PEDRO ABELARDO Y ELOISA, UNA TRISTE HISTORIA DE AMOR MEDIEVAL

Suelo repetir en el Mentidero que no debemos juzgar la historia desde nuestro punto de vista actual, pues ni nuestros valores, ni nuestros códigos éticos , ni el contexto social y cultural en el que se desarrollaron esos acontecimientos guarda relación con nuestro mundo del que nos separan siglos de distancia. Pero hay algo que no cambia en la historia del hombre porque es inherente al ser humano, los sentimientos. El odio, la envidia, el rencor, la bondad, la generosidad, los celos , la amistad y , por supuesto, el amor, forman parte de la naturaleza del hombre y , con independencia del momento, siempre están ahí, latentes, esperando el momento para expresarse. El escritor alemán Hermann Hesse decía sobre ellos que “No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos” Pero esos hermosos, magníficos sentimientos que nos dice Hesse no siempre son tan hermosos y en otras ocasiones, cuando lo son, no son correspondidos con la misma intensidad y se convierten en fuente de sufrimiento.
Tenemos la idea de una Edad Media donde no había lugar para el amor, en la que los matrimonios eran concertados entre las familias para lograr ventajas económicas, políticas o alianzas entre diferentes grupos, pero olvidamos que igual que ahora , entonces existía el amor, tanto los más humildes campesinos como los miembros de la nobleza poseían un corazón y se enamoraban como hacemos hoy.  Y buen ejemplo de ello es la historia que vamos a conocer hoy, quizás la historia de amor más conocida de la Edad Media , entre uno de los grandes intelectuales del siglo XII, el filósofo Pedro Abelardo(1079-1144) y una mujer extraordinaria, que por méritos propios podría protagonizar uno de los artículos dedicados a mujeres que han destacado a lo largo de la historia, la dama francesa y futura abadesa Eloísa (1101-1164).
La historia de Pedro Abelardo nos es conocida gracias a una obra autobiográfica titulada “Historia de mis calamidades”, donde relata las vicisitudes de su vida como si se las estuviera contando a un amigo, pues el mismo define su obra como una “carta de consolación a un amigo ausente sobre la experiencia de mis propias calamidades”. Había nacido en 1079 en la Bretaña francesa, hijo de un hombre acomodado llamado Berenguer que le daría una buena educación. Pudo escoger la carrera militar, pero prefería dedicarse al estudio y a viajar , lo que hizo, y ya en 1099 viaja a París para estudiar en su escuela episcopal , la más famosa de la época . Allí estudia las llamadas siete artes liberales, las siete artes en que estaba dividida la enseñanza medieval y que formaban el llamado trivium , que incluía la enseñanza de retórica, gramática y dialéctica, y el quadrivium , integrado por el estudio de la aritmética, geometría, astronomía y música. Sus estudios se prolongarían durante casi una década, hasta 1108, cuando obtiene el título de  Magíster

Una imagen medieval de las siete artes liberales con la filosofía en su centro. Estas siete artes , divididas en el trivium(retórica, gramática y dialéctica) y el quadrivium(aritmética, geometría, astronomía y música) hacen referencia a su cultivo por “hombres libres” en oposición a las “artes serviles” y eran los estudios que tenían como propósito ofrecer conocimientos generales y destrezas intelectuales, antes que destrezas profesionales u ocupacionales especializadas llamadas Artes Manuales o Artes Menores. Una especie de distinción entre los estudios universitarios y la formación profesional de nuestros días (imagen procedente de http://obelogue.blogspot.com ) 
En los años siguientes enseña en diferentes ciudades y pone en entredicho las enseñanzas de los que habían sido sus profesores, como Guillermo de Champeaux (1070-1121) y el profesor de teología Anselmo de Laon (1050-1117). Pedro Abelardo era un hombre arrogante que se ganaba muchos enemigos con sus burlas  aunque él consideraba que eran los celos y la envidia lo que le hacían estar rodeado de enemigos. En el año 1114 lo encontramos en París donde se convierte en el profesor más famoso de la escuela catedralicia de Notre Dame.   Pedro Abelardo tiene entones 35 años, se encuentra en el punto culminante de su carrera, es famoso, reconocido y admirado tanto por su talento e inteligencia como también por su atractivo físico. Por aquella época, como él mismo escribe en su “Historia de mis calamidades “, Pedro Abelardo no había tenido ninguna experiencia amorosa a pesar de su edad “Siempre me mantuve alejado de la inmundicia de las prostitutas. Evité igualmente el trato de las mujeres nobles en aras de mi entrega al estudio”
No se si el novelista francés Remy de Gourmont tenía razón cuando escribía que “De todas las aberraciones sexuales, la más singular tal vez sea la castidad.” pero esa castidad estaba a punto de ser rota por obra de una joven llamada Eloísa, sobrina de un canónigo de París llamado Fulberto y que, consciente de la viva inteligencia de la joven , había encargado a Pedro Abelardo que la enseñara filosofía o tal vez no fuera así, tal vez Pedro Abelardo se enamoró de la todavía adolescente Eloísa, que no debía tener más de 13 años, e insistió a Fulberto para que le permitiese dar clases a la joven. Imagino que ya estaréis juzgando a Pedro Abelardo por tratarse de un hombre de 35 años y Eloísa una , para nosotros, niña que está entrando en la adolescencia, pero una vez más tenemos que evitar juzgar desde nuestro punto de vista actual. En la Edad Media no era extraño que una muchacha se casara a los 13 o 14 años y tuviera hijos al poco tiempo, la esperanza de vida entonces nada tenia que ver con la nuestra y la infancia terminaba muy pronto, no había tiempo para ella.
Fuera como fuese, Pedro Abelardo estaba enamorado de aquella joven a la que sacaba más de veinte años . Así nos lo cuenta  “Esta jovencita que, por su cara y belleza no era la última, superaba a todas por la amplitud de sus conocimientos. Este don, el conocimiento de las letras, tan raro en las mujeres, distinguía tanto a la niña que la había hecho celebérrima en todo el reino. Ponderando todos los detalles que suelen atraer a los amantes, pensé que podía hacerla mía enamorándola. Y me convencí de que podía hacerlo fácilmente” Por supuesto, Pedro Abelardo era una estrella del panorama intelectual de su tiempo, el equivalente a una estrella de fútbol o del cine de nuestros días, ¿cómo podía pensar que no iba a enamorar a una adolescente que apenas conocía nada de la vida y que sentiría una completa admiración por aquel hombre? Así lo reconoce Pedro Abelardo “Era tal entonces mi renombre y tanto descollaba por mi juventud y belleza que no temía el rechazo de ninguna mujer a la que ofreciera mi amor. Creí que esta jovencita accedería tanto más facilmente a mis requerimientos cuanto mayor era mi seguridad de su amor y conocimiento por las letras”

Archivo:Abelard and Heloise.jpeg
Imagen medieval de Pedro Abelardo y Eloísa. Su relación es la historia de amor más conocida de la Edad Media, un amor más intenso en Eloísa que en Pedro Abelardo. En una frase atribuida a Sócrates, el filósofo griego dice “preferiría morir mil veces antes que abandonar a la persona amada” Eloísa experimentara ese amor que no será correspondido con la misma fuerza por Abelardo . El poeta Alphone de Lamartine describirá a Eloísa con estas palabras “una joven de elevada estatura, cabeza oval ligeramente deprimida por la tensión del pensamiento hacia las sienes; una frente elevada y llana en donde la inteligencia se movía sin obstáculo, como un rayo cuya luz no quiebra ninguna esquina sobre un mármol; unos ojos grandes cuyo globo debía reflejar el color del cielo, una nariz pequeña y un poco elevada hacia la punta, tal como la modelaba la escultura, siguiendo á la naturaleza de las estatuas de las mujeres inmortalizadas por la celebridades del corazón; una boca en la que respiraban libremente, entre hermosísimos dientes, las sonrisas del talento y la ternura del alma.”
Porque Pedro Abelardo se había fijado en ella no sólo por su belleza sino por la gran inteligencia de Eloísa y decide iniciar una conversación epistolar con la joven “Me convencí además de que, aun estando ausentes, podíamos estar presentes por medio de cartas mensajeras. Sabía, también, que podía escribir con más libertad que decir las cosas de viva voz y de este modo estar siempre en un diálogo dulcísimo” Consigue convencer a Fulberto para que le encargue la educación de Eloísa y el amor entre los dos nace con una fuerza incontenible y, como no podía ser de otra forma, el estudio pasa a un segundo plano“Con pretexto de la ciencia nos entregamos totalmente al amor. Y el estudio de la lección nos ofrecía los encuentros secretos que el amor deseaba. Abríamos los libros , pero pasaban ante nosotros más fácilmente  a sus pechos que a los libros. Con mucha más frecuencia el amor dirigía nuestras miradas hacia nosotros mismos que la lectura la fijaba en las páginas. Si algo nuevo podía inventarse en el amor, lo añadíamos”
Durante años logran mantener el secreto, pero al final estalla el escándalo y se desvela su relación secreta cuando en 1119 Eloísa queda embarazada y tiene un hijo de Pedro Abelardo. Este, para limpiar el honor manchado de la joven, toma la decisión de casarse, aunque ella se niega en un principio porque, llevada de una sumisión total a su amado, no quiere que él sacrifique su carrera intelectual para cuidar de una familia. Pedro Abelardo la rapta de su hogar y la lleva a casa de su hermana en la Bretaña francesa para huir del acoso en París, y al final consigue vencer la resistencia de la joven y contraen matrimonio en secreto. Eloísa , después del matrimonio, aun ama con mayor pasión a Pedro Abelardo , hasta el extremo de que, como nos dice el escrito español José Antonio Marina en sus ” Palabras de amor”, de donde procede el texto de las cartas de este artículo,  afirma en una de sus cartas que quiere ser la “puta” de Pedro Abelardo.

“Abelardo y su alumna Eloísa”, obra de 1882 del pintor Edmund Blair Leighton(1853-1922). El amor entre Abelardo y Eloísa fue convertido en mito en el siglo XIX por el Romanticismo . Cuando la relación entre ambos había cambiado dramaticamente Eloísa se sentirá abandonada y tratada injustamente por Abelardo al que acusará de buscar en ella el placer y una vez obtenido dejarla. Así le escribirá ““¿Por qué , después de mi entrada en religión , que tú decidiste por mí, he caído en tanto desprecio y olvido por tu parte, que ni siquiera te dignas dirigirme una palabra de aliento cuando estás presente , ni una carta de consuelo en tu ausencia?”
Así cuenta este episodio Pedro Abelardo “No mucho después la jovencita entendió que estaba encinta. Y con gran gozo me escribió comunicándome la noticia y pidiéndome al mismo tiempo consejo sobre lo que yo había pensado hacer. Así pues, cierta noche en que su tío estaba ausente , puestos previamente de acuerdo, la saqué furtivamente de la casa del tío y la traje sin dilación a mi patria. Aquí vivió en casa de mi hermana, hasta que dio a luz a un varón a quien llamó Astrolabio” Era de esperar que los niños de entonces no fueran tan crueles con los nombres extraños como los de hoy en día, porque el pequeño Astrolabio habría sido un objetivo fácil de las burlas infantiles. Más este matrimonio secreto y el nacimiento del pequeño no iban a solucionar el problema.   
Pero el tío de Eloísa, el canónigo Fulberto, entra en cólera y no está dispuesto a perdonar la ofensa y el engaño del que ha sido víctima por Pedro Abelardo. Primero descubre  a todo París el matrimonio secreto de Pedro Abelardo y su sobrina, a lo que este, enfurecido , responde enviando a Eloísa al convento de Argentuil. La pobre joven, que sólo era culpable de haberse enamorado, ingresaba en un convento separada de su amor. Pero esta acción sería el detonante de la tragedia, la venganza que había tramado Fulberto y que nos narra así su víctima, Pedro Abelardo “Cierta noche, cuando yo me encontraba descansando y durmiendo en una habitación secreta de mi posada, me castigaron con una cruelísima e incalificable venganza, no sin antes haber comprado con dinero a un criado que me servía. Así me amputaron, con gran horror del mundo, aquellas partes de mi cuerpo con las que había cometido el mal que lamentaba. Se dieron después a la fuga . A dos de ellos que pudieron ser cogidos , se les arrancaron los ojos y los genitales. Uno de ellos era el criado arriba mencionado que, estando a mi servicio, fue arrastrado a la traición por codicia”
Pedro Abelardo había sido castrado, y quizás para huir de la vergüenza decide ingresar en un convento, donde ya estaba Eloísa, mientras que Fulberto, el canónigo, fue hallado culpable de instigar esta acción y por ello fue exiliado de París y le incautaron todos sus bienes. Como suele suceder en los dramas pasionales, nadie sale vencedor, todos pierden. Pero poco después, mientras Eloísa sigue en el convento, Abelardo abandona su retiro en 1120 y regresa a la vida pública, manteniendo durante los años siguientes polémicas con algunas de las mayores personalidades de su tiempo, como Bernardo de Claraval (1090-1153). En la ciudad de Troyes funda la escuela de Parácleto en 1123  a la que acuden multitud de estudiantes atraidos por la fama y prestigio de Pedro Abelardo y sería en esta escuela donde seis años después, en 1129 , funda un monasterio y lleva allí a Eloísa a la que nombra abadesa. Apenas un año antes él mismo había sido elegido abad de otro monasterio, el de Saint Gildas, donde iba a permanecer hasta 1132, siendo entonces cuando redacta su autobiografía “Historia de mis calamidades”.

Archivo:Les Amours d'Héloïse et d'Abeilard.jpeg
En esta obra del pintor francés Jean Vignaud(1885-1826) titulada “Los amores de Eloísa y Abelardo” se representa la escena en la que los dos amantes son sorprendidos  por el tío de Eloísa , Fulberto. El secreto que habían mantenido durante años de amor clandestino haría estallar un escándalo agravado por el embarazo de Eloísa. La pasión de estos encuentros nunca se extinguiría en el corazón de Eloísa, no así en el de Pedro Abelardo, al menos en apariencia pues escribirá “soy más culpable abrasándome por ti bajo del saco y de la ceniza consagrada a los altares, que lo era por los crímenes que me han acarreado mis desdichas” lo que parece demostrar que la seguía amando a pesar de todo . Por su parte Eloísa le escribirá “Me he aborrecido a mí misma por mostrarte mi amor y he venido aquí a perderme por que vivas tranquilo” Dos almas que parecían destinadas a amarse sin poder estar nunca unidas



Podíamos pensar que después de todas estas vicisitudes la historia de amor entre Pedro Abelardo y Eloísa se había extinguido, pero al menos por parte de Eloísa no era así.La sigue devorando la pasión, como podemos leer en esta carta escrita cuando ya es abadesa “Tu sabes, amado mío, lo mucho que he perdido al perderte a ti. Y cómo la mala fortuna  me robó mi mismo ser al hurtarme a ti. Y sabes, también, cómo mi dolor  por mí es incomparablemente menor , por la forma en que se realizó. Así pues, cuanto mayor es la causa del dolor, mayores remedios se han de poner para llevar el consuelo. No ciertamente por ningún otro, sino por ti mismo. Si tú solo eres la causa del dolor, también has de ser tú solo para darme la gracia del consuelo. Tú eres el único capaz de entristecerme y también el único que puede traerme la alegría y la confortación. Tú solo tienes tan gran deuda que pagarme, precisamente en el momento en que estoy dispuesta a realizar lo que mandes, pues no pudiendo ofenderte en nada, estaría dispuesta, si tú me lo mandas,  a perderme a mí misma”
Eloísa ha superado los treinta años y Pedro Abelardo tiene más de cincuenta , pero el amor sigue ardiendo en el corazón de la ahora abadesa, quiere someterse a su amado “perderme a mí misma” escribe, si él se lo manda. Pero aún va más lejos ” El nombre de esposa parece ser más santo y más vinculante , pero para mí la palabra más dulce es la de amiga y , si no te molesta, la de concubina o meretriz” Para ella es más dulce ser su prostituta, su meretriz, que su esposa, hasta tal punto llega su deseo de pertenencia, de total sometimiento a los deseos de Pedro Abelardo  para buscar su aprobación “Tan convencida estaba de que cuanto más me humillara por ti , más grata sería a tus ojos y también causaría menos daño al brillo de tu gloria “ Prefiere humillarse, perder su honor, antes que perjudicar en nada a su amado e insiste en que habría preferido ser su concubina antes que su esposa, para no privarle de la libertad “Dios me es testigo de que, si Augusto, emperador del mundo entero, quisiera honrarme con el matrimonio y me diera la posesión de por vida de toda la tierra, sería para mí más honroso y preferiría ser llamada tu ramera, que su emperatriz”
Pero Eloísa reprocha a su amado sus silencios “¿Por qué , después de mi entrada en religión , que tú decidiste  por mí, he caído en tanto desprecio y olvido por tu parte, que ni siquiera te dignas dirigirme una palabra de aliento cuando estás presente , ni una carta de consuelo  en tu ausencia?” Y es entonces cuando Eloísa acusa a Pedro Abelardo de no amarla ya una vez que ha satisfecho sus deseos, una acusación en la que podrán verse reflejadas muchas mujeres , quienes , una vez que han rendido su amor al hombre son luego abandonas por este en busca de una nueva conquista “Te unió a mí la concupiscencia  más que la amistad, el fuego de la pasión más que el amor. Cuando terminó lo que deseabas , se esfumaron también todas sus manifestaciones. Ojalá pudiera fingir ocasiones que me permitieran excusarte, al tiempo que, de algún modo, encubrieran mi vileza”

A las cartas de Eloísa , Pedro Abelardo responde con más frialdad, mostrando arrepentimiento por los arrebatos del amor que considera un pecado. Quizás trataba así de calmar a Eloísa en un vano intento de que olvidara un amor que no podían hacer realidad en vida. Escrbe en respuesta a las apasionadas cartas de Eloísa “Tú sabes a qué bajeza arrastró mi desenfrenada concupiscencia a nuestros cuerpos. Ni el simple pudor, ni la reverencia debida a Dios fueron capaces de apartarme del cieno de la lascivia, ni siquiera en los días de la Pasión del Señor o de cualquier otra fiesta solemne.Merezco la muerte y alcanzo la vida. Se me llama y doy la espalda. Persisto en el crimen y soy perdonado contra mi voluntad.” Sólo muestra arrepentimiento por lo que el consideraba un pecado contra Dios, mientras que Eloísa sufría por la separación del hombre al que amaba
A estas apasionadas palabras y a los reproches de Eloísa , Pedro Abelardo responde en un tono más frio, casi glacial y expresa que no pensaba que Eloísa necesitara de sus palabras de consuelo  “No creí que necesitara de tales palabras quien tan pródigamente ha sido dotada de lo necesario por la divina gracia.” y continua “Por eso, el hecho de atender ahora a tus hijas, como antes a tus hermanas, fue suficiente para hacerme creer que toda enseñanza o exhortación por mi parte era totalmente superflua. Si, por otra parte, en tu humildad no pienas así y crees que necesitan de mi instrucción y magistero en materias relativas a Dios, puedes escribirme lo que quieras” Impersonal, sin responder a las  preguntas ni negar las afirmaciones de la carta de Eloísa.
Pero Eloísa , en su monasterio, bajo los hábitos de monja, arde de deseo y de pasión por su amado, a pesar del tiempo, a pesar de los desprecios , a pesar de sus silencios “He de confesar que aquellos placeres de los amantes me fueron tan dulces que ni me desagradan ni pueden borrarse de mi memoria. Adonde quiera que miro , siempre se presentan a mis ojos con sus vanos deseos” Ni siquiera los oficios religiosos calman este deseo y el recuerdo del amor y el placer perdidos “Debería gemir por los pecados cometidos y , sin embargo, suspiro por lo que he perdido. Y no sólo lo que hice, sino que también  estáis fijos en mi mente tú y los lugares y el tiempo en que lo hice” Trata de huir de este deseo pero le es imposible y exclama  “¡Desdichada de mí y digna de aquel grito de angustia de un alma aquejada : “Infeliz de mí  ¿y quién me librará  de este cuerpo de muerte?” y se rinde ante los anhelos de su cuerpo “A estos estímulos de la carne y a estos incentivos de la libido, los atizan contra mí, tanto el ardor juvenil de mi edad,como la experiencia de los más dulces placeres. De manera que su acoso es tanto más intenso , cuando más débil es la naturaleza contra la que arremeten”
Aún hoy , leyendo estas palabras, estremece la pasión, el deseo, el ardor de Eloísa, inextinguible al paso del tiempo en comparación con la frialdad de Pedro Abelardo. Se demuestra que la acusación de Eloísa era cierta, él la persiguió hasta su conquista pero una vez que obtuvo lo que buscaba trata de alejarse de ella. Es tal el amor de Eloísa que le pone incluso por delante del amor a Dios, algo inconcebible en la época medieval “Dios sabe que en todas las ocasiones de mi vida temí ofenderte a ti más que a Él y que quise agradarte a ti más que a Él. Fue tu amor, no el de Dios, el que me mandó tomar el hábito religioso. Fíjate , entonces, en la vida miserable que llevo, teniendo que aguantar en esta vida tantas cosas y sin esperar premio alguno en la otra “  Mientras, Pedro Abelardo es acusado de herejía por Bernardo de Claraval, al que estaba enfrentado,  y en 1141 es condenado por hereje a no ejercer la docencia . Pedro Abelardo decide retirarse de la vida pública de forma definitiva e ingresa en el monasterio de Saint-Marcel , en la ciudad de Chalon-sur-Saône.Allí morirá un año después, en 1142 y su cuerpo es trasladado al Paracleto, donde se hallaba el monasterio de Eloísa.

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Tumba de Eloísa y Pedro Abelardo en el cementerio de Pére Lachaise, donde fueron trasladados en 1817 y donde aún hoy podemos visitarlos. En el epitafio que figura en la tumba en su antigüo emplazamiento en el monasterio fundado por el propio Pedro Abelardo podía leerse “Aquí, bajo la misma losa, descansan el fundador de este Monasterio:Pedro Abelardo y la primera Abadesa, Eloísa,unidos otro tiempo por el estudio, el talento,el amor, un himeneo desgraciado,y la penitencia.En la actualidad, esperamos, que una felicidad eterna los tiene juntos.”
Cuando Eloísa pregunta al abad de Cluny, Pedro el Venerable(1092-1156) sobre como fue la muerte de Pedro Abelardo este le responde con esta declaración de esperanza para los amantes “Ahora Dios, en el lugar de Eloísa, le calienta en su seno, como ella misma, y se lo conserva para devolvérselo el día del Juicio Final” Eloísa le sobreviviría aún veinte años más , hasta su muere en 1164. Los cuerpos de los dos amantes fueron trasladados al célebre cementerio parisino de Pére-Lachaise en 1817, donde áun hoy se puede visitar su tumba. Así termina su historia, en plena Edad Media pero con unos sentimientos de una fuerza, una intensidad y una pasión que todos podemos reconocer, porque a pesar de los casi novecientos años que nos separan de Pedro Abelardo y Eloísa, no nos separa nada como seres humanos. El mundo avanza, evoluciona, progresa, pero el corazón del hombre permanece inalterable padeciendo los mismos gozos, placeres, dolores y sufrimientos en todas las épocas de la historia. Si alguna vez pasáis por el cementerio de Pére-Lachaise tratad de acercaros a la tumba de estos dos amantes que sólo la muerte consiguió reunir de nuevo.