OCCIDENTE COMO REHÉN . HACIA UNA NUEVA CRISIS DEL PETRÓLEO Y EL FUTURO DE LAS REVOLUCIONES

Mientras Europa se debate entre el estupor , la incredulidad y la parálisis ante el tsunami revolucionario que amenaza con arrasar todo el mundo musulmán, desde Marruecos al oeste hasta Pakistán al este, los fantasmas de una escalada en el precio del petróleo se cierne sobre las economías occidentales , convalecientes aún de la grave crisis en la que ha estado sumida durante los últimos tres años y de la que algunos ni siquiera han logrado salir, como es el caso de España. En estos momentos, la economía europea y americana es como un paciente que acaba de salir de una grave enfermedad pero se halla tan débil que incluso un leve catarro podría agravar su estado hasta dejarle moribundo.
Napoleón Bonaparte decía que “en toda revolución hay dos clases de personas, los que la hacen y los que se aprovechan de ella” . Si observamos los resultados de las revoluciones de los últimos siglos, empezando por la Revolución Francesa de 1789, de la que se aprovechó Napoleón Bonaparte al proclamarse emperador estableciendo un nuevo gobierno de corte absolutista, pasando por la Revolución Rusa donde la utopía de un gobierno para el pueblo que les librase de la tiranía del zar Nicolás II terminó, como sabemos , con la dictadura de los soviet durante setenta años, o más recientemente la Revolución en Irán donde sustituyeron un emperador por un ayatola, en todas ellas la revolución fue alimentada con la sangre del pueblo, en todas ellas se gritaba por la libertad y se moría defendiendo los más altos ideales, pero el poder queda al final en manos de los que se esconden hasta esperar el momento oportuno.
El escritor italiano Giuseppe Tomasso di Lampedusa (1896-1957) escribió una obra titulada “El Gatopardo” donde nos sitúa en la Italia del año 1860, cuando las tropas dirigidas por Garibaldi, que luchan por la independencia de Italia , ocupan Sicilia y la aristocracia entiende que llega el fin de una época , donde la nobleza pierde su supremacía en favor de la la burguesía y las clases medias, y uno de los protagonistas, el sobrino de un aristócratas se alista en las filas garibaldinas para aprovechar la situación. En el transcurso de la obra se produce el siguiente diálogo entre dos personajes que hablan sobre la revolución dirigida por Garibaldi
– “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie
– ¿Y ahora que sucederá?
– ¡Bah, Tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado. Una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”   
Catherine Ashton,jefe de la diplomacia de la Unión Europea y Trinidad Jiménez, ministra de Asuntos Exteriores de España fotografiadas antes de la declaración de la Unión Europea sobre los hechos en Libia.. En medio de las informaciones acerca de los bombardeos de aviones libios sobre el pueblo causando cientos de víctimas, la posición de Europa ha sido  pedir “contención a todas las partes”
Desde la aparición de esta obra se ha dado el nombre de lampedusiano o gatopardista tanto a los políticos que introducen leves reformas para contentar al pueblo y seguir en el poder sin cambiar nada sustancial, como a aquellos que se aprovechan del esfuerzo revolucionario de las masas para, una vez agotado este impulso, ocupar el vacío de poder y tomar las riendas del gobierno, imponiendo su autoridad de nuevo y haciendo que para el pueblo, después de todo, las cosas hayan cambiado para seguir como estaban.
Estas semanas he dedicado varios artículos a analizar la historia y situaciones particulares de Marruecos, Argelia, Libia, Egipto, Jordania, Yemén, Siria, Arabia Saudi, Irán, Bahrein o Túnez, las causas que dieron lugar a estas revoluciones después de décadas de gobiernos tiránicos, mantenidos ante el silencio y la complacencia de Occidente. El proceso iniciado en Túnez no se puede detener, sería como disparar contra una inmensa ola que va a sepultarnos bajo toneladas de agua, ahora lo que hay que tratar de entender es las posibles consecuencias para  el mundo en general, y para Occidente en particular.
Ahora daremos un pequeño salto en el tiempo para remontarnos al año 1973. El 6 de octubre de ese año los ejércitos de Siria y Egipto lanzaron un ataque conjunto contra Israel aprovechando que los hebreos estaban celebrando la fiesta del Yom Kippur, por lo que esta guerra fue conocida con el nombre de Yom Kippur. Las tropas sirias llegaron a penetrar más de ocho kilómetros en territorio israelí mientras los egipcios tomaban posiciones en el desierto israelí. Pero después de dos días, los israelíes realizaron un fuerte contraataque que puso sus tropas a sólo 40 kilómetros de Damasco , la capital Siria y también avanzaron hacia el Canal de Suéz. Cuando Israel ya tenía la victoria en su mano las dos potencias mundiales, Estados Unidos y la Unión Soviética forzaron la firma de un alto el fuego el 11 de noviembre de 1973.
En la fotografía una fila de vehículos esperando para poder echar gasolina en el año 1973 en los comienzos de la Crisis del Petróleo iniciada con el embargo de petróleo de los países árabes a las naciones que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kippur. El resultado fue una recesión a nivel mundial, con incrementos del desempleo, la inflación y una reducción de la producción , llegando incluso a racionarse la gasolina y la calefacción
Durante el transcurso de esta guerra, el 17 de octubre , los miembros de la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo acordaron no exportar más petróleo a aquellos países que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kipur, incluyendo a Estados Unidos y Europa Occidental. Además, al reducir la producción forzaron la subida del precio del barril, que llegó a cuadriplicar su precio normal. El caos se adueño de Occidente, los precios de la gasolina en Estados Unidos se duplicaron y Wall Street perdió 97.000 millones de dólares en apenas seis semanas y llegó a sufrir escasez de combustible, por primera vez desde el transcurso de la II Guerra Mundial forzando a cerrar oficinas y fábricas para ahorrar combustible y calefacción, lo que a su vez provocó una reducción de la producción y el despido de miles de trabajadores y se alcanzó el extremo de emitir cupones de racionamiento de la gasolina. 
Todo ello fue acompañado por una gran subida de precios de todos los productos derivados del petróleo y también por el aumento del coste del transporte de mercancías, que repercutían el aumento del precio del combustible cada vez más escaso y , por lo tanto, más caro. Al aumentar el desempleo, subir la inflación y reducir la producción , Occidente entró en recesión empeorando las condiciones de vida de jubilados, desempleados y jóvenes . Aunque Europa no sufrió el embargo al mismo nivel que Estados Unidos, ya que  el 6 de noviembre emitieron varias naciones europeas conjuntamente una declaración proárabe que hizo que le fuese levantado el embargo. Sin embargo, aunque no hubo la escasez de combustible de Estados Unidos, si sufrieron la brutal subida de precios, acabando en algunos países como Francia con décadas de crecimiento económico.
La crisis terminó el 14 de marzo de 1974, cuando las naciones árabes decidieron terminar con el embargo de petróleo a Estados Unidos. Como suele suceder en todas las crisis, tanto en las personales como en las nacionales, se hicieron muchas promesas para evitar esa dependencia energética del petróleo y , por lo tanto, de los inestables países musulmanes, se iban a desarrollar energías alternativas que fueran sustituyendo al petróleo y políticas de control de los precios para que la inflación no se disparase a tanta velocidad. El escritor español Eugenio Trías dejo escrito que “las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra” Y es cierto, siempre y cuando no se olviden las enseñanzas que nos dejan .
Ni la energía eólica, ni la energía solar , ni la energía hidráulica, todas ellas dentro de lo que llamamos energías renovables , tienen capacidad para sustituir  al petróleo que hace moverse al mundo. No aprendimos nada de la crisis del 1973 y 35 años después la dependencia no sólo no ha disminuido sino que se ha incrementado
Volvamos a nuestros días. El día 20 de febrero de 2011, con las noticias de centenares de muertos en Libia causados por la orden del líder libio Muamar al-Gadafi de bombardear a su propio pueblo. La Unión Europea emitió la siguiente declaración : “Condenar la represión en curso de manifestantes pacíficos y deplorar la violencia y la muerte de civiles. La libertad de expresión y el derecho de reunión pacífica son derechos fundamentales de todo ser humano que deben ser respetados y protegidos” y termina la declaración pidiendo “contención por ambas partes” . ¿Dónde está la condena directa a Muamar al-Gadafi? No la busquéis porque no se ha pronunciado e incluso , por iniciativa del presidente italiano Silvio Berlusconi, se quiso añadir una frase en favor de la integridad territorial de Libia.
¿Por qué este silencio? Muy sencillo. Libia es la octava productora de petróleo del mundo, y tan sólo después de tres días de enfrentamientos que han forzado una reducción de la producción , el precio del barril del petróleo Brent a pasado de 100 dólares a 108 dólares, con una subida en el momento en que escribo del 2% en tan sólo 24 horas. La peor noticia para Europa y Estados Unidos es el caos en Libia, pero si ese caos se extendiese a Irán o Arabia Saudi ya no sería una mala noticia, sería el pánico. Después de 36 años desde el fin de la Crisis del Petróleo que os acabo de describir, no solo seguimos con la misma dependencia del petróleo de entonces sino que la hemos incrementado.
En la Unión Europea hay 500 vehículos por cada mil habitantes, en Estados Unidos esta proporción se eleva a 700 vehículos por cada mil habitantes y en China, con una población de 1.400 millones de personas , su número sólo es de 30 vehículos por cada mil habitantes , con lo que en los próximos años, sólo para poder abastecer el incremento forzoso del mercado chino, pues se hallan en plena expansión económica, será necesaria la producción de tres Arabias Saudi. Y eso sólo para alimentar los tanques de gasolina de nuestros coches. Me diréis ¿y las energías renovables? No existe país en el mundo que pueda funcionar con la energía proporcionada por las energías renovables, los coches eléctricos son poco más que una curiosidad en estos momentos y desde las fábricas hasta los buques de la marina mercante necesitan de los derivados del petróleo para funcionar. No, en estos momentos las energías renovables no nos salvarán de una crisis del petróleo.
Mahmud Ahmadineyad , primer ministro de Irán, y Hugo Chavez, presidente de Venezuela, son dos de los personajes que se están frotando las manos ante una posible crísis del Petróleo. Por su falta de previsión, Occidente se ha convertido en rehén de individuos que no respetan los derechos humanos ni la libertad, y el precio que tenemos que pagar es el silencio y el miedo ante lo que pueda suceder si las principales reservas de petróleo cae en manos de partidarios del fundamentalismo iraní 
¿Consecuencias? Ya las hemos visto. Si se reduce la producción por los conflictos que afectan a los países productores, las consecuencias no se harán esperar. Subida del precio del petróleo y con ello una subida inmediata de los transportes al aumentar el precio del combustible. Si aumenta el precio del transporte también lo harán el de las mercancias transportadas que luego compramos en los mercados. Por lo tanto eso producirá un aumento de la inflación y el rápido empobrecimiento de la poblaciónLa bolsa se desplomará ante la perdida de confianza de los inversores, muchas empresas no podrán mantener su actividad debido al incremento del coste energético, otras reducirán sus jornadas y miles de personas perderán su empleo.
El mundo entraría en una recesión global y no tendríamos armas para combatirla de forma pacífica porque no disponemos de sustituto para el petróleo, ni como combustible ni para sustituir la multitud de productos derivados del petróleo. Hasta la taza de plástico que tenéis encima de la mesa o el tapper que lleváis al trabajo está hecho con petróleo. La energía se halla en todo lo que nos rodea y una crisis energéticas de carácter global paralizaría la economía y la actividad de los países. Si las revoluciones que se desarrollan ahora en los países musulmanes desembocan en gobiernos islámicos como el iraní  todo Occidente se convertirá en rehén de esos gobiernos. El ejemplo ya lo tenemos con la declaración de la Unión Europea sobre los acontecimientos de la Libia de Muamar al-Gadafi, mientras mira por el rabillo del ojo y con temor lo que pueda suceder en la Arabia Saudi de Abdalá bin Abdelaziz, en el Bahreín de Al-Kahlifa y de los movimientos de Mahmud Ahmadineyad y Ali Jamenei en Irán.
Por lo tanto, ante la pregunta de si estamos preparados para una nueva crisis del petróleo, la respuesta es no. Y ese “no” condiciona la actitud de Occidente frente a los acontecimientos de Oriente, estamos en sus manos y las cancillerías tiemblan y desearían que fuesen ciertas las palabras de Lampedusa “que es necesario que todo cambie, para que todo siga igual” . En el dilema entre luchar por la libertad del pueblo o la estabilidad que asegura el suministro del petróleo aunque para ello haya que mantener gobiernos corruptos y opresores, Europa y Estados Unidos tomaron la decisión hace tiempo en favor de la seguridad por miedo. Ahora podemos pagar las consecuencias, porque nada es gratis y los errores terminan pasando factura. 
Muamar al-Gadafi y su régimen caerán  y quedarán reducidos a cenizas  en el recuerdo como este cartel del dictador libio pero el futuro se presenta muy incierto, porque nadie sabe quién se halla realmente detrás de este movimiento genral de los países musulmanes. ¿las redes sociales?Por si solas ellas no explican esta sucesión de acontecimientos y tampoco nos podrán decir lo que surgirá de los escombros de sus revoluciones. ¿Cuál sera el nuevo Napoleón?
Cómo me gusta añadir siempre que trato estos temas, no se trata de ser alarmista ni que esto tenga que producirse de esta forma, ojalá nada de esto se cumpla, pero la única forma de prevenir los acontecimientos futuros es hacer una proyección sobre como estos pueden evolucionar, pues esto es como una partida de ajedrez y hay que tener previstos los movimientos de la partida. Por desgracia, nuestros gobiernos se limitan a reaccionar según se van sucediendo los hechos y no estamos preparados para el resultado. En un próximo artículo trataré el problema energético en el mundo y como , a pesar de todas las declaraciones y congresos, no se ha avanzado apenas en las últimas dos décadas y las consecuencias que eso puede tener. Como siempre, no habrá responsables.