EL CONTINENTE MISTERIOSO QUE ES LA MUJER

En las últimas semanas se ha despertado la polémica por declaraciones o escritos de periodistas y escritores acerca de las mujeres, particularmente sobre el deseo sexual que les causaban mujeres muy jóvenes, y con un lenguaje que recuerda como se hablaba de la mujer en otros tiempos, aunque parece que sigue muy vivo también en la actualidad.Me refiero al escritor Fernando Sánchez Dragó y al periodista Salvador Sostres.

No quiero hablar sobre estas personas que por sus palabras ya son juzgadas y criticadas, sino de la compleja relación entre hombres y mujeres y el esfuerzo que tendría que hacer el hombre para acercarse a ella, porque al final, no veo proyecto más ilusionante para un hombre que amar de verdad a una mujer, y amar implica muchas cosas que poco tienen que ver con el sexo, aunque no quiero despojarlo de su importancia. Como dice el ocurrente Woody Allen, “el sexo sin amor es una experiencia vacía, pero como experiencia vacía es una de las mejores”. Aunque es una de sus humoradas, tiene razón en cuanto a que el sexo es una fuente importante de placer pero si no va acompañada de otro sentimiento al final nos deja una sensación de vacío, de soledad.

El filósofo Julián Marías le dedicó varias obras a la mujer y me influyó personalmente en la forma de verlas, y parte de lo que escribiré en las siguientes líneas está basado en su pensamiento, recogido en “La mujer y su sombra” .

Julián Marías, uno de los grandes filósofos españoles del siglo XX

El primer gran error a la hora de ver a las mujeres es aplicarle a la mujer  todo lo que se ha pensado a lo largo de la historia para el hombre. Jamás podrá conocerse a una mujer si la considerasemos como una versión ligeramente modificada de lo masculino. La mujer, como el hombre, son inteligibles, es decir, podemos comprenderles a través de la razón, pero ahí acaban los parecidos, porque la mujer representa la máxima diferencia con el hombre, es una realidad radicalmente distinta a. la realidad masculina. Y por eso, para nosotros, la mujer es un misterio , pero es un misterio posible de desentrañar, el más grande y hermoso misterio que puede hallar un hombre.

El problema es que el hombre siente el inmenso atractivo de la mujer, lo atrapa y despierta su entusiasmo, pero en lugar de aprovechar este entusiasmo para tratar de entender a la mujer, para descubrirla, no reflexiona , no se detiene y cuando el entusiasmo y la pasión se desvanecen habrá perdido la oportunidad de saber quién es ella .  Cuantos hombres no se hacen la pregunta de “¿qué es lo que quiere esta mujer?” pero Julián Marías hace otra pregunta más inteligente “¿cuantos hombres hablan con las mujeres dejándolas ser?”  El hombre habla desde fuera de su propio yo, habla del trabajo, del deporte, de política, de lo que han leído, pero la mujer siempre habla desde si misma y ,de alguna forma, es como si sus palabras fueran el agua que brota de una fuente. Eso es lo que hace tan atractiva la conversación con una mujer, un hombre no se muestra en su intimidad , una mujer , si de verdad la escuchas y la dejas ser ella misma , te enseñará quién es. Pero para llegar a eso hay que sentir curiosidad, interés y entusiasmo por conocerla, algo que el filósofo Ortega y Gasset definía como “el interés desinteresado”. No hay que escucharla para lograr algo, sólo escucharla  para entender, para llegar a saber quién es.

No es una tarea sencilla y, aunque todos buscamos el amor, lo anhelamos, nos olvidamos de algo muy importante y es que, antes de que nos amen, debemos de amar y ser generosos con ese amor. La gente suele contentarse con otras cosas que, en realidad, tienen que ver muy poco con el amor auténtico, aunque nos lleguen a confundir. En muchas ocasiones se elige mal porque perseguimos lo que queremos y no lo que deseamos, y no es un juego de palabras. Puedes querer ser un gran empresario, pero ¿es eso lo que realmente deseas? y lo mismo sucede en las relaciones entre hombres y mujeres.

Pero esta labor de descubrimiento de la mujer  no se refiere sólo al amor, sino también a la amistad, porque creo firmemente que la  más verdadera amistad que puede existir es la que nace entre un hombre y una mujer. Las personas a las que más quiero, mis mejores amigas, son mujeres y nunca me canso de escucharlas, de descubrirlas, porque siempre te ofrecen una nueva parte de su interior que no conocías, y pienso que es una de las mayores fuentes de felicidad. Pero esa amistad no es posible sin ese interés desinteresado del que hablaba Ortega, sin esperar nada , sólo dejarla ser ella.

Ya sea a través de la amistad sincera o a través del enamoramiento, es cuando el hombre puede avanzar en el conocimiento de ese continente misterioso que es la mujer que, si sabemos escucharla, si sabemos verla y nos dejamos sorprender por su visión de la vida y de la realidad , tan distinta a la nuestra y a la vez tan complementaria, ella misma nos irá descubriendo. Y ese descubrimiento no acaba nunca, porque la mujer nunca la podemos dar por vista, por concluida., Y asistir a su evolución, a su crecimiento como persona es el mayor regalo que nos puede dar la mujer

Quiero terminar este artículo con una frase del escritor alemán Adolfo Kolping que todos los hombres tendríamos que aplicarnos a nosotros mismos para aprender a amar y querer a las mujeres:

“Si el hombre quiere que la mujer sea una muy buena mujer, deberá primero ser él mismo y sobre todo un muy buen hombre”

Antes de que te amen tienes que amar.


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