LA INMIGRACIÓN NO ES EL PROBLEMA: LOS CHIVOS EXPIATORIOS

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua explica que la expresión “chivo expiatorio” tiene su origen en la práctica religiosa de Israel en la que los sumos sacerdotes sacrificaban un macho cabrío para expiar los pecados de los israelitas.

A lo largo de la historia, en los momentos de crisis, el poder siempre ha buscado chivos expiatorios sobre los que hacer recaer la culpa de los males que afectaban a la sociedad, desviando así la atención del pueblo hacia otros colectivos y eludiendo su propia responsabilidad. Por supuesto, estos chivos expiatorios siempre eran las minorías religiosas,culturales o raciales, aquellos grupos que eran  los más débiles y sin posibilidad de defenderse. Un destino que durante siglos padecieron los judíos europeos, culpables de pestes, hambrunas, sequías y cualquier otro mal imaginable, pero cuando la situación mejoraba volvían a ser admitidos en la sociedad para utilizarlos como un mal necesario, pero no deseado, que se toleraba por los beneficios que se obtenían de su presencia.Los judíos, de hecho, eran  acusados de usureros, pero es que era la única profesión que se les permitía, ya que entre los cristianos la usura estaba prohibida por considerarlo pecado.

Los ejemplos los encontramos a lo largo de toda la historia, desde los judíos en toda Europa, a los cristianos en Roma, los moriscos en España, los negros en Estados Unidos, los herejes, los homosexuales. Todos los que dentro de la sociedad son  diferentes corren el riesgo de ser chivos expiatorios.

Y las cosas no han cambiado. En Europa soplan vientos de xenofobia, se mira con recelo al diferente, al musulmán que profesa su religión, al asiático al que con su laboriosidad se le acusa de competencia desleal, a los millones de personas que se han traslado a este continente huyendo de la pobreza y de unas condiciones de vida que nosotros, afortunados occidentales , no podemos ni imaginar. Durante años se les abrieron las fronteras no porque nos preocupase su bienestar ni entendiéramos su necesidad de una vida mejor, sino porque eran una mano de obra barata, que exigía poco y lo daba todo, desempeñando las tareas más duras que nosotros, con nuestras carreras y educación, no estábamos dispuestos a  realizar. Eran útiles, generaban riqueza y nos hacían la vida más cómoda, así que se les toleraba mientras no causasen muchas molestias.

Pero la crisis llegó, el desempleo creció y los primeros afectados fueron precisamente los más débiles,los emigrantes,  los que hacían los trabajos menos cualificados y que disponían de menos recursos para hacer frente al desempleo. Luego fue creciendo la crisis hasta afectarnos a todos y, entonces, se inició de nuevo el lento girar de la rueda de la  historia y vuelven a repetirse las consignas xenófobas de otros tiempos, suavizadas por un barniz más civilizado, pero en el fondo con la misma intención. Así, nos encontramos con los nuevos racistas participando en el gobierno de Holanda, en el de Italia y creciendo en voto y en poder en muchos otros países de la Unión.

El último ejemplo es la propuesta de la candidata del Partido Popular a la Generalidad de Cataluña , Alicia Sánchez Camacho, que quiere lanzar lo que llama un “contrato de integración” por el cual, aquellos inmigrantes que pierdan su trabajo estarán obligados a regresar a sus países de origen y añade que, “una mayor inmigración no puede ir en perjuicio de las becas,ayudas y servicios que  nuestros ciudadanos reciben” y termina explicando que “con cerca del 20% de parados no se puede hacer la misma política que con un 8%” 



Alicia Sánchez Camacho



Ahora queda claro, ya no son útiles y cuando se queden sin trabajo que se vayan. Muy bien, pero lo que no nos dice la señora Sánchez Camacho es que gracias a la aportación de los millones de inmigrantes que han venido a España en las dos últimas décadas se ha podido financiar la Seguridad Social, el sistema de pensiones y las arcas del Estado. Esas becas y servicios de los que habla ya no los podríamos mantener sin su aportación. Pero además, encuentro terrible la forma de hablar del inmigrante como si fuera una cosa, algo que no siente.¿Qué le parecería a ella si por perder su trabajo tuviera que abandonar su casa, los amigos, la nueva vida que hubiese construido para regresar a un lugar donde no tiene nada? Un inmigrante es una persona como ella y como yo, y no se le puede pedir que esté viviendo con una espada de damocles sobre su cabeza, sabiendo que en cuanto pierda su empleo será expulsado.

No, los inmigrantes no son el problema, han sido durante los últimos años nuestra tabla de salvación, aunque la demagogia política quiera utilizarles una vez más como chivo expiatorio para ocultar que son ellos los responsables, los políticos y los malos empresarios, los especuladores y la profunda perversidad de un sistema económico que ha olvidado que el mundo no son acciones, ni bonos, ni hipotecas, ni divisas, sino seres humanos de carne y hueso.

No permitamos que la demagogia más rastrera, con la que los responsables de los diferentes partidos políticos quieren ocultar su responsabilidad, culpe una vez más a los débiles. Estamos todos en el mismo barco y ,quizás lo que haya que cambiar sea a los capitanes que no saben gobernarlo y nos llevan a la deriva.
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