LA NOCHEVIEJA DEL AÑO 999: LOS MIEDOS DEL FIN DEL MILENIO

Mañana despediremos este año 2010 que ha sido bastante duro para la mayoría de nosotros y el mundo en general, y el próximo no anuncia cambios muy favorables , pero ya tendremos tiempo de hablar de ello. Podría hoy dedicarme a hacer un balance del año que termina o hablar de las perspectivas del próximo, podría dedicar un artículo a criticar los ataques al estado de bienestar que se están preparando y que van a significar su práctica defunción, podría escribir sobre las últimas decisiones políticas en España que causan indignación y tristeza casi a partes iguales, pero a partir de pasado mañana no ahorraré palabras para atacar a los que nos han conducido, en España y en el mundo a esta situación y que ahora pretenden que nosotros paguemos los platos rotos mientras ellos no asumen sus culpas y siguen en sus puestos como si nada hubiera pasado.
Pero no quiero despedir el año repitiendo los problemas y angustias que nos han acompañado durante todo el 2010 y si mañana trataré de mandar un mensaje de esperanza, porque tenemos que conservarla como sea en estos tiempos difíciles, hoy quiero dedicar este artículo a una Nochevieja de hace exactamente 1010 años, la Nochevieja del año 999. ¿Recordáis los temores milenaristas que rodearon la entrada del año 2000 y los próximos que se avecinan para el 2012 y la profecía del fin del Calendario Maya? Pues hace mil años , toda Europa vivió con miedo la Nochevieja que daba entrada al segundo milenio de la cristiandad. Si os apetece, acompañadme en nuestro viaje al pasado y comprenderéis como los miedos y supersticiones del hombre no cambian mucho con el tiempo ni el progreso, en el fondo siempre quedará algo de aquel hombre oculto en las cavernas que temía la noche y se estremecía ante el destello de los relámpagos.
Nos encontramos en la noche del 31 de diciembre de 999  en la basílica de San Pedro en Roma, la plaza frente a la basílica se halla atestada por una multitud de hombres y mujeres que rezan entre sollozos ,gritos y gestos de desesperación en espera de lo que había sido anunciado por el Apocalipsis de San Juan:
“Y vi un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y con una gran cadena en la mano . Se apoderó del dragón, de la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo mantuvo encadenado durante mil años. Lo arrojó al abismo , que cerró y selló, para que no extraviase más a las naciones, hasta que se cumplieran los mil años. Después de esto habrá de ser soltado por un poco de tiempo”
Apocalipsis 20,1-3
Gerberto d´Aurillac, el papa Silvestre II. Hombre de gran erudición e inteligencia, había estado en contacto en España con los musulmanes de los que había aprendido conocimientos astronómicos y científicos . Fue acusado por sus contemporáneos de prácticar la magia negra y hacer pactos con el diablo
El papa Silvestre II oficia la misa en el interior de la basílica y , terminada ésta, todos esperan espectantes la llegada de la medianoche que es anunciada por el repicar de campanas de San Pedro. Tras unos segundos de silencio la multitud estalla en júbilo y se arrodillan para orar dando gracias a Dios porque no se ha producido el esperado fin del mundo anunciado para el primer milenio de la cristiandad.
Hasta aquí la imagen que la leyenda ha difundido hasta nuestros días pero que ,a partir del siglo XX, ha sido puesta en duda por numerosos historiadores, empezando por el filósofo español José Ortega y Gasset, que en su tesis doctoral  afirma que el difundido terror milenarista del año mil es una falacia que se extendió a partir del siglo XVI. Los argumentos para negar la existencia de este terror ante la llegada del fin del milenio son numerosos y sólidos como veremos a continuación.
El primero de ellos es la ausencia de documentos que hagan referencia a la existencia de un terror generalizado ante el año 1000 y en los testamentos redactados durante la última década del siglo X sus autores establecen estipulaciones con vistas a un futuro lejano como si no fuera a suceder nada. Sólo hay un autor que menciona el año 1.000 en el sentido del Final de los Tiempos, el teólogo Abbo de Fleury quién recordaba que durante su juventud , en la década de 960, había escuchado un sermón de un predicador parisino que anunciaba que “no bien se hubiera completado la cifra de mil años, vendría el Anticristo y al poco tiempo se produciría el Juicio Final” apoyándose para ello en el Apocalipsis de San Juan: 
“Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de Sol , con la Luna bajo sus pies, y en su cabeza una corona de 12 estrellas;estaba encinta y gritaba con los dolores del parto.Y otra gran señal apareció en el cielo:un gran dragón color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos y sobre las cabezas siete diademas; su cola arrastraba un tercio de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la Tierra. El dragón se puso delante de la mujer que iba a dar a luz un hijo varón, el que ha de apacentar a todas las naciones con vara de hierro. El Hijo fue arrebatado hacia Dios y hacia su trono… se trabó una batalla en el cielo: Miguel y sus arcángeles entablaron combate con el dragón”  
Lo cierto es que la Iglesia, siguiendo los escritos de San Agustín, sostenía que el  reinado de los santos había comenzado ya y que la referencia a los mil años contenida en el Apocalipsis debía tomarse en sentido figurado . Pero si estos argumentos no son suficientes, tendríamos que añadir que el sistema de datación a partir del Nacimiento de Cristo creado por Dionisio el Exiguo, del que ya he hablado en otro artículo dedicado al calendario en el Mentidero,  distaba mucho de ser conocido en toda Europa  y , mientras las personas más instruidas seguían datando los documentos y acontecimientos más importantes por los años del reinado vigente o por los años del papa en vida en ese momento, para la mayor parte de la población campesina el año mil  debía ser un año como cualquier otro por el sencillo motivo de que desconocían en que año se encontraban.
El libro del Apocalipsis, que significa Revelación, anuncia proféticamente el Fin de los Tiempos y el reinado de mil años del demonio y ha dado origen a una rica íconografía de pintores y escultores a lo largo de los siglos
Hasta aquí los argumentos de aquellos que niegan el miedo al fin de los tiempos con la llegada del cambio de milenio en 999,  pero también hay historiadores que sostienen la existencia de un temor real, aunque no generalizado en todo Europa, por la proximidad de esa fecha, y para ello recurren sobre todo al testimonio de un monje de la Borgoña francesa llamado Rodolfo Gabler.
Rodolfo Gabler había nacido hacia 985 y , con sólo doce años, ingresa en un monasterio donde da muestras de tener un carácter violento y amigo de las broncas, lo que no le granjearía las simpatías del resto de monjes y sería el motivo por lo que recorrió múltiples monasterios, siendo expulsado de uno a otro. Sería precisamente esta gran movilidad la que le permitió disponer de más información que la de otros cronistas  monacales que nunca llegaron a abandonar los muros de sus monasterios.
En la década de 1030, Gabler escribe “Historias”, a la que divide en cinco partes  que se constituirán en la principal fuente sobre, según las propias palabras de Gabler,  “la historia de los acontecimientos y prodigios que sucedieron alrededor del milenario y de la Encarnación del Salvador durante ese año” . Gracias a su obra no resulta tan clara la afirmación de que el año mil fue vivido como otro año cualquiera y si parece confirmarse que, al menos para una parte de la cristiandad, existió la creencia en el Fin del Mundo.
Gabler recoge una cadena de acontecimientos que incluyen catástrofes climáticas, visiones extraordinarias y portentos misteriosos,  que serían los heraldos del caos profetizado por el Apocalipsis antes de la segunda venida de Cristo. Entre los portentos descritos por Gabler  sobresale la terrorífica aparición de un cometa , posiblemente el cometa Halley, que pasó cerca de la Tierra en 989.
“Apareció el mes de septiembre , poco después del anochecer , y permaneció visible durante casi tres meses. Brillaba con tal intensidad que su luz parecía inundar buena parte del firmamento , luego se desvaneció al alba. Pero si se trata de una nueva estrella que Dios ha lanzado al espacio, o si meramente ha intensificado el resplandor de otra estrella, sólo El lo sabe… Lo que si ha quedado demostrado con certeza es que este fenómeno en el cielo nunca se aparece a los hombres sin constituir un signo infalible de un hecho misterioso y terrible. En efecto, un incendio no tardó en devorar la iglesia de San Miguel Arcángel, construida sobre un promontorio en el océano que había sido siempre objeto de una especial veneración en todo el mundo.”
Hoy sabemos que el cometa Halley orbita alrededor del Sol y alcanza su máxima aproximación cada 75 años, cuando su brillo es más intenso. Su último paso cerca de nuestro planeta fue en 1986, pero en el siglo X su presencia confirmaba los malos presagios sobre el final de los tiempos
En la misma obra Gabler  añade, refiriéndose al año 993, siete años antes del milenio
“Siete años antes del milenio casi todas las ciudades de Italia y la Galia fueron devastadas por violentas conflagraciones y hasta la misma Roma quedó asolada por el fuego. Los ciudadanos emitieron un terrible grito a un tiempo y corrieron a confesarse con el Príncipe de los Apóstoles”
A continuación el monje escribe que muchos hombres destacados de su época mueren en estos últimos años del milenio y afirma que “Todo esto concuerda con la profecía de san Juan quién dijo que el diablo sería liberado durante mil años” Gabler también nos da noticias de movimientos heréticos que surgen por primera vez en Europa después de dos siglos de calma, y la aparición de un movimiento milenarista conocido como la Paz de Dios , el cual habría sido iniciado en la década de 990  como repulsa del pueblo contra los nobles. Una de las primeras manifestaciones de esta Paz de Dios se encuentra en Limoges en 994, cuando se sacan en procesión los restos de San Marcial después de que una epidemia hubiera asolado la región y la multitud congregada alrededor de la imagen quedó milagrosamente sanada de sus dolencias.
Los participantes en el movimiento de la Paz de Dios creían en la próxima llegada de Cristo y la instauración de un reino de paz y justicia ,pero además de este movimiento son frecuentes los relatos de grupos de adoradores del diablo , pues muchos creían que había llegado la hora en que el diablo quedara libre por espacio de mil años, como anunciaba el Apocalipsis. Así nos lo cuentan cronistas de la época:
“Se reunían ciertas noches en una casa  determinada, cada uno provisto de una luz y cantaban , en forma de letanía , los nombres del diablo, hasta que de pronto veían que éste descendía entre ellos con la apariencia de una bestia Todas las luces se extinguían de inmediato y se entregaban a una orgía inexpresable . Cada hombre se apoderaba de la mujer que tenía más cerca , sin que le importara que fuese su madre, su hermana o una religiosa. El niño nacido de esta unión impura era presentado el  octavo día después de su nacimiento . Encendían un gran fuego y pasaban al bebe por las llamas, a la manera pagana. Las cenizas de la pobre criatura se recogían y preservaban con la misma veneración con que los cristianos preservaron el cuerpo de Cristo.”
Pero no es sólo Gabler , con ser la principal fuente con la que cuentan los historiadores, quién nos proporciona noticias sobre las creencias milenaristas  entre las gentes de  finales del siglo X , y así el monje Saint Amand de Lobbes escribe lo siguiente acerca de un terremoto habido en Alemania poco antes del año mil:”En el año de la Encarnación mil, habiéndose producido un terremoto y otras señales que fueron vaticinadas como necesarias, a partir de aquí nuestra esperanza tiene ya más certidumbre de aquellas cosas que esperan ser completadas en orden” y Thietmar de Messeburg escribe sobre el año mil que es “el mejor año desde que la Inmaculada Virgen dio a luz nuestra Salvación, cuando se vio brillar sobre el mundo un amanecer radiante
Hemos visto que en el Apocalipsis más que en el fin del mundo se anuncia la liberación del diablo para el comienzo de un reinado que se prolongaría durante un milenio , y muchos interpretaron la elección de Gerberto d´Aurillac como el nuevo papa Silvestre II como el cumplimiento de dicha profecía, ya que tenía muchos enemigos que le envidiaban por su gran erudición e inteligencia y le acusaban de haber logrado el papado a través de un pacto con el diablo y aduciendo como muestra de sus tratos con el diablo y de la práctica de las artes mágicas negras la afición del Papa a estudiar el cielo y la construcción de instrumentos científicos , además de poseer manuscritos obtenidos de los musulmanes. Entre las acusaciones “más graves”, y recalco el entrecomillado, contra Silvestre II ,se hallaba el entusiasmo del pontífice por una máquina de calcular llamada ábaco  que supondría una revolución en la aritmética, pero que para los contemporáneos de Silvestre II no era sino una prueba más de que el nuevo Papa era en realidad el Anticristo. Una vez más la ignorancia tratando de aplastar la sabiduría y el progreso, como ha sucedido a lo largo de los tiempos y sigue sucediendo ahora.
Otón III(979-1002) emperador del Sacro Imperio que creía con firmeza en la proximidad del fin de los tiempos y tenía previsto abdicar de la corona para acelerar el final, aunque su tempranda muerte se lo impidió
Otro signo de la inquietud existente dentro de los años próximos al milenio lo hallamos en el emperador del Sacro Imperio , Otón III, que había sido discípulo del propio Silvestre II, y que se tomaba muy en serio los relatos del Apocalipsis , en especial las profecías de un escritor apocalíptico llamado Adso de Montier-en-Der, quién había escrito que :
“Un emperador romano de origen franco sería el último y más grande de los dirigentes y , después de gobernar su Imperio marchará a Jerusalén para ceñirse la corona en el Monte de los Olivos”
Según este profeta ese sería el fin del Imperio Cristiano y el inicio del reinado del Anticristo. Para evitar el  cumplimiento de la profecía del último emperador, Otón III decidiría abdicar de la corona y ordenarse monje con el fin de apresurar el final del Imperio y de la historia de la Humanidad. Aunque poco después del año mil Otón III moriría sin poder llevar a la realidad  su decisión de abdicar, si podemos ver como el gobernante más poderoso de Occidente durante el siglo X veía dirigidas sus acciones por creencias apocalípticas.
Sea como fuere, como hemos visto nada sucedió en la Nochevieja del 999 y la cristiandad volvió a respirar confiada en el futuro , tal y como nos cuenta nuestro ya viejo conocido Rodolfo Gabler:
“Poco antes del tercer año posterior al milenio, en todo el mundo, pero , sobre todo, en Italia y en la Galia, los hombres comenzaron a construir iglesias, aunque buena parte de las ya existentes estaban construidas como es debido y no eran indignas. Pero parecía que cada comunidad deseaba superar a las otras en materia de esplendor de sus iglesias. Era como si todo el mundo quisiera desembarazarse del peso del pasado, adornándose por doquier con el mando blando de las iglesias.” 
Durante los años siguientes al milenio partidas de albañiles recorrían los pueblos de Europa erigiendo nuevas iglesias ,que eran iguales unas a otras como un símbolo de un mundo nuevo que comenzaba su andadura . Comparando las dos visiones que los historiadores de nuestros días mantienen sobre los acontecimientos que rodearon el año mil, y sin querer apoyar ninguna de las dos tesis , si me parece que hay indicios suficientes para afirmar que, al menos en Europa, si existió cierto temor y ansiedad ante la llegada del fin del primer milenio de la cristiandad, un temor que se volvería a repetir en 1033, porque en esa fecha se celebraban los mil años de la muerte de Cristo en la cruz.
Así, mañana, cuando empecemos a tomar las uvas y a levantar nuestras copas para despedir al viejo año y recibir al nuevo, quizás vengan a nuestras mentes el recuerdo de aquellos hombres que hace mil años se congregaron en Roma rezando en la espera del Fin del Mundo. Vendrán de nuevo los agoreros y nos anunciarán nuevas catástrofes apocalípticas, no será la primera vez como acabamos de ver, pero espero que no vuelvan a engañarnos. No hay Apocalipsis más que el que nosotros mismos podemos preparar , es la humanidad la responsable de evolucionar o destruirse a sí misma.