UNA HISTORIA DE LONDRES Y EL GRAN INCENDIO DE 1666(SEGUNDA PARTE)

En la primera parte de este relato habíamos seguido las historias paralelas de Inglaterra y la ciudad de Londres, auténtica protagonista de este artículo, desde la conquista romana de la isla que la incorporó al Imperio como una nueva provincia con el nombre de Britania y la fundación de Londinium que pronto se convertiría en la ciudad más importante de la provincia romana hasta que las legiones la abandonaron para regresar al continente  en el año 407, dejando solos a los britanos para defenderse de los indomables pictos y escotos que habitaban el norte de la isla, en las tierras que hoy conocemos como Escocia. Asistimos a las invasiones de sajones, anglos y jutos  procedentes de la costa occidental de Alemania y de los territorios daneses, que acabarán con la independencia de los britanos y fundaran nuevos reinos que a su vez formarán la llamada Heptarquía, pues se trataba de siete reinos , Wessex, Essex, Sussex, Kent, Mercia, Anglia Oriental y Northumbria. El dominio de la heptarquía se prolongó durante tres siglos hasta las invasiones de los daneses en el siglo IX que provocarán la división de la isla entre el Danelaw, el territorio controlado por los vikingos, y Wessex, el más fuerte de los reinos de la heptarquía que de manos de Alfredo I el Grande (849-899) había logrado detener el avance de los nórdicos.
 En 1013 la isla era conquistada por los daneses y en 1015 se incorporaba al Imperio del rey danés Canuto II(995-1035) pero después de su muerte y de dos breves reinados daneses la corona había pasado de nuevo a la cabeza de un sajón de la casa Wessex, Eduardo el Confesor. A su muerte en 1065 fuimos testigos del desembarco de las tropas de Guillermo de Normandía y su victoria sobre el rey sajón Harold II (1022-1066) en la célebre y ya legendaria batalla de Hastings , que supuso la conquista de la isla por los normandos y la proclamación del duque normando como nuevo rey de Inglaterra con el nombre de Guillermo I el Conquistador (1028-1087). En 1154 se iniciaba el reinado del primer rey de la dinastía Plantagenet, Enrique II de Inglaterra (1133-1189), una dinastía que se mantendría en el poder durante los tres siglos siguientes hasta la Guerra de las Dos Rosas entre los Lancaster y los York , guerra que se prolongo desde 1455 hasta 1485, finalizando con la victoria de los Lancaster y la fundación de una nueva dinastía que fusionaba a los York y Lancaster, los Tudor. Conocimos a sus principales representes, Enrique VIII(1491-1547) y a su hija Isabel I(1533-1603) y tras la muerte de esta, ya con Inglaterra convertida en una gran potencia naval, la instauración de la dinastía de los Estuardo, interrumpida por la república gobernada por Oliver Cromwell(1599-1658) y la ejecución del rey Carlos I (1600-1649). Tras la muerte de Cromwell en 1658 el hijo de Carlos I regresaba a Inglaterra para ser proclamada de nuevo rey con el nombre de Carlos II(1630-1685) en 1660 

Este mapa también lo incluí en el artículo de ayer con la reproducción de la ciudad de Londres del siglo XVI, recogido en el Civitates Orbis Terrarum editado en 1572 y que poco había cambiado a mediados del siglo XVII  cuando se producirá la epidemia de peste de 1665 y el Gran Incendio de 1666. Podéis observar como un único puente une las dos orillas del Támesis, el Puente de Londres, que había comenzado a construirse en el siglo XII bajo el reinado de Enrique II de Inglaterra y se terminaría bajo el reinado de Juan I de Inglaterra a comienzos del siglo XIII y ya entonces se edificaron edificios a lo largo de toda la estructura del puente, recordando al Ponte Vecchio de Florencia sobre el río Arno . La mayor parte de la ciudad de Londres aún se hallaba dentro del recinto amurallado y pocos años antes del gran incendio ya se alzaron voces que avisaban del peligro de incendio en una ciudad donde casi todos sus edificios eran construidos en madera y donde abundaban los hornos, las chimeneas y las cocinas . Un peligro aún más latente en los veranos cálidos como lo fueron los de 1665 y 1666 (imagen procedente de http://antiguopasalavida.com )
Y ahí dejamos nuestra historia, con un Londres que en el último siglo y medio había conocido un crecimiento acelerado pasando de cincuenta mil habitantes en los comienzos del siglo XVI hasta los más de 220.000 en 1660, cuando Carlos II recupera la corona para los Estuardo. Pero ¿cómo era aquel Londres que había crecido a un ritmo vertiginoso durante el último siglo? Joseph Cummins en su obra “Grandes episodios de la historia”  describe aquel Londres que se había convertido en una de las ciudades más activas y florecientes del mundo , pero también era un amontonamiento caótico e insalubre de viviendas “El viejo Londres estaba rodeado por murallas de 10 metros de altura. Dentro de las murallas , ricos y pobres vivían unos al lado de otros  en un sorprendente contraste” Pero , como podéis imaginar, aunque vivieran en el mismo sitio las condiciones no eran las mismas “los pobres moraban en destartaladas chabolas de madera, mientras que al otro lado de la calle podía encontrarse la casa de un banquero rico y poderoso” Ayer vimos como muchos de los nuevos habitantes habían creado suburbios fuera del recinto amurallado como el East End, cuyas viviendas eran poco más que chozas de madera.
Lo que si compartían ricos y pobres eran las calles de la ciudad, “tan estrechas que las casas a ambos lados parecían inclinarse las unas hacia las otras” calles donde no había aceras y sin ninguna planificación urbanística , donde se abrían oscuros callejones que acababan sin ninguna salida, como si se tratara de un laberinto atestado de personas, animales y suciedad. Unas calles  donde circular era aún más peligroso que en las calles de nuestros días “los peatones no sólo se tenían que cuidar de los caballos y carruajes, sino que también debían vigilar hacia lo alto no fuera que se abriera una ventana y vaciaran un orinal sobre sus cabezas”. El escritor y jardinero John Evelyn (1620-1706), celebre entre otras cosas por disponer de una biblioteca personal con más de cuatro mil volúmenes y por escribir unos diarios donde relataría los grandes acontecimientos de los que fue testigo durante su larga vida , desde la ejecución del rey Carlos I y el gobierno de Oliver Cromwell, a la restauración además de la peste y el gran incendio que asolaría Londres, dirigiría un escrito al rey inglés  en el que le advierte en 1664 de la peligrosidad de “semejante congestión de casas de madera” y subraya el peligro de incendio causado por los fuegos de cocinas y chimeneas.

Retrato de John Evelyn realizado en 1687 por Sir Godfrey Kneller(1646-1723), que escribiría un diario en el que relataba los acontecimientos más importantes ocurridos en Londres entre 1640 y 1683 , incluyendo la ejecución del rey Carlos I, la república de Oliver Cromwell además del Gran Incendio de Londres y la Gran Plaga de 1665 . En su obra “Fumifugium” escribía una de las primeras obras dedicadas al estudio de la polución del aire en Londres , donde recomendaba que las industrias más contaminantes fueran situadas a las afueras y también advertía del peligro de incendios como consecuencia del amontonamiento de casas de madera  . Como suele suceder con los que denuncian situaciones peligrosas que perjudican los intereses de las industrias y las clases acomodadas, nadie hizo caso hasta que fue demasiado tarde (imagen procedente de http://en.wikipedia.org )

Pero será en este año 1664 cuando llegan a Londres noticias de algo que preocuparía más a la población que el peligro de un incendio . Los siguientes textos entrecomillados referentes a la peste proceden del “Diario del año de la peste” del escritor Daniel Defoe (hacia 1660-1731) , que aunque sólo tenía unos cinco años en el momento en que se declaró la peste pudo recoger los testimonios de muchos supervivientes de aquella enfermedad que trasladó en esta obra de forma novelada que adopta el modelo de un diario , extraordinariamente documentada , incluyendo cifras de muertos por parroquias y un relato vivo y apasionante de lo que allí sucedió “Fue hacia principios de septiembre de 1664 cuando yo, al igual que el resto  de mis vecinos, me enteré de que la peste había vuelto a invadir Holanda. Ya había azotado con violencia aquel país, sobre todo Amsterdam y Rotterdam, en el año 1663, cuando, decían, había sido introducida , según unos de Italia, según otros de Oriente, entre las mercaderías que transportaba su flota de Turquía” Entonces aún no se sabía que el agente transmisor de la peste, si de la peste bubónica se trataba lo que aún hoy se desconoce, era la pulga que viajaba no en las mercancías que transportaban los barcos, sino en las ratas que se encontraban en sus bodegas.
Si miramos un momento al pasado, veremos que la gran epidemia de peste, la conocida como Peste Negra, que tuvo su etapa más letal entre 1347 y 1353, se había cobrado la vida de casi un tercio de la población europea del siglo XIV, lo que supondría unos 25 millones de personas víctimas de esta enfermedad  causada por la bacteria Yersina Pestis, una bacteria que no sería descubierta hasta el año 1894 por el bacteriólogo suizo Alexandre Emile John Yersin (1863-1943) y en su honor fue bautizada la bacteria como Yersina en 1967. La enfermedad causada por la bacteria Yersina es propia de los roedores como las ratas y el agente transmisor es la pulga. Ésta pica a una rata infectada para succionarle la sangre. Cuando salta a otra rata sana, al picarla la infecta con la bacteria y así se inicia una cadena de contagio que puede acabar con una gran población de ratas. Cuando las ratas comienzan a escasear la pulga tiene que buscar una nueva fuente de alimento y en aquella época en que las ratas se paseaban por las ciudades y las casas lo más próximo era el hombre. Las pulgas repetían el ciclo, picaban al hombre para alimentarse de su sangre y a cambio le infectaban con la bacteria.

En este cuadro referido al brote de peste bubónica en la región de La Libertad en Perú en 1994 con 31 casos confirmados vemos los tres tipos de peste, la bubónica, la neumónica y la septicémica  . La más común era la bubónica en la que se formaban las características inflamaciones o bubones en los nodos linfáticos que podéis ver señalados en la figura humana , en las axilas, el cuello, el abdomen y las ingles, cuando la bacteria Yersina Pestis invadía los nodos linfáticos donde se encontraban grandes concentraciones de leucocitos , células que forman parte del sistema inmune del cuerpo. El huésped de la bacteria era la rata y el agente transmisor la pulga que después de picar a las ratas infectadas picaba al hombre contagiándolo al hombre. Lo que la hacía tan peligrosa es que cuando la bacteria alcanzaba los pulmones podía luego ser expulsada a través de la tos y las gotitas de saliva y contagiarse por el aire , lo que se conoce como peste neumónica. Sin embargo, hoy los científicos todavía no han determinado si la peste que acabaría con la vida de 68.950 londinenses  y casi cien mil ingleses en 1665 fue peste o algún otro tipo de enfermedad infecciosa (imagen procedente de http://galenomagnus.blogspot.com)   
Dentro de la enfermedad hay diferentes tipos de infección. Una es la peste bubónica, llamada así porque la yersina pestis se concentra en los nodos linfáticos que están rellenos de leucocitos, los glóbulos blancos encargados de destruir virus y bacterias y piezas fundamentales del sistema inmunológico. Estos nodos linfáticos se encuentran en la ingle, el cuello, las axilas y el abdomen y cuando la yersina pestis los invade se forman hinchazones en esas zonas que se llaman bubones y de ahí el nombre de peste bubónica. Protegidas en el bubón, las bacterias se multiplican y forman nuevos bubones que  al estallar vierten en el torrente sanguíneo más bacterias que infectan otras partes del cuerpo . Se producen hemorragias internas que forman manchas oscuras bajo la piel , como si fueran los moretones causados por un golpe, mientras que los nodos linfáticos comienzan a  causar fuertes dolores y la fiebre elevada causa delirios en el enfermo. En un  plazo de dos a tres días el infectado está muerto. Otra modalidad es la peste neumónica, que se contagia no por la picadura de la pulga sino por la respiración y es aún más rápida y letal que la bubónica, con la particularidad de no provocar síntomas hasta casi el final de la enfermedad .
Sin embargo, tanto esta epidemia que se prolongó durante seis años, de 1347 a 1353 y que tendría recurrentres brotes durante los siglos siguientes , como la que afectaba a Holanda en 1663 no sabemos si fueron provocada por esta bacteria o es otro tipo de enfermedad. Pero fuera el origen que fuese, lo que la población de entonces sabia es que la mortalidad era muy grande y nadie estaba a salvo de ella. Sin embargo, los rumores sobre la extensión de la enfermedad parecen apagarse y la tranquilidad vuelve a la población de Londres hasta que en los primeros meses de 1665 el número de defunciones registrado en las diferentes parroquias de la ciudad comienza a aumentar aunque luego parece perder fuerza y en la semana del 9 al 16 de mayo de 1665 sólo mueren tres personas como consecuencia de la peste. Mientras, tanto en diciembre de 1664 como en marzo de 1665 se verían dos cometas que fueron considerados un signo de malos augurios para el futuro. Así lo cuenta Daniel Defoe “Pocos meses antes de la epidemia , apareció en el cielo una estrella flamígera o cometa, como ocurrió dos años después , poco antes del incendio .”

BREVE DOCUMENTAL DE DISCOVERY CHANNEL SOBRE LA PESTE BUBÓNICA Y SU FORMA DE TRANSMISIÓN

 

Para los supersticiosos hombres y mujeres de la época estaba claro que aquellos cometas no podían ser heraldos más que de desgracias “el cometa que había aparecido antes de la peste era de un color desvaído, pálido y de brillo apagado , y el cometa anterior al incendio era de una luminosidad cegadora”. La conclusión de estas observaciones eran claras “el primero anunciaba una calamidad lenta pero severa, terrible y pavorosa; mientras que el otro anunciaba un azote fulminante , inesperado, ardiente como un gran incendio” Pero aunque Defoe expresa su escepticismo sobre estas supersticiones no puede negar que “tuvieron una enorme influencia  en el ánimo de la mayoría de la gente y prácticamente todo el mundo sintió grandes temores , de que alguna terrible calamidad o azote divino se abatiera sobre la ciudad”. El miedo se extendía y también lo hacia la peste . Después de los primeros brotes en las zonas portuarias de Londres a finales de 1664 el frío invierno había detenido la infección “hacía mucho frío  y las heladas que habían empezado en diciembre se prolongaron hasta finales de febrero” El viento frío limpió las calles de la ciudad y las muertes disminuyeron. Pero a finales de abril “el tiempo había cambiado y se hacía cada vez más caluroso” Se considera que la primera víctima oficial de peste fue Margaret Porteous el 25 de abril de 1665 pero, como ya hemos visto, se habían producido muchas muertes ya a finales de 1664, aunque la pobreza de las víctimas hace que no aparezcan ni siquiera registradas.
Vimos  como la semana del 9 al 16 de mayo habían muerto sólo tres personas , pero ya en la segunda semana de junio hay más de un centenar de víctimas sólo en una de las parroquias de Londres. Además, hasta aquel momento no se había producido ninguna muerte dentro del recinto amurallado pero ahora habían muerto las cuatro primeras víctimas. Defoe nos cuenta como la gente comenzaba a huir de la ciudad, al menos aquellos que tenían a donde ir o posibilidades económicas de hacerlo “Los nobles y los burgueses  se agolpaban en los caminos para huir de Londres junto con sus familias y sus criados , de un modo nunca visto. No se veían más que carros y carretas llenos de muebles, mujeres, criados y niños. Carrozas en las que viajaban personas de la clase alta, escoltadas por jinetes , todos apresurándose a huir” El cronista advierte que “durante varias semanas costó mucho llegar a la puerta del alcalde, tal era el gentío que se aglomeraba allí con la intención de obtener salvoconductos y certificados de salud para los que salían de Londres , pues sin tales documentos nadie podía abandonar la ciudad ni era admitido en ninguna posada”  Se corren rumores de que la ciudad va a ser aislada del resto del país para evitar que el contagio se extienda y ya en estas semanas finales de junio se producen más de un millar de muertes a la semana. El rey Carlos II , su familia y toda la corte abandonaba Londres en junio para instalarse en Oxford

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Un informe del 19 de diciembre de 1665 donde podemos ver en su última linea el total de fallecidos según este recuento en la ciudad de Londres , 68.550. Pero muchos otros murieron no por la peste, sino de hambre. Así lo cuenta Defoe en su “Diario del Año de la peste”  sobre aquellos que habían huido de la ciudad antes de que se estableciera la prohibición de abandonarla “Ya no era posible salir de la ciudad , pues en el campo nadie permitía que se acercase un desconocido, ni siquiera que se acercase a las otras ciudades, y , según me dijeron, los que se arriesgaron a huir por los campos, fueron encontrados muertos de hambre en los bosques y en los prados comunales “ También hubo londinenses que se refugiaron en los barcos  pero algunos cometieron el error de subir a los barcos llevados por el miedo al contagio sin tener la precaución de hacer acopio de provisiones  “la gente, empujada por el miedo, subió a bordo sin pan para comer , y algunos se metieron en barcos que no llevaban tripulación que pudiera apartarlos de tierra firme, o descender en botes  por el río para comprar provisiones. Gran número de los barqueros murieron solos en sus barcos, ya en cubierta, ya bajo el puente, y no se los descubría hasta que se hallaban en un estado en que nadie podía tocarlos” (imagen procedente de http://commons.wikipedia.org )  
En el mes de julio las casas donde había un enfermo son clausuradas con todos sus habitantes dentro, aunque no estuvieran enfermos, condenándolos a una muerte segura. Las calles se vacían y el miedo se convierte en el gobernante de la ciudad, como nos cuenta Defoe “Bien podría decirse que todo Londres lloraba. La voz del dolor se oía por doquier. Los gritos de mujeres y niños en las ventanas y puertas de las casas donde tal vez sus parientes más próximos estaban agonizando o acababan de morir, se oían con tanta frecuencia al pasar por las calles que bastaba para destrozar el más duro de los corazones.” pero con el paso del tiempo “hacia el final los corazones de los hombres estaban tan endurecidos y la muerte se había convertido en algo tan habitual que ni siquiera se preocupaban por la pérdida de sus amigos, ante la expectativa de correr idéntica suerte de un momento a otro” Aunque en un principio el recinto amurallado se mantuvo a salvo del contagio , en el verano de 1665 la epidemia afectaba a toda la ciudad y la desesperación era tan grande que algunas personas enfermas , presas de la locura, llegaban a abalancarse sobre las personas que encontraban en la calle para contagiarlas el mal. Las calles se llenaron de pasquines donde se anunciaban remedios milagrosos como éste “dama italiana que acaba de llegar de Nápoles , posee un precioso secreto  para evitar el contagio , que descubrió gracias a su gran experiencia , y que le hizo efectuar curas maravillosas durante la última peste de aquella ciudad, en la que murieron veinticuatro mil personas en un solo día”
Entre las recomendaciones de las autoridades para protegerse del contagio estaba el consumo de tabaco y mantuvieron el fuego encendido en grandes hogueras por toda la ciudad con la esperanza de que purificara el aire . Se establecen normas para el entierro de los muertos “que el entierro de los muertos que cause esta epidemia se haga a las horas más convenientes siempre antes de la salida del sol. Todas las tumbas deberán tener una profundidad mínima de seis pies y toda aglomeración de gente en los entierros queda prohibida  mientras dure la actual epidemia” y se establece la reclusión de los enfermos “Tan pronto como cualquier persona sea declarada contaminada de peste, a partir de esa misma noche quedará recluida en su casa” y la obligación de declarar la enfermedad “en toda casa en la que alguien se queje de manchas, rojeces o hinchazón en cualquier parte del cuerpo , o caiga gravemente enfermo , el dueño de la casa dará aviso al inspector de salud en el plazo de dos horas “. Y en cuanto a la suerte del resto de habitantes de la casa se ordena que “Cuando en una casa habiten varias personas y algunas de ellas resulte contaminada del mal , ninguna persona ni miembro de la familia de tal casa será autorizada a cambiar de residencia”

Diferentes escenas del año de la peste, con la población huyendo de la ciudad por tierra o a través del Támesis, y los entierros de las víctimas , que en los meses de agosto y septiembre de 1665 alcanzaron cifras que superaban los seis mil y siete mil muertos semanales. En esos dos meses murieron cincuenta mil de los 68.000 personas que morirían a causa de la epidemia. Dentro de la ciudad se vivían escenas que recordaban más al infierno que a una ciudad humana . Escribe Defoe “El instinto de conservación parecía ser el principio primordial , pues los hijos huían de sus padres  mientras estos morían entre atroces dolores, y en algunos lugares, aunque esto no era tan frecuente como lo otro, los padres hacían lo mismo con sus hijos. Hubo casos espantosos de madres desesperadas que en medio de su locura y su delirio dieron muerte a sus propios hijos. El peligro de muerte inmediata ahogaba todo afecto y todo interés por los demás” Defoe cuenta también como las mujeres que se ponían de parto no tenían nadie que las atendiera, porque las parteras o habían muerto o no querían acercase a nadie. Se daban casos que aún hoy nos espantan “En ocasiones la madre había muerto de la peste, mientras que el niño aún no había sido separado de ella. Algunas morían en los mismos dolores del parto y sin haber dado a luz”  Los comercios cerrados, la sociedad paralizada. Sólo existía el miedo a la muerte (imagen procedente de http://www.eyeintheskygroup.com )
La semana del 11 al 18 de julio se registran casi dos mil muertos , del 08 al 15 de agosto se registran 3880 muertos de la peste, la semana del 29 de agosto al 5 de septiembre se incrementa a 6988 muertos y la del 12 al 19 de septiembre se registran 7165 muertos. Desde el 08 de agosto de 1665 hasta el 10 de octubre de ese mismo año fallecen víctimas de la peste no menos de 49.000 personas, concentrándose en esos dos meses letales la mayor parte de las víctimas de una epidemia que se estima que acabó con la vida de unas 68.000 personas en Londres y aproximadamente unas cien mil sumando las de todo el país. Pero a partir de mediados de octubre la cifra de muertos comenzó a descender, seguramente debido al incremento del frío , pero todavía durante toda la primera mitad del año 1666 se registra una media de treinta muertes al mes atribuibles a la peste. Sin embargo, la ciudad iba recuperando el pulso , los que habían abandonado la ciudad regresaban, los comercios volvían a abrir sus puertas y la actividad económica se reiniciaba. Aquel verano de 1666 fue extremadamente seco y caluroso y también lo había sido la primavera y el invierno, por lo que la madera de las casas estaba más reseca de lo habitual , pero el alivio por el retroceso de la epidemia hacía menos molesto aquel calor.
Vamos a trasladarnos ahora a la noche del sábado 1 de septiembre , a una pequeña calle llamada Pudding Lane, una más de las cientos de estrechas callejuelas londinenses donde apenas cabía una carretilla , una calle que daba a la mucho más populosa de Thames Street , situada junto a los muelles del Támesis y con una gran actividad comercial.  En Pudding Lane se encontraba la panadería de Thomas Farynor , panadero del rey Carlos II. Quizás por el cansancio , quizás por el calor , tal vez sólo un despiste ,pero aquella  noche, antes de irse a la cama, no apagó el horno de su panadería como hacia todos los días. Eran sobre las dos de la madrugada del domingo 2 de septiembre cuando los criados de Farynor le despertaron alarmados, el horno había prendido el piso inferior de la casa de Farynor y estaban atrapados. Por fortuna aún podían salir por la ventana y huir por la azotea, lo que consiguió Farynor junto a su hija y uno de los criados , mientras que una doncella murió al no atreverse a caminar por el tejado. Fue la primera víctima del incendio que devoraba ya la casa de Farynor y amenazaba con extenderse a las casas vecinas, que, recordemos, estaban muy pegadas unas a otras . Soplaba un fuerte viento del este que comenzó a empujar las llamas en dirección oeste  y apenas dos horas después de comenzado el incendio  este ya se había descontrolado.

Mapa donde podemos ver la zona más afectada por el incendio y también el callejón de Pudding Lane donde se encontraba el horno de la panadería de Thomas Farynor  que provocaría el incendio en la madrugada del domingo 2 de septiembre de 1666. Vemos como se encuentra muy próxima al Puente de Londres y la línea de color negro era el recorrido de la antigua muralla que rodeaba el centro de Londres . Toda la zona pintada de color fue arrasada por las llamas , incluida la Catedral de Saint Paul junto a otros trece mil casas y cuarenta y nueve iglesias, dejando sin hogar a doscientas mil personas.  (imagen procedente de http://elotrojuan.blogspot.com )

 

Thomas Bludworth(1620-1682), el lord major de Londres, fue despertado por los alguaciles  para informarle sobre la situación y su respuesta pasaría a la historia como ejemplo de incompetencia e irresponsabilidad pues no se le ocurrió más que decir , después de contemplar lo que para él era solo e otro incendio de los muchos que sufría la ciudad durante el verano “¡Mead!¡Una mujer podría acabar con él de una meada!” y regreso a la tranquilidad de su cama. Sólo tres horas después de esta escena el político y escritor Samuel Pepys(1633-1703), que se haría famoso por los diarios que escribió sobre la vida en Londres entre 1660 y 1669 y que entonces era oficial de la Armada, sube a la Torre de Londres para tener una mejor perspectiva de la situación y lo que ven sus ojos es un incendio que ha arrasado Pudding Lane, donde se originó y la cercana Fish Street Hill y reducía a cenizas almacenes llenos de carbón, leña , aceite , brandy que no hacen sino avivar aún más las llamas. También ha alcanzado el Puente de Londres, cuya construcción se había iniciado en 1176 bajo el reinado de Enrique II de Inglaterra y fue completado durante el reinado de Juan Sin Tierra (1167-1216) y sobre su estructura se construyeron casas de hasta siete pisos , llena de comercios  pegados unos a otros y con apenas una estrecha calle que separaba las casas a ambos lados del puente.
Pepys describiría después en su diario lo que contemplaba en aquel momento con estas palabras “todos estaban intentando sacar sus bienes, y arrojándolos al río o trayéndolos a las gabarras; la gente pobre se quedaba en sus casas hasta que el incendio los tocó, y entonces corrieron a los barcos, o trepaban por un par de escaleras de un lado del río al otro”  Hay que tener en cuenta que entonces no existía un cuerpo de bomberos profesional como en nuestros días sino que las parroquias o algunos  particulares tenían carros con bombas de agua montadas sobre ellos, pero primero había que localizarlos y reunirlos y eso llevaba tiempo mientras el fuego seguía extendiéndose. Las brigadas que consiguieron organizarse se tuvieron que enfrentar además a la masa de gente que huía del incendio y les arrastraba impidiendo que se aproximaran a la zona de fuego . Cuando por fin llegaron se dispusieron a emplear la táctica habitual que consistía en crear cortafuegos dentro de la ciudad derribando una linea de edificios que sirvieran de barrera e impidieran que el fuego siguiera propagándose de casa en casa. El Lord Major, que a estas alturas ya se había dado cuenta por fin que aquello no era un fuego que se pudiera apagar meando, como él mismo había sugerido, había dado la orden de formar los cortafuegos demasiado tarde y el fuego avanzaba incontrolado.

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Retrato de Samuel Pepys, junto con John Evelyn el principal cronista de los acontecimientos que sufrió Londres en aquellos aciagos años de 1665 y 1666. El domingo 2 de septiembre, al caer la noche, escribiría  lo que contemplaban sus ojos , las llamas “como sólo un arco entero de fuego desde este al otro lado del puente, y en un lazo sobre la colina para un arco de más de una milla de largo, me hizo llorar verlo”. Y si el incendio aún no fue más grande extendiéndose al otro lado del Puente de Londres se debió a que ya existía allí un cortafuego que podríamos decir natural, pues había un hueco bastante grande entre el puente y los edificios más próximos impidiendo que las llamas se pudieran seguir propagando. El fuego se dirigiría hacia el norte y el oeste arrasando el centro de Londres (imagen procedente de http://commons.wikipedia.org )
Pepys calcula que a esas primeras horas de la mañana ya se han destruido más de trescientas viviendas  y cuando contempla como arde el Puente de Londres no vacila en solicitar audiencia al rey Carlos II en su calidad de oficial de la Armada inglesa. Cuando le relata la situación al rey este le pide que se ponga en contacto con el Lord Major , Bludworth, para que ordene la demolición de todas las casas que sean necesarias con tal de cortar el fuego pero cuando Pepys acude a ver a Bludworth ,el alcalde se encuentra en plena crisis nerviosa y es incapaz de hacer nada más que estar  “como una mujer desmayándose” según nos cuenta Pepys . Unos días más tarde escribirá Pepys sobre la desafortunada actuación del alcalde de Londres “Gente de todo el mundo grita por la ingenuidad de mi lord mayor en general; y más particularmente en este asunto del incendio, echándole toda la culpa a él”.  Pepys contempla como muchos pájaros caen muertos al suelo ya que el fuego está consumiendo el oxígeno de la ciudad. Las llamas se extienden hacia el oeste y el norte de la ciudad y sus dimensiones son tales que a la gente le parecía el Juicio Final. Hacia el mediodía del domingo se abandonan los intentos de extinguir el fuego y la gente trata de huir y ponerse a salvo junto a las pertenencias que pueda rescatar.

Cuadro de autor desconocido donde se representa el incendio de Londres la noche del domingo a lunes tres de septiembre . En la parte derecha del cuadro al fondo podéis ver la Torre de Londres construida en tiempos de Guillermo el Conquistador, siglo XI, y a la izquierda el Puente de Londres en llamas y la gente tratando de huir de la ciudad una vez perdidas las esperanzas de detener el fuego. La gente cruzaba al otro lado del río y desde aquella orilla observaban como su ciudad era arrasada por el fuego . Las crónicas de entonces recogen que algunos les parecía estar contemplando un adelanto del Juicio Final (imagen procedente de http://http://www.taringa.net )

El rey contempla la escena desde un barco en el Támesis y ante la inoperancia de Bludworth le releva de su cargo y ordena que sigan derribando casas para formar otro contrafuego pero ya es demasiado tarde. Aquella tarde del domingo se formó una tormenta ígnea, un fenómeno que se produce cuando el aire que se encuentra sobre el incendio se calienta mucho por el efecto del fuego y sube a gran velocidad creando un vacío que es ocupado por corrientes de aire más frío que se encuentran a ras de suelo, lo que sirve para alimentar de oxígeno a las llamas que se hacen aún más virulentas. El fuego seguirá ardiendo toda la madrugada del domingo al lunes tres de septiembre y cuando amanece un fuerte viento del este ayudado por un día cálido y seco, empujará el fuego a través de la ciudad , arrasando todo lo que encuentra a su paso. Bludworth ha desaparecido, posiblemente había huido, y el rey pone al frente de las labores de extinción a su hermano el duque de York  que trata de abrir nuevos cortafuegos en diferentes puntos de la ciudad pero con escaso éxito porque el fuego avanzaba a demasiada velocidad , mientras el monarca recorría la ciudad a caballo acompañado por una escolta para insuflar coraje a los que combatían las llamas.

Mientras que el fuego que había consumido el Puente de Londres no puede seguir avanzando por la otra orilla del Támesis gracias a un cortafuegos el frente de llamas que se dirige en dirección norte hacia el corazón de Londres es imparable. La gente se encuentra desbordada, incapaces de reaccionar, como nos lo cuenta John Evelyn, el cronista al que ya habíamos citado como uno de los que advirtió dos años antes del peligro de un gran incendio en Londres “La conflagración era tan universal, y las personas tan estupefactas, desde el inicio, yo no sé si por abatimiento o por destino, ellos apenas se movieron para apagarlo, de modo que no había nada para escuchar o ver sino gritos y lamentaciones, corriendo alrededor como criaturas distraídas sin ningún intento incluso de salvar sus bienes, como si una rara consternación estuviera encima de ellos”. La catedral de Saint Paul cae pasto de las llamas igual que el distrito comercial y de negocios de la ciudad. Los ricos salían a las calles entregando dinero a los ciudadanos que encontraban para que les ayudasen a salvar sus pertenencias. La ciudad seguirá ardiendo el lunes entero y continuará el martes aunque con menor fuerza. Pero como sucede siempre que hay una catástrofe, el pueblo busca culpables y comienzan los rumores de que ha sido un fuego provocado por holandeses y franceses, con los que Inglaterra mantenía una larga relación de enemistad.

Ante el fracaso del Lord Major Thomas Bludworth, sería el rey Carlos II el que asumiera la organización de las labores de extinción llegando a recorrer las calles para animar a los que luchaban contra las llamas llevando una bolsa llena de monedas de plata con la que recompensaba a aquellos que hubieran realizado algún acto heroico. También tuvo que hacer frente a aquellos que buscaban culpables de aquel desastre y los encontraban en personas procedentes de naciones con las que Inglaterra mantenía malas relaciones, como Francia y Holanda . Un cronista del que recoge sus palabras Joseph Cummins en “Grandes episodios de la historia”, escribe como la gente ” Habiendo perdido sus casas  y casi todo lo que poseían , están llenos de ira y furia. Armas, armas,armas resonaban por los campos y por los suburbios con voz terrible “ Carlos II envío al ejército para proteger a los extranjeros  pero no pudo evitar que el 28 de septiembre de 1666 fuera ahorcado un relojero francés llamado Robert “Lucky” Hubert que habría confesado ser el autor del incendio seguramente bajo los efectos de la tortura (imagen procedente de http://www.biografiasyvidas.com )
Se producen algunos ataques contra extranjeros hasta que Carlos II decide enviar al ejército para protegerles. Finalmente, el miércoles 5 de septiembre, después de cuatro días de infierno, el viento amaina y las llamas se extinguen ¿Cuál era el panorama que podían contemplar los londinenses aquel día? Pues el de una ciudad que había visto destruidas trece mil viviendas, la catedral de Saint Paul, el Custom House, todas las prisiones , la Oficina General de Correos y la Bolsa, la Royal Exchange, quedando más de doscientos mil londinenses sin hogar. Curiosamente , la cifra oficial de muertos por el incendio fue de cuatro personas , pero hoy se cree que las víctimas pudieron ser varios miles  y si los cuerpos no fueron encontrados se debió a que el intenso calor había provocado que hasta los huesos se desintegraran como había pasado con las cerraduras de la ciudad, que quedaron fundidas.En todo caso es imposible saber hoy el número exacto de víctimas. Más de un 75% de la ciudad dentro de las murallas había desaparecido y fuera de ellas grandes extensiones de los suburbios también fuero arrasadas. Pero si el incendio fue una catástrofe que incluso hoy cuesta imaginar, tuvo , sin embargo, dos efectos beneficiosos. Por un lado supuso el final de la epidemia de peste de 1665 , que, como habíamos visto, aún causaba entonces una treintena de muertes mensuales, y por otro lado, renovaría toda la ciudad.

Monumento al Gran Incendio de Londres también conocida simplemente como “El monumento”, una columna de 61 metros de altura diseñada por Christopher Wren y el científico Robert Hooke  en la intersección de las calles en la intersección de Monument Street y Fish Street Hill y a sólo 61 metros del lugar donde se origino el incendio, la panadería de Thomas Farynor en Pudding Street. Por eso su altura es de 61 metros, simbolizando la distancia al origen del fuego. Fue construida entre 1671 y 1677 y en su momento fue la columna independiente, es decir, que no formaba parte de ningún edificio, más alta del mundo. En tres de sus caras hay inscripciones en latín ,en una se describen las decisiones y acciones realizadas por el rey Carlos II durante el incendio, en otra de las caras cuenta la historia de la construcción del monumento y los nombres de los alcaldes y en la última se narra la historia del fuego y los daños causados “Las ruinas de la ciudad fueron 436 acres (1,8 km²), a saber 333 acres (1,3 km²) dentro de las murallas, y 63 acres (255.000 m²) en los albedríos de la ciudad; que, de los 26 barrios, finalmente quedaron destruidos 15, y otros 8 quedaron destrozados y medio quemados ; y que consumió 400 calles, 13.200 viviendas, 89 iglesias [además de capillas]; 4 de las puertas de la ciudad, el ayuntamiento, muchas estructuras públicas, hospitales, escuelas, bibliotecas y un amplio número de edificios majestuosos” (Imagen procedente de http://www.datuopinion.com )
Un año después  se aprobaba la Ley de Reconstrucción que permitirá que en  apenas ocho años se construyan diez mil casas , todas ellas en ladrillo o piedra para evitar que se repitieran nuevos incendios. Además se ensancharon las calles, se construyó un nuevo alcantarillado subterráneo que sustituyó a las antiguas y pestilentes alcantarillas a cielo abierto , se pusieron aceras en las calles y se amplio su ancho permitiendo que entrara la luz y fueran ventiladas. En este renacer de la ciudad jugaría un papel destacado el gran arquitecto Christopher Wren (1632-1723), que dirigiría la construcción de cuarenta y nueve iglesias y , por encima de todo, la nueva Catedral de Saint Paul, además de planificar la reconstrucción de la ciudad con amplias avenidas, plazas y parques , estableciendo las bases del Londres moderno . Y aquí dejaremos a los londinenses en pleno trabajo de reconstrucción de la que en poco tiempo iba a convertirse en la capital del Imperio más poderoso del siglo XIX y nada mejor que cerrar este artículo con las palabras del escritor más grande en lengua inglesa , nuestro viejo amigo William Shakespeare que escribió “El desdichado no tiene otra medicina que la esperanza.” La mañana de aquel miércoles de primeros de septiembre de 1666 los londinenses debían sentirse muy desdichados pero ,como siempre ha hecho el ser humano a lo largo de su historia, conservaron la esperanza, se levantaron y erigieron una ciudad que hoy nos sigue admirando a todos. Una lección que nunca debemos olvidar, por muy grande que sean las desgracias siempre existe la posibilidad de volver a levantarse y crear un futuro mejor. 

Quería terminar este artículo con la fotografía de uno de los símbolos del renacer de la capital inglesa después del incendio, la nueva catedral de San Pablo, diseñada por Christopher Wren y construida entre 1676 y 1710 sobre las ruinas de la antigua catedral que había sido destruida por las llamas y que también se llamaba de San Pablo. Su cúpula es la segunda mayor del mundo después de la de la Basílica de San Pedro en el Vaticano y si ya fue un símbolo del renacer de Londres en el siglo XVII más aún lo sería después de ser uno de los pocos edificios que sobrevivió en la zona donde se encontraba  indemne a los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial . De las cenizas de aquel incendio nació una ciudad más hermosa y moderna que se convertiría en una de las ciudades más importantes del mundo. Una lección de la historia , donde incluso en los peores momentos hay lugar para la esperanza (imagen procedente de http://commons.wikimedia.org ) 

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