LA ALEGRIA DE ESTAR TRISTE

Hay días que todo invita al recogimiento en uno mismo, evadirse del ruido que rodea la vida, días que saben a  melancolía , eso que Victor Hugo llamaba “la alegría de estar triste”. Son esos días en los que te  dejas mecer  por una canción que te trae dulces recuerdos de un ayer que ,de pronto, no está tan lejos.
El otoño siempre ha sido tiempo de versos de poetas enamorados,de nostalgia de la luz estival, de días de niebla que enturbian el sol y oscurecen el alma, de ese estado de ánimo que parece robarte las fuerzas y hace languidecer el cuerpo . Miras por l,a ventana y ves las últimas hojas caer dejando desnudo aquel árbol que en verano te cobijaba bajo su sombra, la lluvia golpeando el cristal y cada gota es como si quisiera golpearte el corazón y te hace estremecer , buscas un abrazo que te ofrezca el calor que te falta.
No podemos abandonarnos en brazos de la melancolía,es una compañera demasiado absorvente,  pero hay ciertos momentos en que el alma necesita un descanso y busca dentro de ella para sacar los momentos felices que a la vez son tristes, porque fueron y ya no son. Es cuando sientes el vértigo ante el paso del tiempo, y quisieras sujetarle para que se detuviera, pero es terco y termina por escaparse entre los dedos. El tiempo fluye como las aguas de un río y ya decía Heráclito que un hombre no puede bañarse dos veces en las aguas de un río, porque en la segunda ocasión ni el río ni nosotros somos los mismos. Lo que fue ya no volverá a ser, aunque quisiéramos repetirlo de la misma forma.Pero los recuerdos nos permiten conservar esos momentos como una fotografía en un álbum y ,aunque pueden traernos tristeza, también nos cuenta que una vez fuimos felices y volveremos a serlo.
En días como estos, cierro los ojos y permito que la melancolía se haga dueña de mi ánimo por un instante y la saludo como a una vieja amiga que viene a visitarme de vez en cuando. No hay que tenerla miedo, hay que invitarla a pasar, que hable un poco con tu corazón y ,después, acompañarla amablemente a la salida porque debe regresar a su casa. Y asi abrirás de nuevo los ojos preparado para seguir viviendo, para reír, para llorar, para soñar, para luchar y , sobre todo y por encima de todo, para amar cada día de este maravilloso milagro que es la vida.
Quizás la mejor forma de terminar este artículo de hoy sean las palabras de Federico García Lorca, un gran melancólico, como todo poeta, pero que también supo vivir con alegría y pasión:
“Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar”
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