GRANDES EXPLORADORES: LÁSZLÓ ALMÁSY , EL PADRE DE LA ARENA (SEGUNDA PARTE)

En la primera parte de nuestra historia sobre la vida del explorador , piloto, aventurero , soldado y escritor László Almásy (1895-1951), recorrimos parte de la historia de los viajes de exploración del inmenso desierto del Sáhara, de sus casi nueve millones de kilómetros cuadrados que hasta finales del siglo XVIII había sido un gran vacío en los mapas de África, una región hostil para el hombre en la que muchos exploradores dejaron sus vidas en su intento por desvelar los misterios que ocultaban las arenas del desierto, hombres como Mungo Park (1771-1806) o Friedrich  Hornemann(1772-1801) que hallaron la muerte  mientras recorrían el desierto africano y trataban de descubrir si el Nilo y el Níger estaban conectados , exploraciones impulsadas y financiadas por grupos como la Asociación Africana  y la Royal Society . Las expediciones se sucedieron durante todo el siglo XIX y continuaron en el siglo XX , momento en el que conocimos a un aristócrata húngaro amante de la aviación y los coches, que cuando ya tenía treinta y un años , en 1926, descubrió una nueva pasión en su vida, el desierto.
Llevado de esa pasión vimos como tres años más tarde, en 1929, realizaba su primera gran expedición en busca de una antigua ruta utilizada por las caravanas de comerciantes desde la época del Antiguo Egipto que comunicaba Nubia y el corazón de África con Egipto para vender oro, marfil, ámbar, especial y, sobre todo , esclavos. Era La Darb el Arbain o Ruta de los Cuarenta Días, que desde hacía más de medio siglo había sido abandonada y olvidada , cubierta ya por la arena que ocultaba los huesos de los cientos de miles de esclavos que allí dejaron su vida mientras los conducían hacia una vida de esclavitud después de ser arrebatados de su tierra. Por primera vez aquella ruta había sido recorrida en automóvil , al menos una parte de ella, y fue el primer gran éxito como explorador de Almásy ,y para entonces  ya se había contagiado de ese mal que aqueja a todos los que osan desafiar las vastedades del desierto , un mal que los beduinos habían descrito en uno de sus proverbios  “el desierto es terrible e implacable, pero quién lo haya conocido jamás dejará de intentar volver a él” Almásy no podía dejar de regresar con el pretexto de nuevos misterios y leyendas que desvelar.

En este mapa podéis ver en la parte inferior a la izquierda  la meseta de Jilf el Kebir , junto a la frontera de Egipto con Sudán y Libia, que será donde se desarrollen las expediciones de Almásy durante la década de los años treinta . También aparecen señalados los principales oasis como el de Kharga, el de Siwa, el de Bahariyya o el de Farafra  y al norte de Jilf el Kebir el Gram Mar de Arena, un lugar en el que ningún europeo había entrado hasta que lo recorriera Gerhard Rohlfs en 1874, cuyas descripciones serían muy útiles para Almásy al igual que las de otro explorador,el inglés John Gardiner Wilkinson. En Jilf el Kebir buscaría Almásy la legendaria ciudad de los tejados de bronce, Zarzura (imagen procedente de http://libresenred.blogspot.com )
Es muy posible que mientras realizaba su expedición por la Darb el Arbain  alguno de los beduinos que encontró en su camino le relatase una antigua leyenda que hablaba sobre un lugar mítico, un oasis  o una ciudad, pues había diferentes versiones de la historia, llamado Zarzura , palabra que significa “Oasis de los pajarillos” . Si fue entonces cuando conoció el relato no lo sabemos , ni tampoco las palabras que empleó quién le contase esta leyenda a  Almásy, pero si sabemos que desde el primer momento se sintió cautivado por ella, como él mismo lo relataba  y como recoge el escritor español Javier Jayme en su libro “Pioneros de lo imposible” que estoy utilizando como mi guía para seguir los pasos de Almásy “¿Podré llevar mis coches algún día al encuentro del secreto  más preciado del desierto de Libia? Veo con el pensamiento las áridas llanuras sin fin sobre las que nadie ha encontrado aún el camino a la ciudad perdida y me embarga ese  anhelo  que , a quienes lo conocemos y hemos aprendido a amarlo, nos impulsa continuamente hacia nuevas exploraciones sobre las soledades ilimitadas” A partir de entonces Almásy trató de buscar toda la información disponible sobre la leyenda de Zarzura.
Estudió las diferentes versiones de la leyenda de Zarzura, comprobó que aparecía mencionada en muchos documentos antiguos aunque con un contenido distinto. La leyenda más difundida contaba como un pastor beduino había partido en busca de sus camellos que se habían extraviado en el desierto, y siguiendo sus huellas había llegado por accidente ante una gran ciudad abandonada en medio del desierto. El beduino regresó para contárselo a su familia pero cuando quiso regresar de nuevo al lugar donde había encontrado la ciudad  ya no pudo encontrarlo. Javier Jayme también recoge un relato de “Las mil y una Noches”, una compilación de cuentos y leyendas de la tradición oral persa que aparecieron reunidos por primera vez en el siglo IX. Todos los relatos están engarzados por una historia principal , la que nos cuenta como el sultán Shahriar es traicionado por su esposa  y , desengañado, cree que todas las mujeres son infieles y traicionerasSherezade, decide poner final a la muerte de tantas doncellas y se ofrece para ser la esposa de Shahriar por una noche. Esa misma noche comienza a relatar un cuento pero, antes de que amanezca, lo interrumpe y ante el interés de Shahriar, le promete que seguirá la noche siguiente.

En 1932 Lászlo Almásy llegaría a la meseta de Jilf Al Kabir, donde haría un descubrimiento que le hizo famoso, una serie de sorprendentes pinturas rupestres  en las que se representaba a personas nadando , por lo que la cueva sería conocida a partir de entonces como la Cueva de los nadadores. Se estima la antigüedad de estas pinturas en unos diez mil años.  El Sáhara no fue siempre un desierto y aunque todavía los científicos debaten como sucedió, hace unos doce mil años lluvias monzónicos caían sobre el Sáhara y lo convirtieron en una tierra fertil , verde y llena de vida y así se mantendría durante varios milenios hasta que la radicación solar produjo un cambio en las corrientes atmosféricas y las lluvias dejaron de caer , secándose sus lagos y ríos hace aproximadamente siete mil años . Los hombres que pintaron estas pinturas rupestres en las cuevas de Jilf Al Kabir, hoy en pleno desierto Libio , conocieron un Sáhara donde vivían cocodrilos e hipopótamos y donde los hombres podían bañarse, como reproducían las pinturas descubiertas por Almásy (imagen procedente de http://neofronteras.com)

Y así siguió durante las siguientes mil noches , contando nuevos relatos que serían los compilados en “Las mil y una noches”, hasta que por fin obtiene el perdón del sultán, que no solo no ordena su muerte sino que contrae matrimonio con Sherezade. Y entre sus relatos se encontraba uno que narraba el viaje  de un emir del Norte de África llamado Mussa Ibn Nossair  que había partido de su tierra para buscar una antigua ciudad  llamada Airain, cuyos tejados de bronce brillaban bajo el sol del desierto y se encontraba en los límites del gran desierto, en el camino que conducía al interior de África.  Y así relataba Sherezade el momento en que Mussa Ibn Nossair descubre la ciudad amurallada de tejados de bronce “Tan lejos como la mirada podía extenderse hacia los horizontes sumergidos en la noche, cúpulas de palacios, terrazas de casas, sosegados jardines se mostraban en el recinto de cobre y canales iluminados por el astro discurrían en mil circuitos claros en las sombra, en tanto que al extremo un mar de metal contenía en su frío seno los fuegos del cielo reflejado . Mas esta vastedad estaba sepultada en el silencio absoluto, como en una tumba.Ninguna vida humana se dejaba sospechar en el interior” El relato continuaba con el descubrimiento de fabulosos tesoros y de un pueblo de personas de raza negra que vivían en cuevas cercanas a la ciudad y junto a un lago.
Aunque no era más que una leyenda, Almásy pensó que Airain y Zarzura podían ser el mismo lugar, más aún después de leer una de las obras del que era considerado padre de la egiptología británica, John Gardiner Wilkinson(1797-1875), miembro de la Royal Society , quién después de su primer viaje a Egipto había escrito en 1835 su “Topografía de Tebas y una visión general de Egipto “ en la que describía muchos de los más importantes oasis de Egipto y entre ellos uno cuyo nombre sin duda tuvo que llamar la atención de Almásy, el oasis de Zarzura, al que Gardiner describía como “habitado por negros , muchos de los cuales han sido secuestrados en distintas épocas por los magrebíes  para usarlos como esclavos. Cuenta con abundancia de fuentes, palmeras y algunas ruinas de antigüedad incierta” Agua y hombres negros , elementos que también aparecen en el relato de Sherezade sobre la ciudad de Airain. Y ese oasis lo llamaba Gardiner Zarzura, tal y como aparecía en los antiguos documentos. faraónicos. Pero en ese caso ¿era Zarzura una ciudad perdida o un oasis? Wilkinson también mencionaba la historia del beduino que había descubierto por azar los tres valles que rodeaban a Zarzura y decía que aquello había sucedido en 1826.

Fotografía de la expedición de Almasy en la meseta de Jilf Al Kabir, donde esperaba encontrar la ciudad  o el oasis de Zarzara. Además de los relatos de “Las Mil y una noches” y  de las descripciones realizadas por John Gardiner Wilkinson , había otras muchas fuentes donde aparecía el nombre de Zarzara, como en una obra medieval egipcia , de autor desconocido y titulada “El libro de las perlas enterradas” donde Almásy pudo leer esta referencia a Zarzura  ” La ciudad se halla al este de la ciudadela de Es-Suri. En ella encontrarás palmeras datileras y viñas y manantiales con agua corriente. Sigue el wadi y asciende por él hasta descubrir otro que se corre hacia el oeste entre dos colinas. En ellas hallarás una senda: síguela y llegarás a la ciudad de Zarzura. Encontrarás sus puertas cerradas. Es una ciudad blanca como una paloma. Sobre la puerta verás un pájaro labrado en piedra. Tiende su mano hasta su pico, toma la llave, abre y entra en la ciudad, verás grandes tesoros y al rey y la reina durmiendo en el palacio. No te acerques a ello, pero toma una parte de los tesoros. ¡Qué la paz sea contigo!” En otro escrito del siglo XIII del gobernador de Siria Osman el Naboulsi se cita a Zarzura como una ciudad que ya entonces estaba abandonada (imagen procedente de http://www.nachoares.com )
Almásy se dispuso a encontrar Zarzura, ya fuera un oasis o una ciudad ,pues  lo importante era la aventura porque, como dijera Goethe, “una aventura es siempre algo extraordinario para el que tiene el alma aventurera” y esta aventura le llevaría de nuevo a sus amadas arenas del desierto de Libia. Así organizó una expedición que estaría formada por tres automóviles de la marca Ford más un pequeño avión, que estaría integrada por  el aristócrata sir Robert Alan Clayton East-Clayton(1908-1932), un as de la aviación de la Primera Guerra Mundial llamado Hubert William Godfrey Jones (1890-1943) y el soldado y topógrafo  británico Patrick Andrew Clayton (1896-1962), a los que se unirían cuatro sudaneses y más tarde, cuando Almásy organizó una segunda expedición en busca de Zarzura, contaría también  con el apoyo del príncipe Kemal el Din Hussein(1874-1932), hijo del sultán de Egipto y  que amaba tanto la aventura y la exploración que había renunciado al trono para dedicarse por entero a su pasión. El lugar donde Almásy y sus compañeros iban a centrar sus esfuerzos sería el el corazón del Desierto Libio, el Gran Mar de Arena  y , en concreto, en una meseta montañosa conocida como Jilf Al Kabir, “el gran acantilado” y para centrar allí su búsqueda se había basado en la lectura de otro explorador alemán del siglo XIX , Gerhard Rohlfs.
Gerhard Rohlfs(1831-1896) había sido escritor, geógrafo, botánico y , sobre todo, aventurero , que había abandonado Alemania para alistarse en la Legión Extranjera Francesa donde fue destinado a Marruecos. Allí, guiado por su curiosidad y afán de aventura, decidió ,sin que nadie se lo ordenase, explorar todos los oasis de Marruecos, pero fue atacado por los beduinos y dado por muerto, pero logró sobrevivir aunque casi perdió una pierna. A continuación se propuso ser el primer europeo en recorrer África desde el norte hacia el sur  pasando por el  desierto del Sáhara,  recorriendo las orillas del Lago Chad  y luego siguiendo el curso del río Níger hasta su desembocadura en el Golfo de Guinea. Unos años más tarde, entre 1873 y 1874 , Rohlfs iba a encabezar otra expedición que exploró la región conocida como el Gran Mar de Arena en el corazón del Desierto de Libia describiendo los lugares por las que pasaban las rutas caravaneras , entre ellos el desfiladero de Jilf Al Kabir, situado entre las fronteras de Libia, Egipto y Sudán y donde Almásy estaba convencido que se encontraría el oasis o la ciudad de Zarzura, pues las cuevas y valles descritos en las leyendas sólo podían hallarse en esa zona rocosa y lo bastante aislada para que nadie la hubiera descubierto antes.

Archivo:Gilf Kebir jan 2007 tourists valley.jpg
Fotografía de la Meseta de Jilf Al Kabir , nombre que significa “La Gran Barrera” con 7.700 kilómetros cuadrados de superficie y  se eleva trescientos metros sobre la superficie del desierto. Su nombre le fue dado por el amigo de Almásy, el príncipe Kemal el Din, que amaba tanto la exploración y la aventura que llegó a renunciar a la corona de Egipto para dedicarse a lo que era su pasión. En esta meseta, además de la Cueva de los Nadadores de la que ya os he hablado antes, se encuentran muchas otras cuevas con pinturas rupestres que muestran un Sáhara húmedo y lleno de vida . Sería aquí donde Almásy esperaba hallar Zarzura  
Pero había un problema en el lugar  al que iban a viajar. En 1912 Italia había invadido el territorio libio, en un intento de crear su propio imperio colonial  y su presencia se hizo aún mayor con la llegada al poder de Benito Mussolini(1883-1945) a partir de 1922 , cuando además de más tropas fueron estableciéndose también colonos italianos . Durante todos estos años las tropas italianas tuvieron que enfrentarse a la resistencia encabezada por la tribu beduina de los sanusi dirigida por el jeque Sidi Idris(1890-1983), pero esta lucha llegó a su final en 1931 y Libia quedó por completo bajo el poder de los italianos, cuyos soldados también controlaban los oasis del desierto. Cuando la expedición de Almásy se estableció junto a la meseta de Jilf Al Kabir en 1932 se encontró con un problema al agotarse el agua. Los oasis más próximos estaban en manos italianas y allí no serían bien recibidos los británicos que acompañaban a Almásy, un problema que no tenía el húngaro , por lo que decidió dirigirse al oasis de Kufra, en territorio controlado por los italianos, para pedir ayuda. Atravesó el desierto en compañía de los tres sudaneses de la expedición y , en efecto , fue bien recibido por los italianos que le entregaron agua y también vino. Cuando regresó junto a sus compañeros estos le informaron como habían usado su pequeño avión para  sobrevolar la zona y descubrieron un valle con vegetación , que podía ser uno de los valles  descritos por  Gardiner cuando hablaba del oasis de Zarzura.
El propio Almásy, algo decepcionado porque no había sido él el primero en ver aquel valle, sobrevoló de nuevo el lugar y contemplo no sólo este valle sino otro más , cubierto de acacias y pasto verde. Podía tratarse de Zarzura, pero el agua y la comida se agotaban y tuvieron que regresar a El Cairo. Allí Almásy visitaría a su amigo  el príncipe Kemal El Din, el hijo del sultán de Egipto del que ya os hablé, que apoyaría su nueva expedición para el año siguiente, 1933, cuyo objetivo sería llegar hasta los valles que habían visto desde el avión, explorarlos y cartografiarlos  y determinar si se trataba de verdad de Zarzura. En esta ocasión llevaría otros acompañantes, entre ellos un periodista y escritor de libros de viajes llamado Richard Bermann(1883-1939) que describe así el inicio de  la expedición y a sus integrantes  además de los nombres con los que bautizaron a cada uno de los vehículos que utilizaron “László Almásy, acompañado de László Kádár, conducía el vehículo de cabeza, al que llamábamos Jemkin, que viene a significar “quizás”; le seguía Ma Alesch “la que no hace nada”, el coche que manejaba Mohammed Sabr, uno de los sudaneses, en el que también iba yo ; Abdu Mussa y Mahmud Abdallah, segundo y tercer sudaneses ocupaban Inch Allah , “hagase la voluntad de Alá” y Hubert S.Penderel y el fotógrafo Hans Casparius cerraban la caravana dentro de Lissa”

Durante todo el viaje no dejaba de tomar mediciones y datos para cartografiar toda aquella región que aún no figuraba en los mapas . Cuando viajó a El Cairo para contarle a su amigo Kemal El Din que creía estar muy cerca de hallar Zarzura en la meseta de Jilf Al Kabir, éste le contestó, escéptico con la posibilidad de que existiera Zarzura “Si tiene usted la fortuna de hallar  los dos valles secundarios, seré el primero en felicitarle por haber resuelto el enigma de Zarzura; en caso contrario , deberá conformar con haber añadido un nuevo valle al mapa del Jilf Al Kabir” lo que si constituirá un gran legado por parte de Almásy, que recorrió y cartografió toda la meseta, aunque estuvo muy cerca de perder la vida en ello (imagen procedente de http://www.viajeros.com )

Pero al llegar a Jilf al Kabir se encontró con la mala noticia de que su antiguo compañero de la expedición de 1932 , Patrick  Clayton, ya había explorado los dos valles que vieron desde el avión. Pero en una nueva visita al oasis de Kufra, donde ya había ido en el anterior viaje para aprovisionarse de agua y comida, los beduinos le hablaron de un tercer valle , más grande que los que vieron desde el avión y al que llamaban Wadi Thal (wadi significa valle)mientras que los otros dos valles, que por sus descripciones correspondían a los que habían descubierto en 1932, recibían los nombres de Wadi  Abd el Melik y Wadi Hamra. ¿Alguno de los tres era el lugar donde se ocultaba Zarzura? Lo primero era encontrar el que aún no habían visto, el de Wadi Thal , lo consiguió el cinco de mayo de 1933 , apareciendo ante sus ojos un valle con más de dos kilómetros de anchura y cubierto de acacias. Sin embargo,ya no tenía tiempo para seguir explorando pues, una vez más, se les agotaban las provisiones y tuvieron que regresar, no sin antes cruzarse en el camino con una expedición italiana. Almásy hablaría con el guía beduino de los italianos y le preguntó si había oído hablar de Zarzura, a lo que este respondió que era el nombre que se daba a  un tipo de ave que habitaba en aquellos valles y también le informó que de los tres valles, el Wadi Abd el Meliktenía antes otro nombre, pero no recordaba cual, porque el nombre de Abd el Melik se debía a un viejo beduino que aún vivía allí.

Almásy pensó que ,tal vez, aquel valle que había cambiado de nombre era Zarzura y si fuera posible hablar con el viejo beduino que le había prestado su nombre al valle quizás le pudiera confirmar si aquel valle era  el legendario lugar del que hablaban relatos y mitos. Así que en 1934 le encontramos de nuevo acampado en Jilf al Kabir para buscar a aquel beduino que vivía en el Wadi o valle que llevaba ahora su nombre. Una vez más había cambiado de compañeros, entre los que se encontraba un alpinista  suizo llamado Heller . Exploraron con sus automóviles todo el Wadi Abd el Melik , aunque no encontraron nada , pero Almásy no sólo se ocupaba de buscar los restos de Zarzura, sino que también levantaba mapas de todo lo que iban explorando. Un día Almásy, acompañado por Heller y un conductor sudanés al volante del automóvil,  exploraban un ramal del valle pero el terreno era tan pedregoso que decidieron dejar el coche y seguir andando. Almásy dio instrucciones al conductor sudanés para que regresara al campamento y volviera a recogerles al mediodía , cuando ya habrían terminado de tomar sus mediciones. Pero cuando llegó la hora convenida el coche no venía. Le esperaron un tiempo pero sin agua e inquietos por la tardanza decidieron que tenían que ponerse en marcha hacia el campamento.

Wadi Abd al-Malik from early explorers airplane
Fotografía de la meseta de Jilf Al Kabir y el valle de Abd El Melik  tomada desde el avión de Almásy. Fue el primero en utilizar el avión para explorar el Desierto Libio . Según contaba el propio Almásy “Una noche, muerto de fatiga sobre mi catre hundido en la arena , surgió en mí el deseo de subir a lo alto, en vez de seguir los tortuosos caminos embutidos entre dos franjas estrechas de terreno, para tener desde allí una visión limpia e ilimitada . Decidí entonces recurrir a la ayuda del aeroplano para mi trabajo de exploración” Y gracias a ello descubrieron los tres valles que según la leyenda que había recogido en el siglo XIX Gardiner Wilkinson, rodean Zarzura , aunque allí no había ninguna ciudad de tejados de bronce (imagen procedente de http://www.touregypt.net )
Pero estaban muy lejos y después de caminar durante horas , ya de madrugada ,Heller se desplomó. Almásy, con sus últimas fuerzas trataba de alcanzar el campamento . Así describe Javier Jayme el estado de Almásy “La lengua se le salía de la boca y velos multicolores se agitaban delante de sus ojos.Únicamente se sostenía en pie por un enorme esfuerzo de voluntad , avanzando hacia los oscuros corredores  de la inconsciencia” E inconsciente le encontraron a las tres de la madrugada los sudaneses que iban en el grupo y habían salido en su búsqueda . Después , siguiendo los pasos de Almásy también encontraron  el cuerpo de Heller, inconsciente .Los sudaneses no habían ido a recogerles en el punto indicado porque no pudieron encontrarlo y durante toda la tarde habían tratado de hallarles con los automóviles y sólo en el último momento encontraron por casualidad a Almásy. Concluía así su tercera expedición donde tampoco había podido determinar donde se hallaba Zarzura. Pero dos años después, en 1936, cuando Almásy se encontraba en El Cairo, se presentó ante Almásy un anciano beduino que dijo llamarse Abd el Malik, era el beduino del valle. No había muerto, sino que se había enfrentado a los italianos y después decidió ocultarse para evitar su captura.
Lo que el beduino contó convenció a Almásy de que aquel valle era la legendaria Zarzura  “Abd El Melik está plenamente convencido de que “su” valle es el wadi Zarzura  de una época anterior. Su descripción del sitio coincide  en todos sus puntos con las observaciones llevadas a cabo por mí y por mis colaboradores  en Jilf Al Kabir; solamente esto es ya una prueba suficiente  de su veracidad. No veo, pues razón para dudar de sus palabras, aunque la Zarzura de la realidad no corresponda a las leyendas beduinas ni pueda ponerse a su altura en cuanto a riqueza y magnificencia” Así que el mito de la ciudad de los tejados de bronce, el oasis que albergaba inmensas riquezas quedaba reducido a un valle cubierto de acacias . Aunque Almásy estuvo siempre convencido de que había resuelto el enigma de Zarzura,  durante la segunda mitad del siglo XX otros exploradores seguirían  buscando Zarzura, pues no creían que la leyenda hubiera surgido de un lugar como el Wadi Abd El Melik. ¿Quién tiene razón? A veces lo mejor es seguir creyendo en las leyendas, porque son ellas las que alimentan la curiosidad y el espíritu de aventura del hombre.

VÍDEO DEL CANAL  HISTORIA SOBRE LÁSZLÓ ALMÁSY

Se trata de un documental del canal Historia donde además de las exploraciones de Almásy también se trata de explicar su relación con la Alemania nazi antes y durante la Segunda Guerra Mundial

Después de esta expedición Almásy  conduciría varias expediciones con objetivos arqueológicos y etnográficos dirigidas por el etnólogo y arqueólogo alemán Leo Viktor Frobenius(1873-1938), que contrató a Almásy por su experiencia en el Desierto de Libia. Estas expediciones habían sido financiadas por importantes miembros del partido nazi, como el lugarteniente de Adolf Hitler, Rudolf Hess (1894-1987) o el mariscal Hermann Göring(1893-1946) y no sabemos si Almásy estaba al tanto de ello . De todas formas no se si por ello se puede acusar a Almásy de ser un colaborador nazi , es fácil juzgar desde nuestros días, pero en aquel momento los nazis gozaban de gran prestigio tanto dentro como fuera de Alemania a pesar de  que ya mostraban su lado más oscuro sobre los judíos y también comenzaban a demostrar sus deseos expansionistas. Además László Almásy también seguía colaborando con los ingleses en Egipto como instructor de vuelo. El caso es que cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939 Almásy tuvo que regresar a Hungría mientras los británicos sospechaban en Egipto que era un espía al servicio de los italianos y los italianos pensaban justo lo contrario, que espiaba para los británicos. Tal vez Almásy estuviera realizando tareas de doble espías pero eso no los sabemos.

Fotografía de Almásy y parte de los participantes en la Operación Salam, según indica al pide de la fotografía cuando estaban en el viaje de regreso  a Libia después de haber dejado a los dos miembros del servicio secreto alemán, el Abwehr, en la ciudad de Asyut, desde donde tomaron el tren para dirigirse a El Cairo e iniciar el siguiente paso que sería la Operación Condor. Pero para Almásy terminaba en Asyut su misión, guiarlos a través de más de tres mil kilómetros de territorio enemigo y por uno de los desiertos más inhóspitos y secos del mundo. ¿Era nazi Almásy? Por los acontecimientos que sucedieron al final de la Segunda Guerra Mundial muy probablemente Almásy era un doble agente  pues el MI6 , el servicio secreto británico, le ayudaría a escapar de prisión  después de ser juzgado y condenado por traidor por el gobierno comunista húngaro  (imagen procedente de http://www.fjexpeditions.com)

Hungría era aliada de Alemania en la guerra y el Abwehr, el servicio secreto alemán, reclutaría a Almásy en Budapest y le incorporaría con el grado de capitán al Africa Korps , la fuerza militar que los alemanes enviarían al Norte de África a partir de 1941 para apoyar a las tropas italianas en su enfrentamiento con los ingleses. Los diferentes exploradores de ambos bandos ,que durante los años anteriores se habían dedicado a recorrer el desierto, se convertían ahora en piezas imprescindibles para la guerra en el desierto por su conocimiento del terreno. En 1942 se diseña una operación a la que se dará el nombre de Operación Salam , con el objetivo de introducir a dos miembros de la Abwehr en El Cairo y se decide que sean llevados por tierra, atravesando para ello tres mil kilómetros de territorio enemigo y , por supuesto ,la persona más adecuada para guiarlos era Almásy. El viaje , después de más de tres meses de preparación, comenzó el 29 de abril de 1942 formada por cuatro Ford  que llevaban montadas una ametralladora cada uno  y donde ,además de Almásy y los dos agentes de la Abwehr, iban un médico, un soldado y tres operadores de telégrafo

En la fotografía el grupo que viajó en la Operación Salam. Los tres del centro son , de izquierda a derecha, el agente de la Abwehr Johannes Eppler, Lászlo Almásy y el también agente de la Abwher y radio operador  Hans-Gerd Sandstede.Aunque la operación Salam fue un éxito y ambos espías llegaron a El Cairo fracasarían una vez allí y fueron capturados ese mismo año de 1942, pero Almásy si sería recompensado con la Cruz de Hierro y un ascenso al rango de Mayor de la Lutfwaffe (imagen procedente de http://www.fjexpeditions.com )

El mayor problema que encontraron en el recorrido fue la imprecisión de los planos de la región suministrados por los italianos que les hizo consumir más combustible del que tenían previsto al extraviarse en varias ocasiones y también porque habían hecho una previsión de  consumo de combustible en base al terreno que iban a encontrar, y al no coincidir los datos con la realidad se dieron cuenta que sus previsiones de consumo no iban a servir para nada .  Las temperaturas diurnas superan los cincuenta grados de temperatura , pero finalmente , sorteando a las patrullas inglesas conocidas como “ratas del desierto” consiguió llevarles hasta Asyut que, si recordáis el artículo de ayer, era el lugar a donde iban las caravanas de mercaderes. Allí podían tomar el ferrocarril que les llevara hasta El Cairo mientras Almásy regresaba a Libia. Almásy recibiría por esta misión  la Cruz de Hierro de primera clase y fue ascendido a mayor de la Luftwaffe, nombre de la fuerza aérea alemana. Cuando la guerra avanzó y el Africa Korps fue derrotado por los aliados Almásy fue enviado a Turquía  donde se le encargó como nueva misión  provocar una revuelta en Egipto contra los ingleses, aunque nunca sería llevada a cabo.
Poco antes del final de la guerra regresaba a Budapest donde sería arrestado por los soviéticos y cuando el partido comunista húngaro se hizo con las riendas del gobierno le juzgaron acusándole de traición. Pero serían los británicos los que permitirían que Almásy escapase al sobornar a los oficiales húngaros que le custodiaban , aunque los británicos solo hicieron de intermediarios en el pago, pues el dinero procedía  de Alaeddin Moukhtar , primo del rey Farouk de Egipto(1920-1965). Los agentes británicos le proporcionaron un pasaporte falso con el nombre de Josef Grossman y le sacaron de territorio húngaro por la frontera de Austria. Posteriormente Almásy volaría hasta El Cairo donde el rey de Egipto le nombraría director del Desert Research Institute. En 1951 ,durante un viaje a Austria , cayó enfermo de disentería y moriría en un hospital de Salzburgo. Como veis ,su apasionante vida guarda poca relación con lo que relataba la película “El paciente inglés”, más aún cuando el descubrimiento de unas cartas en el año 2010 demostraban que Almásy era homosexual y fue amante de un soldado alemán de la Wehrmacht  llamado Hans Entholt  que habría muerto al pisar una mina.

El Almásy real poco tiene en común con la imagen que se presenta en “El paciente inglés” aunque si que comparte su amor por la aventura y su pasión por el desierto. Sobre su posición política durante la Segunda Guerra Mundial es muy difícil saber cual fue su verdadera participación y no sabemos el motivo por el que recibió la ayuda de Egipto y de los servicios secretos británicos ya que había luchado por Alemania, de la que Hungría era aliada, al no ser que practicara un doble juego con Alemania e Inglaterra. Cuando murió en 1951 en Salzburgo, en el epitafio de su tumba los patriotas húngaros labrarían muchos años después , en 1995, en su epitafio esta inscripción ” Pilot, Saharaforscher und Entdecker der Oase Zarzura” que significa “Al piloto, explorador del Sáhara y descubridor del Oasis de Zarzura” (imagen procedente de http://imagina65.blogspot.com )
Y aquí  termino el relato de la vida de László Almásy, el Padre de la Arena como sería recordado por los beduinos , el hombre que desafió al Gran Mar de Arena, que buscó la legendaria Zarzura, las huellas del ejército perdido de Cambises, que halló la Ruta de los Cuarenta Días , que descubrió las sorprendentes pinturas rupestres de los Nadadores en Jilf al Kabir, pero, sobre todo , será recordado como un hombre que amó el desierto por encima de todo lo demás. No veo mejor forma de cerrar este artículo sobre su vida que con sus propias palabras sobre aquel mundo que tanto amó , el desierto “Amo el desierto. Amo la infinita extensión de los temblorosos espejismos, el viento, los picos escarpados, las cadenas de dunas como rígidas olas de mar. Y amo la simple, la ruda vida de un campamento primitivo en el frío gélido, a la luz de las estrellas en la noche, y en las calurosas tormentas de arena”
Anuncios

GRANDES EXPLORADORES: LÁSZLÓ ALMÁSY , EL PADRE DE LA ARENA (PRIMERA PARTE)

“El ser humano siente la cercanía del Creador y no hay nada que pueda distraerlo de esta certeza. La fe en un Ser Supremo y, al mismo tiempo, la aceptación de nuestro destino se impone a nuestro ánimo de modo casi imperceptible, preparándolo para sacrificarnos sin queja al desierto”. Estas palabras sobre el desierto y la impresión que causa en el alma humana pertenecen al libro “Sahára desconocido”  del aventurero, aviador, escritor, soldado y aristócrata húngaro el conde László Ede Almásy de Zsadány et Törökszentmiklós (1895-1951), un nombre que , como me sucedía a mí , no os dirá nada hasta que nos descubren que fue en su figura en la que se inspiró el novelista canadiense Michael Ondaatje(1943) para su obra “El paciente inglés” en la que a su vez se basaría el director Anthony Minguella (1954-2008) para filmar su película del mismo título en 1996 , que obtendría nueve oscar de Hollywood. Sin embargo, la película no nos descubre la faceta más aventurera de Almásy, sus viajes por el desierto en busca de ejércitos y ciudades perdidas, su pasión por aquella inmensa desolación que, según sus palabras, “purifica el cuerpo y el alma”. Si queréis acompañarme hoy trataremos de conocer mejor a este hombre y lo que tanto amaba, el desierto.
El  Sáhara, palabra árabe que significa precisamente “desierto” , se extiende por todo el Norte de África ocupando extensos territorios de Marruecos, Mauritania, Mali, Níger ,Túnez,Libia, Chad, Sudán y Egipto además de la nueva República de Sudán del Sur y la no reconocida como estado independiente, Sahára Occidental. Su superficie es objeto de controversia pues ,según la fuentes que consultes, varía entre los nueve millones de kilómetros cuadrados que le atribuye la wikipedia, a los más de ocho millones de kilómetros cuadrados que le atribuye el escritor español Javier Jayme(1950) en su obra “Pioneros de lo imposible” que he utilizado para documentare al escribir la historia de László Almásy. En realidad el Sáhara es como un organismo vivo, al que no es posible fijar con unos límites precisos ni trazar sus fronteras con una regla, pues ,como si se tratara del agua del océano, se contrae y crece, como si sus dunas fueran olas que rompen contra la costa y se retiran para volver de nuevo con más ímpetu. Lentamente, va conquistando nuevos territorios, tratando de extenderse hacia el sur y mirando al norte como si tratara de salvar el obstáculo del Mar Mediterraneo.

Mapa físico de África donde podemos ver la extensión del Sáhara, sus casi nueve millones de kilómetros cuadrados de superficie que atraviesea el continente de este a oeste  y con una anchura de más de cinco mil kilómetros , con un índice medio de pluviosidad que no supera los 100 mml y en algunos sitios como el árido desierto de Libia no llueve desde la década de los años treinta del siglo XX. En el norte del desierto se encuentran los grandes sistemas de dunas, los Erg, la parte central está ocupada por sistemas montañosos como el Macizo de Tibesti con el Emi Koussi de 3415 metros de altura y el Macizo de Ahaggar donde se encuentra el Tahat de 2918 metros . En el oeste del Sáhara se concentran eriales rocosos de escasa altura llamados Hamadan, que ocupan hasta un 70% de la superficie del desierto. También hay cursos secos de ríos , conocidos como Wadis que desembocan en cubetas salinas llamadas sebjas. En cuanto a su población está formada por bereberes, árabes y negros ,la mayoría de ellos de vida nómada y sólo en los oasis se pueden encontrar asentamientos estables dedicados a la agricultura, aunque su superficie no supera los 2000 kilómetros cuadrados, apenas un grano de arena en la inmensidad desolada del Sáhara donde sólo crecen algunas acacias aisladas y arbustos espinosos . Un territorio hostil pero también profundamente hermoso (imagen procedente de http://www.kalipedia.com ) 

 

Tiene una longitud de más de cinco mil kilómetros  y una anchura de mil seiscientos kilómetros de total aridez excepto por sus oasis , que apenas representan dos mil kilómetros cuadrados de superficie del total del desierto y permiten que en su entorno puedan vivir unos dos millones de personas , los únicos habitantes del desierto junto con los nómadas tuareg que desde la antigüedad controlaron las rutas del desierto y utilizan la palabra Teneré , procedente de su lengua, el tamasheq, para denominar al Sáhara, una palabra que , al igual que Sáhara, significa desierto. Pero aunque nos pueda parecer que el desierto es un paisaje monótono e invariable, donde se suceden las dunas y el vacío , esto no es del todo cierto, pues el Sáhara está dividido en diferentes zonas con paisajes diversos. Así, el área de dunas representa no más de un 20% de la superficie total del desierto y reciben el nombre de Ergs con la que se define la región arenosa del Sáhara. Hay otra parte pedregosa conocida como Hamada  , una zona sin apenas arena y muy llana,  y cubierta de grava y piedras que constituye aproximadamente el 70% de la superficie del desierto . También tenemos los regs, zonas pedregosas similares a la Hamada pero donde es posible hallar algún tipo de vegetación , los Güeltas, donde se forman lagunas en las extrañas ocasiones en que el agua acaricia la arena del desierto y los Wadi, que son los cursos secos y fosilizados de antiguos ríos donde cuando llueve vuelve a correr el agua.

VÍDEO DEL  DESIERTO DEL SÁHARA

No es un vídeo sobre la historia del Sáhara, son nada más que imagenes acompañadas con música y dura cinco minutos, pero creo que transmite la belleza del desierto, una belleza profunda y casi mística que explica que, a pesar de ser un lugar tan hostil para la vida, conmueva a todo aquel que lo contempla

 

En toda su extensión no encontraremos vegetación más que la que se concentra entorno a los Oasis , las estribaciones de la cordillera del Atlas y el Valle de Nilo . Hay una historia que no me resisto a contaros sobre el que fue calificado como el árbol más solitario del mundo, el Árbol de Teneré. Se trataba de una acacia que se hallaba en el noreste de Níger, en la zona que aparece marcada en los mapas como Teneré . Era el único árbol en más de cuatrocientos kilómetros a la redonda , superviviente de un grupo de acacias que crecieron cuando el desierto era más húmero que en la actualidad gracias a sus raíces que penetraban  más de treinta metros de profundidad en la tierra hasta alcanzar aguas subterráneas de las que se alimentaba. Así la describía en 1939 en su diario de viaje el comandante francés Michele Lesourd “Uno debe ver el árbol para creer en su existencia. ¿Cuál es su secreto?, ¿cómo pudo sobrevivir a pesar de las multitudes de camellos que pasaban a su lado?, ¿cómo ningún azaro permitió que algún camello comiera sus hojas y espinas?, ¿Por qué ningún tuareg que dirigía las caravanas de sal, cortó sus ramas para encender fogatas, y hacer su área? La única respuesta es que el árbol es tabú y es considerado como tal por los caravaneros.Hay un tipo de superstición, una orden tribal, que es siempre respetada. Cada año los azahari se reunen alrededor del árbol antes de afrontar el cruce del Teneré. La acacia se ha convertido en un faro viviente: es el último punto de referencia para los azahari que dejan Agadez para ir a Bilma o para regresar”

El Árbol del Teneré fotografiado en 1939 tal y como lo vio Michel Lesourd por primera vez el 21 de mayo de ese año . A su lado se cavó un pozo para ver a que profundidad se hallaba el manto freático de donde obtenía el agua, y las raíces de esta solitaria acacia se encontraban casi a cuarenta metros de profundidad. Allí se erguía , el último de su especie, desafiando al desierto, al vacío , un grito de vida en medio de la nada . Incluso hoy viendo la fotografía estremece contemplar su existencia rodeado de la nada , un símbolo de la tenacidad de la vida incluso en las condiciones más extremas (imagen procedente de http://fronterasblog.wordpress.com )
Por desgracia hoy ya no podemos contemplar la acacia porque en 1973 un conductor libio que iba en estado ebrio  la derribó y sería reemplazado por un monumento erigido en el lugar donde crecía el árbol más solitario del mundo, cuyos restos se conservan en el Museo Nacional de Níger en Niamey, capital de este estado. Lo que siglos de sol, falta de agua y soledad no habían sido capaces de destruir lo consiguió un elemento tan extraño al desierto como un camión. Pero dejando a nuestra acacia atrás hay una zona del desierto del Sáhara  al que en los Atlas se denomina Desierto de Libia, que se extiende al oeste del valle del Nilo y ocupa amplias zonas de Egipto, Libia, Chad y Sudán, y al que los beduinos conocen como “el desierto dentro del desierto” por ser una de las zonas más secas y calurosas del desierto del Sáhara , donde apenas hay unos pocos oasis separados por grandes distancias entre sí. Sería en el desierto libio donde László Almásy viviría sus principales aventuras. Hasta finales del siglo XVIII tanto el desierto libio como el Sáhara en su totalidad no era más que un nombre que señalaba un gran vacío en el mapa de África, una región recorrida por los tuaregs y las caravanas que atravesaban el desierto además de los traficantes de esclavos como los que recorrían la Darb el Arbain o Ruta de los Cuarenta Días.

Fotografía del Árbol del Teneré realizada años después, cuando ya había sido dañado por otro vehículo . El explorador francés Henri Lothe(1901-1991), que alcanzaría gran celebridad por el descubrimiento de pinturas prehistóricas en el desierto de Tassili, había visitado el Árbol del Teneré en 1934 y volvería en 1959 , comprobando los daños que había sufrido. Escribió entonces “Anteriormente, este árbol era verde y con flores; ahora es un árbol espinoso, sin color y desnudo. No puedo reconocerlo: tenía dos troncos distintos, ahora solo hay uno, más bien con un golpe en el lado que un corte a un metro del suelo. ¿Qué le sucedió a este pobre árbol?. Simple, un camión que se dirigía a Bilma lo golpeó. Pero tenía suficiente espacio para esquivarlo. El tabú, el árbol sagrado, el único a quien ningún nómada osó haber herido con sus propias manos, este árbol ha sido víctima de un golpe mecánico” En 1973 una segunda colisión acabaría con este símbolo de la vida en medio del desierto (imagen procedente de http://fronterasblog.files.wordpress.com ) 
Esta Ruta era conocida y recorrida desde la antigüedad y ya el historiador griego Herodoto de Halicarnaso(484-425 a.C) se refería a ella como un camino que  “se recorría en cuarenta días”. Las caravanas seguían esta ruta que comunicaba Egipto con Nubia, el actual Sudán, transportando oro, marfil , especias, animales y plantas y más tarde también esclavos. Me referiré de nuevo a ella cuando sigamos los pasos de Almásy ,pero volvamos al siglo XVIII cuando se dan los primeros pasos para explorar el inmenso desierto del Sáhara. En Londres se funda en 1788 la Asociación para Promover el Descubrimiento del interior de África, mejor conocida como Asociación Africana , en un primer momento integrada por sólo doce miembros interesados en la geografía y la ciencia, pero que ya en 1791 contaba con 95 miembros. Cada uno de ellos tenía que aportar una cuota anual y además buscar a nuevos amigos que quisieran unirse. De esta forma, con el capital reunido, podrían financiar las primeras exploraciones del Sáhara Occidental, sobre todo recorrer el río Níger y comprobar si estaba unido al Nilo y hallar el lugar donde estaba la ciudad de Tombuctú, aunque a lo largo de su historia financiaría más de una treintena de expediciones hasta que en 1831 se integró en la Royal Geographical Society.

Entre sus primeros exploradores estuvo el aventurero irlandés Daniel Houghton(1740-1791) que en 1790 había logrado convencer a la Asociación Africana para que le apoyase en una expedición hacia el interior de  África Occidental y ésta le financió estableciendo como objetivos de la expedición recorrer el curso del río Níger y establecer el lugar donde se encontraba la legendaria ciudad de Tombuctú. Sin embargo, Houghton nunca regresaría con sus informes, desapareciendo en 1791 y no sería hasta 1793 cuando se confirmaba su muerte. Otro de los exploradores que iba a recibir el apoyo de la Asociación fue el explorador y naturalista escocés Mungo Park (1771-1806) que en 1794 se ofrecía como voluntario a la Asociación  para continuar con la exploración que había iniciado Houghton. Su vida y aventuras merecen que en su momento le dedique un artículo sólo para él, ahora nos bastará con saber que realizaría dos expediciones al río Níger , la primera de ellas entre 1795 y 1796 y la segunda entre 1805 y 1806, muriendo ahogado con el resto de su expedición en territorio nigeriano.

Mapa con los dos viajes realizados por el explorador escocés  Mungo Park, el primero en verde entre los años 1795 y 1797 y el segundo, en color fucsia entre 1805 y 1806. La Asosiciación Africana le había encargado recorrer el río Níger y comprobar si , como se creía, estaba conectado con el río Nilo. No debe sorprendernos pues a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX el Sáhara era un enorme espacio vacío en los mapas y apenas se sabía algo sobre su geografía. En 1795 no lo consiguió pero la Asociación Africana volvería a financiarle en la segunda expedición de 1805 en la que fue acompañado por 35 soldados , pero las fiebres, los ataques de algunas tribus y los rápidos del Níger terminaron con todos los miembros de la expedición, aunque su muerte no sería conocida hasta cuatro años después cuando fue descrita por un guía nativo que les había acompañado y que fue el único superviviente   (imagen procedente de http://imagenes.encydia.com )
Siguiendo los pasos de Houghton y Mungo Park, en 1797 viajaba hasta Londres el aventurero alemán Friedrich Hornemann(1772-1801) que se presentaba como voluntario para emprender una nueva expedición al desierto occidental avalado por una carta dirigida al principal miembro de la Asociación y que además era su tesorero, sir Joseph Banks(1743-1820), que también sería presidente de la Royal Society , carta escrita por un amigo de ambos. Gracias a ella y a la buena formación científica y buen estado físico del joven alemán la Asociación Africana apoyó su exploración pero con instrucciones diferentes a las que habían recibido Park y Houghton ya que le encargarán que recorra el continente desde el Mediterraneo hacia el sur y luego hacia el oeste , siempre en busca de las fuentes del Níger . Hornemann viajó hasta El Cairo donde esperaba unirse a alguna de las caravanas que recorrían el desierto pero en 1798 se iniciaba la campaña de Napoleón(1769-1821) en Egipto , lo que obligó a Hornemann a aplazar su viaje durante más de un año. Sin embargo, el científico y aventurero alemán se ganaría la simpatía de Napoleón, que por otro lado estimaba mucho a los científicos e investigadores y se había hecho acompañar a Egipto por 154 científicos expertos en las distintas materias , desde la biología a la arqueología, la historia o la geografía, por lo que Hornemann estuvo rodeado de sabios durante aquel año.
Por fin pudo incorporarse a una de las caravanas que se dirigía hacia el Sudán. Iba disfrazado de árabe y se hacía llamar Yusuf e iba en compañía de otro alemán que se había incorporado en el último momento, Freudenburg , que hablaba con fluidez árabe y también iba disfrazado. Si su identidad occidental era descubierta por sus compañeros de caravana podían darse por muertos. Después de pasar por el celebre oasis de Siwa donde había estado el oráculo del dios Amón que había consultado Alejandro Magno(356-323 a.C) durante su estancia en Egipto, llegaron a la ciudad libia de Murzuk. Pero allí Freudenburg murió de malaria y Hornemann también cayó enfermo y tuvo que abandonar a la caravana.Después se dirigió a la ciudad de Trípoli desde donde  envió su primer informe de la expedición y donde expresaba a la Asociación Africana su convencimiento de que el Nilo y el Níger no estaban unidos. En diciembre de 1799 reemprendía la marcha y regresaba a Murzuk en abril de 1800 con la intención de proseguir en dirección sur hacia el Sudán. Desde allí escribiría una carta a Joseph Banks y nunca más volvió a saberse nada de Hornemann, hasta que en 1819 se conoció que había muerto de disentería en el Níger.

Fotografía del Oasis de Siwa, situado a cincuenta kilómetros de la frontera con Libia en territorio de Egipto , en el Desierto de Libia  . Este legendario oasis donde se encontraba el Oráculo de Amón que fue a consultar Alejandro Magno tiene ochenta kilómetros de longitud y veinte kilómetros de ancho y está habitado por unas 23.000 personas. Se halla en medio de la nada, pues El Cairo se encuentra a más de quinientos kilómetros de distancia , tan aislados que la mayoría de sus habitantes hablan su propia lengua, el siwi. Su nombre en la época del Antiguo Egitpo era Sekht-am “tierra de palmeras” y si es cierto lo que narra Herodoto, hacia aquí habría enviado el rey persa Cambises II  en el siglo VI a. C  a un ejército de 50.000 hombres  que sería engullido por la arena del desierto. Aquí haría una parada Friedrich Hornemann cuando acompañaba a la caravana a la que se había unido para explorar el desierto y dirigirse hacia Sudán. (imagen procedente de http://api.ning.com )
Pero Hornemann había enviado los primeros informes con datos geográficos y apuntes de la naturaleza del desierto y abría el camino para nuevas exploraciones que continuarían durante el siglo XIX , pero el seco y árido desierto Libio seguía resintiéndose a desvelar sus secretos, pues, como ya hemos visto, apenas había oasis y no había forma de recorrerlo sin perecer en el intento.Y así entramos en el siglo XX y volvemos con nuestro protagonista László Almásy , que nacía en 1895 en la ciudad húngara de  Borostyánkő dentro del Imperio Austro Húngaro, aunque hoy se encuentra en territorio austríaco y su nombre es Bernstein im Burgenland. Su padre era el aristócrata György Almásy(1867-1933), etnólogo y zoólogo que había dedicado buena parte de su tiempo a realizar exploraciones en el continente asiático , lo que sin duda ejerció una gran influencia en su amor por los viajes y la  aventura de László. Después de estudiar en la ciudad austríaca de Graz viajo a Inglaterra para continuar sus estudios en la Berrow School en la ciudad de Eastbourne donde permanecería desde 1911 hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914.
De regreso al Imperio Austro Húngaro para unirse al ejército sirvió primero en el cuerpo de húsares para pasar después a prestar servicio en la aviación Imperial Austro Húngara. Almásy había obtenido la licencia de vuelo con solo diecisiete años durante su estancia en Eastbourne e iba a constituir para el resto de su vida una de sus grandes pasiones. Terminada la guerra ,donde fue condecorado por su valor, y desaparecido el Imperio en el que había nacido, Almásy regresaba a Eastbourne donde  trató de apoyar sin éxito la restauración de la monarquía austríaca al tiempo que se unía al Club de vuelo de Eastbourne y daba rienda suelta a otra de sus pasiones, los automóviles, participando y ganando en numerosas carreras automovilísticas. En estos primeros años de la década de los veinte también se dedica a organizar cazerías para millonarios europeos en Egipto. Pero su pasión por el desierto no comenzaría en realidad hasta 1926, y ni siquiera él mismo sabía muy bien la razón y se preguntaba “¿Será porque lanzarme a recorrer distancias ilimitadas significa para mí la expresión más completa del sentimiento de libertad?”

László Almásy, al que algunos conocen más como “el paciente inglés” y en su época de explorador era conocido por la gente del desierto como “el padre de la arena”. Cuando durante su segundo viaje al desierto en 1927 se aventuró en su coche desde El Cairo más de 350 kilómetros hacia el interior de aquel desierto libio  quedó fascinado sin ser consciente del peligro que estaba corriendo, casi sin agua , sin comida y sin que nadie supiera donde se encontraba. Tiempo después escribió sobre aquella experiencia ” Cuando pienso en mi inexperiencia  y ligereza de entonces , aún sacudo la cabeza, y hasta el día de hoy sigo asombrado , sin comprender como me abrí camino con mi coche , débil y pesado, a través de una de las cadenas de dunas más inquietantes  del desierto de Libia” (imagen procedente de http://lazarus.elte.hu )  
Desde 1921 Almásy tenía firmado un contrato con la compañía de automóviles austríaca Steyr Automobile y en 1926 le encargaron por un lado que sondease las posibilidades de abrir un mercado en Egipto para los coches Steyr además de probar su resistencia y adaptación a las duras condiciones del desierto. Aprovechó para organizar un viaje con el príncipe húngaro Antal Esterházy con quién  recorrería todo el valle del Nilo hasta llegar a la ciudad de Jartum, capital de Sudán, convirtiéndose en los primeros hombres que llegaban hasta allí en automovil. Un año después ambos participaron en la primera exposición automovilística celebrada en El Cairo y Almásy decidió emprender una aventura en solitario por el desierto saliendo de El Cairo. No llevaba comida, apenas diez litros de agua y no había dicho a nadie donde iba, por lo que si hubiera sucedido algo habría sido imposible auxiliarlo. Javier Jayme recoge estas palabras de Almásy sobre esta descabellada aventura en su “Pioneros de lo imposible”. “Cuando pienso en mi inexperiencia y ligereza de entonces , aún sacudo la cabeza. Y hasta el día de hoy sigo asombrado , sin comprender cómo me abrí camino con mi coche, débil y pesado, a través de una de las cadenas de dunas más inquietantes del desierto de Libia”
Almásy se internó 350 kilómetros en el desierto antes de regresar y fue entonces cuando sintió nacer el amor por el desierto que le acompañaría el resto de su vida , y en particular el desierto libio cuya exploración se convertía ya en su principal meta. Por eso, en 1929 organiza una expedición que tiene como principal objetivo encontrar y recorrer  la Darb el Arbain o Ruta de los Cuarenta Días y encontrar los restos del ejército desaparecido del rey persa Cambises II, que había reinado entre 528 y 521 a. C. Según cuenta la historia de Herodoto, Cambises habría enviado a un  ejército integrado por cincuenta mil hombres al oasis de Siwa, donde ya vimos que se encontraba el Oráculo de Amón que dos siglos después visitaría también Alejandro Magno. Una tormenta de arena les habría sorprendido en el camino y el ejército desapareció sin dejar rastro y sin que nadie lo hallara a lo largo de los siglos. Aunque para muchos historiadores esto no era más que una leyenda  en noviembre de 2009 dos arqueólogos italianos Angelo y Alfredo Castiglioni  encontrarían cientos de huesos así como algunos objetos que podrían tratarse de los restos del ejército perdido de Cambises.

Restos humanos hallados en 2009 por los arqueólogos italianos Angelo y Alfredo Castiglioni   que podrían tratarse del ejército  perdido de Cambises, del que hasta ahora muchos historiadores creían que no era más que una leyenda recogida por Herodoto, que escribió sobre el ejército perdido de Cambises “las tropas que habían sido enviadas para atacar a los amonios, después de haber partido de Tebas, poniéndose en camino con unos guías, llegaron, sin ningún género de dudas, a la ciudad de Oasis ,ciudad que ocupan unos samios que, según cuentan, pertenecen a la tribu Escrionia y que distan de Tebas siete jornadas de camino a través de una zona desértica . Según cuentan, hasta ese lugar llegó, pues, el ejército; pero, a partir de allí, a excepción de los propios amonios y de quienes se lo han oído contar a estos últimos, nadie más sabe decir nada sobre su suerte, pues las tropas no llegaron al territorio de los amonios ni regresaron a su punto de partida. En concreto, la versión que, a título personal, dan los amonios es la siguiente: resulta que, cuando, desde la mencionada ciudad de Oasis (Kharga), se dirigían contra ellos a través del desierto y estaban, más o menos, a mitad de camino entre su país y Oasis, se desató sobre los persas, mientras estaban tomando almuerzo, un viento del sur sumamente violento, que, arrastrando torbellinos de arena, los sepultó, y así fue como desaparecieron” (imagen procedente de http://descargaswow.com )

 

La Darb el Arbain o Ruta de los Cuarenta Días, como ya vimos antes, comunicaba Egipto con Sudán  y además de las mercancías tradiciones como el oro, el marfil, ámbar o las especias, había otra mercancía mucho más valiosa , los esclavos negros que los traficantes llevaban hasta el Nilo para venderlos en la ciudad de Asyut . No es difícil imaginar como debía ser aquella ruta de cuarenta días por el desierto para aquellos hombres a los que se había arrebatado la libertad y ahora se les obligaba a realizar marchas extenuantes bajo un sol abrasador y sin agua . Javier Jayme apunta en su libro que se estima que de los más de 100.000 esclavos negros que recorrían esta ruta anualmente no más de 8.000 llegaban con vida a Asuyt. Por fortuna el trafico de esclavos se había prohibido y en 1929 hacía más de cincuenta años que la ruta no se utilizaba, por lo que uno de los retos a los que tenía que enfrentarse Almásy era encontrarla si no había sido cubierta y borrada del mapa por las arenas del desierto. Acompañado por  el príncipe Fernando de Liechtenstein  y después de conseguir el permiso a regañadientes del gobierno de Sudán, que consideraba el proyecto una locura , Almásy y Lienchenstein se dirigían en sus coches a la ciudad sudanesa a orillas del Nilo de Wadi Halfa , donde recogerían a su guía sudanés y otros dos hombres también sudaneses para dirigirse después hacia el oeste hasta el oasis de Selima a 230 kilómetros de distancia.
Almásy era feliz en aquel momento a pesar de los funcionarios ingleses que habían tratado de disuadirle de sus intenciones, pero “Ninguna de las advertencias  de los amables funcionarios ingleses  pudo ya enturbiar mi alegría por hallarme, al fin, en el punto de partida  del viaje de descubrimiento planeado.” Cuando llegaron a Wadi Halfa, recogieron a los sudaneses que les iban a a compañar y pusieron rumbo al oasis de Selima, pero cuando apenas les quedaban cincuenta kilómetros para llegar se rompió el árbol de levas del coche de Almásy, así que ante la imposibilidad de repararlo allí  decidieron que Almásy llevaría a  Liechtenstein en el otro coche hasta el oasis y luego regresaría  para ir de nuevo a Wadi Halfa y recoger las piezas que necesitaba para reparar el coche. Cuando al día siguiente regresó al lugar donde había dejado el coche averiado se dio cuenta que se había olvidado en Wadi Halfa una de las piezas necesarias para reparar el vehículo así que ¿os lo imagináis? tuvo que regresar una vez más a Wadi Halfa mientras Fernando de Liechtenstein seguía esperando en el oasis. Por fin, después de tantas vicisitudes, pudo reparar el coche y reunirse con su compañero  en el oasis que , mientras, no había desaprovechado el tiempo y explorando los alrededores del oasis había encontrado unas marcas que parecían señalar los bordes de un camino .

Mapa de la Ruta de los Cuarenta Días o de Darb el Arbein , a través de la que se transportaban todo tipo de mercancías y particularmente esclavos desde el corazón de África hasta el mercado de la ciudad egipcia Assiut, un camino jalonado por los restos de decenas de miles de esclavos que dejaron su vida .Apenas una décima parte de los esclavos que iniciaban el viaje llegaban al destino. En cuanto a las caravanas, en la época de máximo apogeo del comercio en el siglo XIX llegaron a estar formadas por más de diez mil camellos, pero al prohibirse la esclavitud la ruta cayó en desuso y desapareció hasta que fue redescubierta medio siglo después por Almásy  (imagen procedente de http://www.egiptologia.org )
Decidieron seguir aquellas marcas  y después de un buen rato  se encontraron ante lo que sin duda era la mítica Darb El Arbein , jalonada por cientos de calaveras de camellos y restos humanos que brillaban bajo el sol del desierto. Así lo narraba el propio Almásy “Esta primera visión  de la antiquísima ruta del desierto, convertida ya en leyenda, fue imponente, pero más que por la inabarcable franja de estrías, nuestra vista quedó subyugada  por la multitud de manchas blancas y relucientes desperdigadas sobre el lecho de la corriente: ¡esqueletos lavados al sol!” y añade “No tenía nada de espantoso. Al revés: la conciencia de hallarnos en medio de la desolación arenosa  sobre una arteria de tráfico  de seres vivos nos producía más bien un sentimiento de sosiego.” Habían encontrado la ruta y ahora se dispusieron a seguirla a lo largo de los oasis que la jalonaban, aunque no siempre era sencillo distinguirla entre la arena y los oasis tampoco estaban justo al lado de la ruta  y en varias ocasiones creyeron haberse perdido, lo que con temperaturas que rozaban los cincuenta grados era una sensación muy inquietante. Por fin alcanzaron el más meridional de los oasis egipcios en la Ruta de los Cuarenta Días, el oasis de Jarga.(o Kharga en el mapa)

Fotografía actual del Oasis de Kharga, donde se halla el templo de Hibis  del siglo VI a. C , el mejor conservado de los templos construidos en los oasis del desierto. Su población actual sobrepasa los cien mil habitantes  y está situado a doscientos kilómetros del Valle del Nilo . Cuando Almasy llegó aquí había cubierto la parte más complicada de su ruta  y sorprendió a los habitantes de Kharga, que no habían visto a nadie llegar por la Ruta de los Cuarenta Días durante más de medio siglo (imagen procedente de http://dominiumviatges.com )
Este oasis tiene una extensión de 170  kilómetros de largo y 15 de ancho  que contiene el templo de Hibis, el mejor conservado de los templos egipcios en los oasis de la zona occidental del desierto.El anciano jeque que les recibió quedó sorprendido pues por aquella ruta nadie se había acercado a Jarga en más de medio siglo , desde que pasaran por allí las últimas caravanas con esclavos para su venta. Ya sólo les quedaba seguir desde allí hasta el lugar donde terminaba la ruta, la ciudad de Asyut donde antiguamente se encontraba el mercado de venta de esclavos. Y la alcanzaron conduciendo sus coches sobre la vía del tren que comunicaba la ciudad que se encontraba en el centro del oasis con Asyut. Así terminaba la primera gran exploración de Almásy, con un éxito rotundo después de descubrir y recorrer aquella ruta olvidada durante medio siglo . Pero no podía olvidar el desierto y no tardaría en preparar una nueva expedición, en esta ocasión para ir en busca de una ciudad  perdida y legendaria, Zarzura, la ciudad de cobre.  Pero para conocer esta aventura y el resto de la apasionante vida de Almásy esperaremos a mañana  y perdernos por las arenas del desierto, porque, como el propio Almásy decía “El no saber dónde estás es también uno de los encantos del desierto.”