GRANDES EXPLORADORES: EL DESAFÍO DE LOS TEPUYES, LAS ISLAS EN EL TIEMPO (PRIMERA PARTE)

Al sureste de Venezuela y extendiéndose un poco más allá de las fronteras con Brasil y Guayana, fronteras que  el hombre ha trazado artificialmente en una naturaleza que no entiende de naciones, se encuentra uno de los pocos territorios en el planeta del que aún podemos decir que quedan partes sin explorar, un lugar donde el viajero puede encontrar caudalosos ríos, cataratas que se despeñan desde cientos de metros de altura, valles profundos y cubiertos de selva impenetrable , una extraordinaria diversidad biológica y unas misteriosas fortalezas naturales, que se erigen solemnes como catedrales góticas en medio de la selva, cientos de metros sobre el atónito visitante que se encuentra a los pies de sus murallas y que los indios pemones que habitan esta región llaman  Tepuyes , termino que significa “montaña”, “cerro” o también y más apropiadamente , “la morada de los dioses”, pues eso es lo que parecen estos colosos, considerados las montañas más antiguas de la Tierra , auténticas islas en el tiempo que desafían el paso de millones de años , ocultando aún hoy algunos de sus secretos.
 Este lugar extraordinario, más aún en un planeta donde el hombre parece haber mancillado ya todos sus rincones, es la Gran Sabana de Venezuela, con 10.820 kilómetros cuadrados de extensión y situada dentro del gran Parque Nacional de Canaima, que con sus treinta mil kilómetros cuadrados es el sexto parque nacional más grande del mundo y en el año 1994 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Así describe el escritor español Javier Jayme en su libro “Pioneros de lo imposible” un amanecer en la Gran Sabana venezolana “El amanecer es la hora transparente de la Gran Sabana. El viento está en calma , la neblina ausente y los tepuyes exhiben perfiles nítidos y volúmenes claramente contrastados por encima y por debajo de sus sempiternos collares de nubes, más blancos y definidos  que nunca a la cruda luz del sol naciente. El aire es de una pureza asfixiante. El silencio resuena hasta en la piel. Incluso los olores , trasegados de lluvias y efluvios tropicales, son aquí distintos. El paisaje no tiene igual: un inmenso mar de hierba rala, inundado de luz y, sobre el inagotable telón del horizonte , las inimitables torres de piedra, azulino el semblante, que se alzan evocando lo pretérito y lo inalcanzable”  Os invito hoy a que me acompañéis a conocer este auténtico mundo perdido.

Aquí vemos una de las representaciones posibles de los dos grandes supercontinentes , Laurasia al norte y Gondwana al sur que antes habían formado un único supercontinente llamado Pangea. Una vez separados en dos , tanto Laurasia como Gondwana se descompondrían en más continentes. Así, de Laurasia surgirían América del Norte y el continente euroasiático, mientras que Gondwana se separaría en África, América del Sur , India , Australia y Antártida . El Macizo de las Guayanas donde hoy encontramos los Tepuyes permanecerían unidos a la placa de Sudamérica. (imagen procedente de http://buysellmines.blogspot.com )

La Gran Sabana se asienta sobre lo que los geólogos denominan el Escudo Guayanés o Macizo de las Guayanas , una formación geológica que se extiende desde el curso del río Orinoco en Venezuela hasta la selva del Amazonas , dentro de los territorios de la propia Venezuela, Colombia,Brasil, Guayana, Surinam y la Guayana Francesa. Sus orígenes hay que buscarlos en el Precámbrico  cuando se formó la primera corteza continental , un proceso que tuvo lugar en un periodo de tiempo que oscila entre los 3800 millones y los 2800 millones de años de años . Esta primera corteza es a la que los geólogos denominan escudos y constituyen el núcleo de nuestros continentes . Sobre estos escudos de granito fueron acumulandose todo tipo de materiales sedimentarios durante cientos de millones de años , alcanzado espesores casi inimaginables, de miles de metros. Ahora, si avanzamos en el tiempo hasta hace 250 millones de años encontramos que existía un único supercontinente , Pangea, que cincuenta millones de años después se dividirá en dos , Laurasia y Gondwana .
Sería en el Cretácico, hace entre 145 y 65 millones de años, cuando Gondwana se divide y surgen , Sudamérica, África, Australia, la Antártida , Madagascar y el subcontinente indio. El Océano Atlántico inundó el espacio que separaba África de Sudamérica y el Escudo Guayanes permaneció unida a la placa continental de Sudamérica . Durante los siguientes millones de años la erosión fue desgastando la colosal acumulación de sedimentos de miles de metros de espesor, el viento, la lava y el agua fueron tallando y dando forma al paisaje y hace unos cuatro millones de años aquellos depósitos de sedimento erosionado se habían convertido en los Tepuyes , las monumentales fortalezas constituidas principalmente de arenisca y cuarzo , las montañas mas antiguas de la Tierra que nunca se han encontrado bajo la superficie del mar ni han sido cubiertas por el hielo de una era glaciar, islas biológicas que han creado sus propios ecosistemas y albergan especies animales y vegetales que sólo se encuentran en ellos. Tienen la forma de una mesa , coronados no por un pico sino por una meseta plana que puede tener dimensiones tan increíbles como la del Auyan Tepui, cuya cima en forma de meseta tiene una extensión de setecientos kilómetros cuadrados.

Fotografía del Auyan-Tepuy  o “La Montaña del Diablo” en la lengua de los indios pemón que habitan en esta región situada dentro del Estado Bolivar que, a su vez, pertenece a Venezuela. No es el más alto con sus 2535 metros de altura pero si el que tiene una cima de mayores dimensiones, con 700 kilómetros cuadrados de extensión. En la fotografía podéis ver las características paredes verticales que parecen más las murallas de una fortaleza, también vemos como la vegetación lo cubre todo justo hasta el comienzo del Tepuy  y aunque no aparece en la imagen y hablaremos de ello en la segunda parte de este artículo , desde el Auyan-Tepuy se despeña la catarata más alta del mundo, el Salto del Ángel. Suelen estar siempre rodeados por nubes bajas y niebla y las mesetas que coronan los tepuyes son auténticos mundos perdidos con formas de vida vegetal y animal exclusivas de este entorno (imagen procedente de http://blog.travelpod.com )

Sobre estos monumentos de la naturaleza los indios pemónes tienen una explicación mitológica, pues para ellos los tepuyes serían los restos de los gigantescos Árboles de la Vida que habrían talado las divinidades , quedándose a vivir en la cima. No se trataban siempre de dioses bondadosos, pues los pemones hablan con aprensión de los “Canaima”, espíritus maléficos que habitarían en los Tepuy, y se ocultarían en el interior de la montaña dispuesto a capturar el alma del incauto que pretenda caminar sobre la superficie de los tepuyes. A este dios maléfico  debe su nombre el Parque Nacional Canaima que ya he mencionado antes, donde se encuentra la Gran Sabana y los Tepuyes. Y no es extraño que los pemones observasen con temor aquellas moles pétreas pues no sólo su aspecto es intimidatorio ,con esas paredes de centenares de metros que arrancan desde el suelo de la selva y rodeadas por una vegetación casi impenetrable, además sus cimas aparecen casi siempre ocultas por un cinturón de nubes que las rodean , dándole aún más si cabe un aire de misterio de unas montañas que llevan observando el mundo desde su altura desde más tiempo que ninguna  otra formación geológica del planeta .

Mapa del estado venezolano de Bolívar con una superficie de 242.801 kilómetros cuadrados de los que 30.000 kilómetros corresponden al Parque Nacional Canaima que , como vemos en el mapa, es fronterizo con Guayana y Brasil, y dentro del Parque Nacional están comprendidos los 10.000 kilómetros cuadrados de la Gran Sabana , el territorio en el que se levantan los grandes Tepuyes. El Estado de Bolívar es cruzado por el Macizo de las Guayanas  y sus dos poblaciones principales son Ciudad Bolívar y Ciudad Guayana , de las que hablaremos más adelante (imagen procedente de http://www.ecochallenge.ws )
Pero si los indios vivían en esta región, donde las temperaturas  son suaves y oscilan entre los 13 y los 20ºC, desde hacía milenios, ¿quienes fueron los primeros europeos en tratar de ocupar y explorar esta región descubriendo la Gran Sabana y los Tepuyes? Tenemos que viajar ahora hasta el siglo XVI, cuando ha comenzado la ocupación española del continente. Hernán Cortés (1485-1547) ya ha conquistado el Imperio Azteca  mientras que Francisco Pizarro (1478-1541) ha hecho lo propio con el Imperio inca. Mientras, en la zona que hoy ocupan Venezuela, Ecuador y Colombia diferentes hombres se encargan de las conquistas como Sebastián Belalcázar (1480-1551), conquistador de Quito y fundador entre otras ciudades  de Guayaquil y de Santiago de Cali, y Gonzálo Jimenez de Quesada (1509-1579), fundador de la ciudad de Santa Fe de Bogotá y del reino de Nueva Granada. Como ya hemos visto en otros artículos del Mentidero, fue en esta época cuando surgió el mito de El Dorado. Los indios muiscas habían descrito a Gonzalo Jiménez de Quesada  la ceremonia que se celebraba en la Laguna de Guatavita , una especie de investidura de poder del heredero del cacicazgo quién cubría su cuerpo con polvo de oro y en presencia de todo el pueblo lanzaba a las aguas de la laguna oro y esmeraldas como ofrenda a los dioses.
La leyenda de este lago que albergaría un tesoro con ingentes cantidades de oro no tardaría en extenderse entre los diferentes conquistadores españoles que se lanzaron en su búsqueda, desde el propio Sebastián de Belalcázar,que dirigió una expedición en la que no encontró El Dorado pero si fundar Guayaquil, una expedición conjunta de Gonzalo Pizarro(1510-1548) y Francisco de Orellana (1511-1546) que permitiría a este último convertirse en el primer europeo en recorrer el curso del Amazonas hasta su desembocadura o la que años después, en 1569, dirigiría Gonzalo Jimenez de Quesada hacia Los Llanos, una región de extensas sabanas entre las actuales Colombia y Venezuela. Esta expedición había partido de Santa Fe de Bogotá en abril de 1569 al frente de cuatrocientos españoles y mil quinientos indios , expedición que se prolongaría durante  más de tres años en la búsqueda del misterioso lago donde se hallaba El Dorado , alcanzando hasta el punto donde confluyen los ríos Orinoco y Guaviare , en la actual frontera entre Venezuela y Colombia y junto al Macizo de la Guayanas, pero en este punto tuvieron que dar media vuelta al no disponer de embarcaciones para navegar el río.

En este mapa podemos ver el punto aproximado que alcanzó la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada en diciembre de 1571 en la confluencia entre el río Guaviare y el Orinoco a la altura de la localidad que aparece en el mapa co el nombre de San Fernando de Atabapo, justo en la frontera entre Colombia y Venezuela . No pudo seguir el viaje descendiendo el curso del Orinoco porque no disponía de naves para ello y regresó a Bogotá un año después terminando una de las expediciones más nefastas de la conquista española sin ningún resultado practico y , como no podía ser de otro modo, sin hallar El Dorado (imagen procedente de http://www.atlasescolar.com.ar ) 
Gonzalo Jiménez de Quesada regresó a Santa Fe de Bogotá en diciembre de 1572 sin haber hallado El Dorado, entre otras cosas porque nunca existió, y de los cuatrocientos españoles que habían iniciado con el la expedición en 1569 volvían solo 64, y de los mil quinientos indios que los acompañaban sólo sobrevivieron cuatro además de dieciocho caballos , únicos supervivientes de los mil cien caballos que Jiménez de Quesada se había llevado en su viaje. Fue una de las expediciones más desastrosas y ruinosas en la historia de la conquista y colonización de América. Gonzalo Jiménez de Quesada moriría siete años después, el 16 de febrero de 1579, víctima de la lepra. Entre los títulos que había ostentado Jiménez de Quesada se hallaba el de gobernador de El Dorado, aunque todavía no se  sabía dondes se hallaba el ya mítico reino. Poco después de su muerte y muy lejos de allí, en casa del gobernador de las Alpujarras, en España, se recibía una carta donde se les anunciaba que la esposa del gobernador de las Alpujarras, sobrina de Jiménez de Quesada, y su esposo habían sido designados herederos de los bienes y títulos de Quesada.
¿Quién era el gobernador de la Alpujarra que,  a la entonces ya avanzada edad de cincuenta y tres años, iba a viajar a América para seguir los pasos de Quesada en busca de El Dorado? Su nombre era Antonio de Berrío  y había nacido en Segovia en 1527, aunque hay cierta incertidumbre sobre la fecha de su nacimiento. Desde los catorce años había entrado a formar parte de los ejércitos del emperador Carlos V(1500-1558), participando en diferentes campañas en los territorios imperiales, desde Italia a Flandes  y el Norte de África y ya en España formo parte como capitán de una compañía de caballería de la campaña que lanzó Felipe II (1527-1598) para sofocar la conocida como Rebelión de las Alpujarras en la que población musulmana que había permanecido en España después de la conquista del reino de Granada  en 1492 se sublevó ante los intentos de la corona por recortar sus libertades religiosas y prohibirles incluso el uso su lengua. La Rebelión se prolongó desde 1568 a 1571 terminando con la victoria de las tropas de Felipe II y Berrío tuvo un servicio muy distinguido que le permitió poco después ser nombrado gobernador de las Alpujarras.

Y es entonces , cuando en 1580 llegaba la noticia de la muerte de Quesada y la herencia que les correspondía.  Viajan a América y se hacen cargo de la herencia del conquistador y fundador de Bogotá. Y como si ningún español pudiera escapar de la enfermedad contagiosa del Dorado, unos indios que habitaban los llano colombianos informan a Antonio de Berrío que más allá del curso del Orinoco, en la región de la Guayana , se hallaba un lugar que contenía inmensas riquezas en la que encontraría además un lago misterioso al que llamaban Parima y una ciudad , Manoa, a sus orillas. Y ya tenemos a Berrío dispuesto a emprender en 1583 un viaje de exploración en búsqueda de este lugar de riquezas infinitas. Sin duda, los indios, conociendo la codicia y el amor por el oro de los españoles,no dudaban en indicarles lugares llenos de tesoros que, curiosamente, siempre se encontraban  en lugares muy alejados , cuanto más lejos mejor. Era su forma de dessembarazarse de la presencia de los soldados españoles. Sea como fuere, aquel año Berrío escribe al rey Felipe II anunciándole sus intenciones  “Que sea Dios servido que se descubra esta provincia oculta , y se convierta a la fe católica a gran cantidad de gentes, y se acreciente en mucho el patrimonio real por amor de Dios. Vuestra Majestad sea servido mandar que se hagan en España algunas oraciones por el buen suceso de ella”

DOCUMENTAL SOBRE EL CURSO ALTO DEL ORINOCO  Y LA POBLACIÓN INDÍGENA DE LA REGIÓN  

Es un documental que ya tiene décadas de antigüedad realizado por el gran naturalista español Felix Rodríguez de la Fuente (1928-1980) donde nos muestra la vida en el curso alto del Orinoco, no muy distinta a la que tuvieron que observar Gonzalo Jimenez de Quesada y Antonio de Berrío en sus expediciones a la búsqueda de El Dorado

A esta primera expedición de 1583 le sucede una segunda en 1589 en las que recorre la región de los Llanos y parte del curso alto del Orinoco. Me detengo un momento aquí para deciros que el Orinoco es uno de los más caudalosos y largos ríos de América , con 2140 kilómetros de longitud, aunque no se puede comparar a las 6800 kilómetros de longitud del Amazonas . La practica totalidad de los ríos de Venezuela son afluentes del Orinoco que es navegable en todo su recorrido hasta su  desembocadura. Uno de sus principales afluentes es el Guaviare y ya vimos como Gonzalo Jimenez de Quesada había alcanzado en su expedición la confluencia entre los dos ríos. En la tercera expedición organizada por Antonio de Berrío supera este punto y continúa descendiendo el Orinoco hasta llegar al punto en que recibe las aguas del Caroní , el segundo río en importancia de Venezuela y el principal afluente del Orinoco, que nace en la Guayana de Venezuela, donde se encuentra la Gran Sabana y los Tepuyes. Escribe Berrío “El gran río llamado Caroní baja desde Guayana y no es navegable a causa de una cascada ; pero más arriba, en las tierras de un jefe llamado Morequito, terminan las montañas y comienza la provincia de Guayana, tras la cual se hallan las de Manoa y El Dorado y muchas otras provincias. Entraré en Guayana sin demora y, si hay una sola de veinte partes de lo que se cree, será más rica que Perú.” 

Concluida la expedición de 1590 después de construir el fuerte de Santo Tomé que con el tiempo se convertirá en la actual Ciudad Guayana junto al cauce del Caroní, Berrío se propone buscar más hombres para organizar una nueva expedición y para ello se dirige a la isla Margarita , frente a la costa de Venezuela. Entonces le llega la mala nueva de que su esposa y sobrina de Jimenez de Quesada, acaba de fallecer y que además no queda nada de la fortuna que habían heredado del conquistador . La familia de la esposa enredan a Berrío en una disputa legal por las posesiones que todavía conserva y también por el título de gobernador de El Dorado. En estas disputas transcurre el tiempo y nos encontramos ya en el año 1595. Berrío no ha podido emprender ninguna nueva expedición hacia Guayana cuando ,para su sorpresa, llega a la  costa no la ayuda que Berrío había solicitado al rey Felipe II, sino dos barcos con bandera inglesa bajo el mando de Walter Raleigh(1552-1618), navegante, político y también escritor que se hallaba entre los favoritos de la reina de Inglaterra Isabel I(1533-1603)

Walter Raleigh , además de navegante, prestó sus servicios como corsario al servicio de la corona, participó en los enfrentamientos con la Armada Invencible de España en 1588,  fue consejero de la reina Isabel I que le tenía en gran estima e incluso hubo rumores de una relación amorosa o al menos platónica, fundó la primera colonia inglesa en América del Norte a la que llamó Virginia, escribió una “Historia del Mundo” y también su Descubrimiento del grande, rico y bello imperio de Guayana” donde relata su primera expedición de 1595 a Guayana , que repetiría en 1617. Sin embargo,a pesar de todos estos servicios prestados a Inglaterra, Raleigh acabaría siendo decapitado por orden del sucesor de Isabel I en el trono inglés Jacobo I para congraciarse con España. Su esposa ordenó que el cuerpo de Raleigh fuera enterrado pero hizo embalsamar la cabeza de Raleigh durante 29 años y luego fue heredada por su hijo Carew que la conservó hasta su muerte en 1666 siendo enterrado hijo y cabeza juntos. Raleigh dio aliento al mito de El Dorado en Inglaterra al mismo tiempo que popularizaba el uso del tabaco    (imagen procedente de http://www.tudorplace.com.ar)

Aunque en un principio engaña a Berrío haciéndole creer que sus intenciones son buenas, toma por sorpresa la ciudad donde se hallaba Berrío, San José de Orduña, y captura al propio Berrío al que tenía especial interés en llevar consigo ya que sabía que podría ser la guía perfecta para alcanzar lo que todos pensaban que era el mítico reino de El Dorado. Raleigh conocía esta historia ya que siempre había mostrado mucho interés en los descubrimientos y conquistas españolas en América  y había incluso aprendido español para poder leer las obras de los cronistas españoles que describían sus aventuras en el continente. El propio Raleigh escribe “Hace muchos años tuve conocimiento de la existencia de ese poderoso reino , rico y bello imperio de Guayana y de aquella gran ciudad dorada a la que los españoles llaman El Dorado y los nativos Manoa” .  Así vemos como una fantasía sin ninguna base real más que las noticias confusas y contradictorias que les daban los indios, se había convertido para aventureros de todas partes en una realidad incuestionable y objeto de disputa. Pero Raleigh también era un caballero y apreciaba sinceramente a Berrío “Este Berrío es un verdadero caballero , que ha servido durante largos años al rey español, muy valiente y liberal , y un hidalgo de gran confianza y con un gran corazón”
Ya podemos imaginarnos que a Berrío no le hacía ilusión alguna ayudar al inglés a encontrar aquello que él llevaba años buscando y que creía estar muy cerca de hallar, por lo que trató de desanimar por todos los medios posibles a Raleigh, exagerando  los obstáculos que iban a encontrar, lo insano del clima, las enfermedades, el hambre que les acosaría durante todo el viaje, pero nada disuade al navegante inglés de sus intenciones y los preparativos siguen adelante. Después de remontar con grandes dificultades el Delta del Orinoco, guiados por Berrío que no tenía otra alternativa, llegan a la confluencia con el Caroní donde tienen que abandonar los botes, ya que la corriente del Caroní en plena época de lluvias era demasiado fuerte para  remontarla. Siguen por tierra caminando por un territorio que Berrío conocía a la perfección. Sin embargo ,Raleigh se dio cuenta que en aquella ocasión y con los hombres que tenía no podrían llegar más lejos , era necesaria organizar otra expedición con más hombres y medios. Sin embargo, antes de terminar la expedición había podido contemplar algo extraordinario.

Raleigh no se aproximó tanto como para tener una vista tan espectacular de los tepuyes como la de la fotografía  pero fue el primer en describirlas aunque Berrio las conocía desde muchos años atrás. Sin embargo, tendrían que pasar todavía varios siglos antes de que el hombre tratara de alcanzar sus elevadas cumbres, esas donde los indios pensaban que vivían los dioses . Rumores y leyendas de cimas llenas de oro o piedras preciosas acompañan a estas colosales fortalezas de arenisca y cuarzo (imagen procedente de http://serengety-places.blogspot.com )
Así lo contaría Walter Raleigh en su “Descubrimiento del grande, rico y bello imperio de Guayana”, donde realiza la crónica de este viaje . En este fragmento hace referencia a un lugar llamado la Montaña de Cristal de la que le habían hablado y había tratado de llegar al lugar  “donde me habían dicho que estaba la Montaña de Cristal; pero lo cierto es que, debido a la larga distancia y a lo desfavorable de la estación, no pude encaminarme hacia allí ni perder más tiempo en el viaje. Vista desde lejos recordaba la torre blanca de una iglesia altísima. Desde su cima se precipitaba un grande y poderoso río sin tocar la ladera en ningún punto de la montaña. Producía un estruendo tan clamoroso como el que causarían mil campanas gigantes sonando a la vez. Dudo que exista en el mundo otra catarata tan singular y maravillosa. Berrío me dijo que contiene diamantes y otras piedras preciosas , que se ven brillar desde muy lejos ; pero lo que haya de cierto en esto yo no lo sé pues ni él ni ninguno de sus hombres habían ascendido hasta su cima, debido a que los habitantes de los alrededores eran enemigos suyos y por ser impracticable sus pasos”. Lo que Raleigh estaba describiendo era ni mas ni menos que un Tepuy.
Aquí terminaba la expedición de Raleigh que liberaría a Berrío y éste moriría dos años después,  en 1597 ,a los setenta años de edad en el fuerte de Santo Tomé que había fundado junto a las aguas del Caroní y que, como ya vimos, sería el origen de la actual Ciudad de Guayana. A su muerte su hijo y heredero Fernando de Berrío (1577-1622), asumiría el cargo de gobernador de El Dorado y continuaría con las expediciones en el territorio hasta un numero superior a las veinte y en el transcurso de las cuales se dice que fue el primer hombre en contemplar el celebre Salto del Ángel del que ya hablaremos en la segunda parte de esta historia. El camino de Fernando de Berrío se cruzaría también con el de Walter Raleigh cuando este regresó a Guayana en 1617. Fernando había tomado la precaución de mejorar las fortificaciones de Santo Tomé y allí hizo frente a los ataques de Raleigh que, sin embargo , terminó destruyendo la ciudad y algunos otros puestos españoles. Pero a pesar de ello , cuando Raleigh regresa a Inglaterra será detenido por orden del rey inglés, sucesor de Isabel I, Jacobo I (1566-1625) atendiendo las exigencias del embajador español que consideraban las acciones de Raleigh como actos de piratería.

Mapa que dibujó Walter Raleigh durante su segunda expedición a la Guayana con la supuesta localización de El Dorado en base a los relatos de los indios. A su regreso nadie tomó en serio el mapa ni las afirmaciones de Raleigh que para entonces ya había caído en desgracia y sería ejecutado poco después por orden el monarca inglés Jacobo I para regocijo de los españoles. Cuatro años después de la muerte de Raleigh moriría Fernando de Berrío , que había luchado contra el inglés y que al igual que este, ahora caía en desgracia por comerciar con Inglaterra , siendo destituido y hallando la muerte como prisionero de los piratas berberiscos que le capturaron cuando trataba de regresar a España. Habrá que esperar tres siglos para que de nuevo una expedición trate de aproximarse no a El Dorado,que parecía traer sólo desgracias a quién se obsesionaba con su búsqueda,  sino al tesoro natural de los Tepuyes y sus secretos (imagen procedente de http://www.taringa.net )
En aquel momento a Jacobo I le interesaba mantener buenas relaciones con España pues tenía proyectado una alianza matrimonial entre ambas coronas y Raleigh era un precio que podía pagar el monarca inglés para favorecer sus planes  . De esta forma Raleigh,que tanto había hecho por su país fundando la primera colonia inglesa en América a la que dio el nombre de Virginia y combatiendo sin descanso a los españoles además de ser el encargado de popularizar el consumo del tabaco en Europa, fue decapitado en Londres el 29 de octubre de 1618. En cuanto a Fernando de Berrío, al igual que le había sucedido a su padre, las expediciones en busca de El Dorado terminaron arruinándole por lo que permitió el comercio de tabaco con los ingleses para lograr algunos ingresos, lo que estaba prohibido por la corona española. Por ello fue sancionado destituyéndole de su cargo. Fernando zarpó rumbo a España para defender su postura pero nunca llegaría a pisar la Península, pues su barco fue apresado por piratas berberiscos que lo llevaron a Argel, donde hallaría la muerte por peste en 1622. Como podemos ver, El Dorado, más que la riqueza traía la ruina de los que se obsesionaban con su búsqueda. Y por hoy dejamos aquí la historia, pero mañana seguiremos dando un salto en el tiempo hasta el siglo XIX  y los nuevos exploradores que rasgaran el velo de misterio de los Tepuyes.