hebra escribe un artículo sobre las investigaciones de Semmelweis  en la revista de la Real e Imperial  Sociedad de Medicina de Viena en diciembre de 1847 y otro en abril de 1848 pero sin lograr apenas repercusión entre los especialistas . En 1849, Haller, médico de la Sociedad de Medicina de Viena, toma partido por Semmelweis y escribe “La significación de este descubrimiento para los hospitales en general y en especial para las salas de cirugía es de tal magnitud que parece digno de la máxima atención por parte de todos los hombres de ciencia”.

Tabla comparativa donde se puede ver la diferencia de muertes entre la primera división de obstetricia , la de los estudiantes de medicina, y la segunda división de obstetricia que era de la que se encargaban las comadronas. En el gráfico podemos ver como el porcentaje de muertes de la primera división se disparó durante el primer año que estuvo Semmelweis, cuando comenzó a examinar con mayor detenimiento a las pacientes y lo único que lograba era facilitar la infección. Esto le remordería la conciencia durante el resto de su vida (imagen procedente de http://francoitaliano.blogspot.com )

Con el apoyo de Skoda se organiza una comisión para que se investigue los trabajos de Semmelweis  pero entonces interviene Klein, celoso de su ayudante . Como Semmelweis era de origen húngaro y en 1848 se había manifestado a favor de los revolucionarios que se habían pronunciado contra el emperador austríaco , Klein aprovecha esta circunstancia para denunciarle ante el gobierno de Viena, lo que provoca que la comisión de investigación sea suspendida y su contrato rescindido.Finalmente, primero el 15 de mayo y después el 18 de junio Semmelweis expone sus investigaciones en la Real e Imperial Sociedad de Medicina, logrando algún eco entre sus miembros, aunque muy escaso. Con el apoyo de Skoda logra un nuevo puesto pero no le dejan trabajar con mujeres vivas para seguir avanzando en sus estudios. Desesperado ante la sordera general de la sociedad médica vienesa decide abandonar la ciudad para regresar a Budapest. Uno de sus antiguos profesores y de los pocos apoyos que tenía, el profesor Hevra, escribe al conocer su marcha Cuando se haga la Historia de los errores humanos se encontrarán difícilmente ejemplos de esta clase y provocará asombro que hombres tan competentes, tan especializados, pudiesen, en su propia ciencia, ser tan ciegos, tan estúpidos”.

Mientras se producen estas discusiones, las mujeres seguían muriendo en las camas de los hospitales sin que se hiciera nada por evitarlo, por culpa de esos ciegos y estúpidos, en palabras de Hevra, especialistas que se negaban a aceptar lo evidente, prisioneros de la cadena del pasado que les impedía aceptar  cualquier idea nueva, aunque fuera razonable. Ya en Budapest ,en la primavera de 1851, visita la sala de obstetricia del Hospital San Rafael y allí contempla una escena que le servirá para despertar de la depresión que amenazaba con apoderarse de él. El cirujano que cuida de las parturientas también atiende a los pacientes con infecciones en el quirófano y va de una sala a otra sin lavarse. El resultado es que de las seis mujeres internas, una ha muerto, otra está moribunda y las cuatro restantes muy graves, todas afectadas por fiebre puerperal. Pide hacerse cargo de la sección de obstetricia y se lo conceden el 20 de mayo de 1851. Ahora ya no sólo insiste en la higiene de los estudiantes y las enfermeras y la desinfección del material quirúrgico , sino también de la ropa de la cama  y después de seis años de lucha logra que de un total de 933 parturientas  sólo fallezcan ocho.

Archivo:Ignaz Semmelweis 1861 Etiology front page.jpg
Portada de su obra “Etiología, concepto y profilaxis de la fiebre puerperal” con la que Semmelweis hacía un último intento desesperado por hacer oír su voz y convencer a las autoridades médicas de su tiempo, pero una vez más el desprecio y el silencio fueron la única respuesta. A lo largo de esta historia es como si Semmelweis hubiera chocado durante toda su vida contra un muro de incomprensión que terminó agotando sus fuerzas. Quien debía ser honrado como un gran benefactor por su descubrimiento , terminaría sus días en un sanatorio mental  

El 18 de julio de 1855 es nombrado catedrático de obstetricia de la Universidad de Pest , pero ante el ambiente hostil de muchos por lo que consideran una obsesión de Semmelweis , escribe una carta abierta dirigida a todos los profesores de obstetricia en la que podemos leer “Me habría gustado mucho que mi descubrimiento fuese de orden físico, porque se explique la luz como se explique no por eso deja de alumbrar, en nada depende de los físicos. Mi descubrimiento, ¡ay!, depende de los tocólogos. Y con esto ya está todo dicho… ¡Asesinos! Llamo yo a todos los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre puerperal. Contra ellos, me levanto como resuelto adversario, tal como debe uno alzarse contra los partidarios de un crimen! Para mí, no hay otra forma de tratarles que como asesinos. ¡Y todos los que tengan el corazón en su sitio pensarán como yo! No es necesario cerrar las salas de maternidad para que cesen los desastres que deploramos, sino que conviene echar a los tocólogos, ya que son ellos los que se comportan como auténticas epidemias…”

Venciendo su aversión a escribir, en 1860 publica “Etiología, concepto y profilaxis de la fiebre puerperal” defendiendo la desinfección y la higiene como medidas para evitar la fiebre puerperal. Por desgracia, una vez más, su obra sólo merece el desprecio de la comunidad científica. Desesperado, escribe al célebre obstetricia  Friedrich Wilhelm Scanzoni (1821-1891) “Si usted tiene por errónea mi teoría , le desafío a que me comunique las razones que le inducen a ello, pero si usted, señor , sin haber refutado mi teoría, sigue enseñando a sus alumnos y alumnas la doctrina de la fiebre puerperal epidémica, ante Dios y ante el mundo le acuso de asesino” y a otra de las eminencias de estos años, Philipp Franz Balthasar von Siebold (1796-1866), que también se oponía a las teorías de Semmelweis, le escribe “Los gemidos de las parturientas moribundas ahogan la voz de mi corazón. No compartir mis opiniones vale tanto como ser un asesino”. Es fácil imaginar la desesperación de este hombre que sabía que estaban muriendo centenares, miles de mujeres cuyas muertes eran facilmente evitables pero nadie quería verlo, permanecían ciegos a la evidencia.

BREVE VÍDEO DEL CANAL HISTORIA SOBRE LA HISTORIA DE LA ASEPSIA Y SEMMELWEIS

Semmelweis comienza a sufrir un progresivo deterioro mental, tiene alucinaciones e incluso se ve obligado a interrumpir sus clases cuando estalla en llantos compulsivos.Llega a abrazar a una de sus hijas por la noche exlamando que alguien la quería secuestrar y asesinar. Su esposa busca la ayuda del doctor Hebra y mediante engaños consiguen llevarle a un asilo para dementes en Viena con el pretexto de que Hebra quería ver a su antiguo alumno. Cuando Semmelweis se da cuenta del engaño trata de revolverse y le ponen la camisa de fuerza. Sin embargo, Semmelweis ya llevaba la muerte en su interior, en una de sus últimas operaciones se había cortado con un bisturí , lo que le provocó la misma infección contra la que había luchado durante casi veinte años. El 14 de agosto de 1865, después de varias semanas de sufrir fiebres altas y delirios, Ignaz Philipp Semmelweis fallecía a los 47 años de edad  , víctima de la enfermedad que tanto había combatido y que aún seguiría causando la muerte de miles de mujeres en los años siguientes hasta que las teorías de Semmelweis se impusieron gracias a las aportaciones de Joseph Lister(1827-1912), Robert Koch (1843-1910) y Louis Pasteur(1822-1895), pero eso lo veremos en otro artículo

Hoy podemos ver en el Hospital  General de Viena una estatua dedicada al profesor Semmelweis con una inscripción en la que podemos leer “El salvador de las madres”. Semmelweis abrió el camino para la comprensión y la prevención de las infecciones que durante siglos habían causado la muerte de millones de personas, pero nadie quiso escuchar su voz y miles de personas ,en particular de mujeres, perdieron la vida víctimas de la soberbia de unos hombres de ciencia que preferían permanecer fieles a las ideas heredadas que hacer el esfuerzo de estudiar las innovaciones que les proponía Semmelweis. Como decía el escritor español del siglo XVII Francisco de Quevedo, “Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla” Semmelweis pagó esta lucha con su propia cordura y con una muerte prematura ,pero la historia hizo justicia , aunque demasiado tarde para los que perdieron la vida por la ceguera de aquellos hombres que se consideraban sabios. Nadie como Ignaz Philipp Semmelweis se merece este título por el que pasará a la historia, “el salvador de madres”

La estatua en honor y homenaje de Semmelweis  erigida en Viena , junto al Hospital General en cuya sala de obstetricia estuvo trabajando. Una madre con su hijo en el regazo mira con admiración a Semmelweis que, con justicia, hoy es considerado “el salvador de las madres”. Millones de mujeres debieron su vida en las décadas siguientes a la lucha de Semmelweis   
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