LA HISTORIA DE HIRO ONODA Y LOS ÚLTIMOS SOLDADOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

El ocho de mayo de 1945 Karl Dönitz(1891-1980) , que había sucedido en la presidencia de Alemania a Adolf Hitler(1889-1945) después de su suicidio y de la lectura del testamento en la que declaraba al almirante como su heredero al frente de Tercer Reich, capitulaba sin condiciones ante los aliados.El seis de agosto de 1945 Estados Unidos lanzaba la primera bomba atómica de la historia sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y tres días después una segunda bomba atómica caía sobre la ciudad de Nagasaki. Tan solo cinco días después el gobierno japonés capitulaba sin condiciones . En el documento de capitulación que enviaron a las potencias aliadas se declaraba “Aquí proclamamos, la rendición incondicional ante las Potencias Aliadas, de los Cuarteles Generales Imperiales y de todas las Fuerzas Armadas Japonesas y de todas las fuerzas armadas bajo el control japonés donde quiera que se encuentren.” Y un poco después añadía “Nosotros aquí ordenamos a los Cuarteles Generales Japoneses a emitir órdenes inmediatamente a los Comandantes de todas las Fuerzas Japonesas y a todas las fuerzas bajo control japonés, donde quiera que se encuentren a rendirse ellos mismos y todas las fuerzas bajo su control, incondicionalmente.”
El dos de septiembre de 1945 a bordo del Missouri, el buque insignia de la flota norteamericana en el Pacífico , se firmaba la rendición oficial del Japón y terminaba la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que había causado la muerte de sesenta millones de seres humanos y en la que se habían visto implicadas más de setenta naciones. Sin embargo la guerra no había terminado para todos . Pero para conocer la historia de uno de los últimos combatientes de la Segunda Guerra Mundial tenemos que viajar hasta Filipinas. Después del bombardeo y destrucción de parte de la flota norteamericana fondeada en el puerto de Pearl Harbor  el siete de diciembre de 1941, el avance las tropas del Imperio japonés había sido imparable y a comienzos del año 1942 ocuparían Thailandia, Hong Kong, la isla de Guam, Borneo, Malasia y las islas Célebres para invadir en primavera Indonesia, Birmania y las islas Filipinas. En las Filipinas establecerían un gobierno títere que dirigiría el país obedeciendo la voluntad  japonesa y que sería conocido como la Segunda República de Filipinas.

Mapa de la Guerra del Pacífico , donde se desarrollaron todas las batallas que enfrentaron a Japón y Estados Unidos desde el bombardeo de Pearl Harbor el siete de diciembre de 1941 hasta las bombas de Hiroshima y Nagasaki el seis y nueve de agosto de 1945. En marrón los territorios bajo poder japonés al comienzo de la Segunda Guerra Mundial y en rosa pálido los que fue ocupando al comienzo de la guerra entre finales de 1941 y el año 1942 , antes de que se produjera la reacción norteamericana con la victoria de la batalla de Guadalcanal en junio de 1942. En Filipinas podemos ver el lugar donde se libró la batalla de Leyte en octubre de 1944 con la que comenzaba la conquista de Filipinas por los norteamericanos y significaría el verdadero inicio de la aventura de Hiro Onoda y sus tres compañeros (imagen procedente de http://ileana-clasesdehistoria.blogspot.com )
Pero Estados Unidos, recuperada del golpe de Pearl Harbor , despacio pero de forma continua, iría arrebatando los territorios que Japón había ocupado en los años anteriores, obligando al ejército japones a un progresivo repliegue y luchando encarnizadamente por cada metro de suelo. En enero de 1944 las fuerzas norteamericanas ocupan el archipiélago de las Marshall, en febrero ocupan las Carolinas y el archipiélago de las Marianas en julio . En octubre el general Douglas MacArthur (1880-1964) lanzaba una ofensiva para expulsar a los japoneses de filipinas, desembarcando en la isla de Leyte el 20 de octubre de 1944 y poco después el gobierno títere que había puesto Japón al frente de Filipinas huía a la isla de Taiwan. Sin embargo Japón no se resignaba a ceder estos territorios sin al menos seguir causando nuevas bajas al ejército norteamericano y envió a grupos de comandos para hostigarles en una desesperada guerra de guerrillas. En diciembre de 1944 llegaba a la isla filipina de Lubang un oficial del cuerpo de inteligencia llamado Hiro Onoda(1922). Sus ordenes eran sabotear los aeródromos y los puertos para que no pudieran ser utilizados por el enemigo si trataban de invadir la isla
Hiro Onoda también había recibido la orden de no rendirse bajo ningún concepto ya que formaba parte de la cultura del soldado japones la convicción de que era mejor morir que soportar la deshonra de la captura. Sin embargo, apenas dos meses después de llegada de Onoda los norteamericanos desembarcaban en Luban el 28 de febrero de 1945 . De los soldados japones en la isla  al cabo de unas semanas sólo quedaban con vida el propio Onoda y tres hombres más, los soldados Yuichi Akatsu y Kinschichi Sozuka y el cabo Shoichi Shimada . Asumiendo el mando de este pequeño grupo de hombres,  Onoda les ordena que le acompañen a las montañas para evitar ser capturados. Aquí comenzaba la guerra de Hiro Onoda, una guerra que sería mucho más larga que la que Japón sostendría con Estados Unidos. Onoda y sus compañeros seguían en la montaña cuando, como vimos, Japón capitulaba el 14 de agosto y firmaba la rendición el 2 de septiembre. Las tropas japonesas en China tardarían todavía una semana más en abandonar las armas pero la Segunda Guerra Mundial había terminado, pero no para Onoda y sus hombres, que vivían aislados del exterior en su refugio de las montañas.

Hiro Onoda en una fotografía de juventud, cuando estaba aún lejos de imaginar que pasaría veintiocho años de su vida en una jungla, rechazado como ardides del enemigo cualquier información que se referiera al final de la Segunda Guerra Mundial . La lucha en Filipinas comenzaría con la batalla de Leyte el 20 de octubre de 1944 y se prolongaría hasta la rendición de Japón el 2 de septiembre de 1945. Por el bando norteamericano morirían 14.000 hombres y 48.000 heridos mientras que el ejército japonés perdería a 336.000 hombres y 12.000 serían hechos prisioneros. La proporción de prisioneros entre el ejército japonés siempre fue mínima ya que preferían suicidarse o lanzarse en ataques desesperados contra los enemigos antes que entregarse , un código de honor y lealtad inspirado en el “Bushido”, “el camino del guerrero”, un código ético que guiaba la conducta de los samurais que exigía mantener la lealtad y el honor hasta la muerte . Un compendio de estas reglas fue escrito en el siglo XVIII bajo el título de “Hagakure” o “A la sombra de las hojas” escrito por el samurai Yamamoto Tsunemoto(1659-1719) en el que se pueden leer explicaciones sobre el Bushido como estas palabras “Si preparando correctamente el corazón cada mañana y noche, uno es capaz de vivir como si su cuerpo ya estuviera muerto, gana libertad en El Camino. Su vida entera estará sin culpa, y tendrá éxito en su llamado.”(imagen procedente de http://www.wanpela.com )
Desde febrero de 1945 las tropas japonesas en Filipinas habían estado bajo el mando del general Tomoyuki Yamashita(1885-1946) . Durante la retirada de las tropas japonesas de la capital filipina se produciría uno de los episodios más negros de la guerra en el Pacífico, la conocida como  Masacre de Manila . Rodeados por los norteamericanos los japoneses se defendían casa por casa en la capital,  pero en un momento determinado se volvieron contra la población civil de la ciudad y se estima que fueron asesinados hasta cien mil personas, aunque no era Yamashita quién se encontraba en aquel momento en Manila y no fue responsable de ello . Pero no es el objetivo de este artículo analizar esta matanza,  ahora nos basta con saber que después de la matanza el ejército japones buscó refugio en las montañas de Luzón y allí permaneció practicando una guerra de guerrillas hasta la rendición de Japón. Yamashita sería juzgado en 1946 y condenado a muerte, siendo ahorcado el 23 de febrero de 1946. Pero antes de que eso sucediera y después de hacerse oficial la rendición de Japón Yamashita ordenó que se lanzaran folletos por las diferentes islas donde había soldados japoneses con este texto “La guerra terminó el 15 de agosto de 1945. ¡Bajen de las montañas!”.
Uno de estos folletos sería encontrado por Onoda y sus hombres pero no dieron crédito a su contenido y pensaron que no era sino una maniobra del enemigo para conseguir que se rindieran , así que decidieron permanecer en las montañas y proseguir su guerra particular contra Estados Unidos. Pasarían más de tres años hasta que uno de los cuatro,  el soldado Yuichi Akatsu, decidiera apartarse del grupo y vivir solo. A comienzos de 1950, después de medio año viviendo solo, Akatsu se decidió a entregarse a las tropas filipinas que le confirmaron que la guerra había terminado cuatro años antes. Akatsu les avisó que aún quedaban otros tres hombres en las montañas , pero después de la marcha de Akatsu, Onoda y sus dos compañeros aún se habían escondido en zonas más remotas de la selva, temiendo que Akatsu les traicionara y pudiera revelar su posición. Siguieron los intentos por encontrarles y convencerles de que la guerra había terminado. Les lanzaron fotos y cartas de sus familias para que se rindieran, pero aunque las vieron sucedió igual que con el folleto de 1945, pensaron que era otro ardid del enemigo y no hicieron caso.

Fotografía de Hiro Onoda en la época en que fue descubierto por el periodista Norio Suzuki en 1974 .Para entonces Onoda llevaba casi dos años viviendo solo en la jungla desde la muerte de su último compañero en un enfrentamiento. Durante los años que permanecieron escondidos siguieron activos en su guerra de guerrillas, lo que les llevaría a causar la muerte de al menos una treintena de personas y más de un centenar de heridos además de los daños materiales causados con sus sabotajes(imagen procedente de http://www.thedailypage.com )  

Un reportero japonés del periódico  Asahi Shimbun viajaría hasta  Lubang en 1952 para recorrer las montañas de la isla en un intento de encontrarlos, mientras gritaba “La guerra ha terminado. Salgan de la jungla , por favor” pero una vez más sin resultado alguno. Un año después, en 1953, durante un tiroteo con unos pescadores de la isla , resultaba herido el cabo Shimada , pero gracias a los cuidados de sus otros dos compañeros pudo recuperarse. Sin embargo no podría recuperarse de los disparos que recibió en 1954 de una patrulla de soldados filipinos que rastreaban la isla en su búsqueda. Tras la muerte de Shimada ya sólo quedaban Hiro Onoda y Kinschichi Kozuka . Durante todos los años que permanecieron en la isla se verían implicados en diferentes enfrentamientos con los habitantes de la isla y con patrullas del ejército y dieron muerte a al menos treinta personas. Los años siguen pasando y el 19 de octubre de 1972 Kinschichi Kozuka encuentra la muerte en un nuevo tiroteo en el que recibe un disparo en el pecho mientras quemaban una plantación de arroz en una de sus actividades de sabotaje. De esta forma Hiro Onoda se convertía en el último soldado japonés en guerra en la isla de Lubang.

Durante 1972 y 1973 se realizan nuevos esfuerzos para lograr la rendición de Onoda y viajan hasta la isla su padre y su hermano, se lanzan nuevas fotos, periódicos y cartas de su familia en un intento de convencerle de que la guerra había terminado hacia casi treinta años. Pero Onoda seguía sin ceder, sospechando que todo eran trucos del enemigo. Será en 1973 cuando un joven aventurero y explorador japonés , Norio Suzuki(1949-1986), emprende un viaje a Lubang. Suzuki había estado varios años de viaje por África , Asia y Oriente Medio regresando a Japón en 1972. Fue entonces cuando se dio la noticia de la muerte de un soldado japones en Lubang que había permanecido en las montañas desde el final de la Segunda Guerra Mundial , y también se informaba de la posibilidad de que aún hubiera un segundo hombre en la jungla. Suzuki decidió entonces iniciar un viaje que , según sus palabras, tenía tres objetivos , encontrar al “Teniente Onoda, un panda y el abominable hombre de las nieves, por este orden”. Así que en 1973 viaja hasta Lubang y el 20 de febrero de 1974 los dos hombres se encontrarían  caminando por la jungla. Como tantos habían tratado durante años, Suzuki explicó de todas las formas posibles a Onoda que la guerra había terminado, que no tenía sentido seguir allí y que podía regresar sin temor a Japón. Pero fiel al código militar japonés Onoda replica “Soy un soldado y permanezco leal a mis deberes” y afirma  que sólo se rendirá si recibe la orden de un superior.

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Hiro Onora y el aventurero y explorador Norio Suzuki en una fotografía tomada el día en que ambos se encontraron en la selva . No he encontrado la información pero imagino que Suzuki iría acompañado de alguien que tomó la foto . Entre ambos nacería una estrecha amistad  . Suzuki moriría con sólo 36 años de edad en 1986 mientras exploraba en busca de otro de sus grandes objetivos, el Abominable hombre de las Nieves

Con la promesa de que si lo hace abandonará la selva y se entregará  , Suzuki regresó a Japón y buscó a uno de los antiguos superiores de Onoda en la guerra, el  mayor Taniguchi, que en aquella época trabaja en una librería. Suzuki acompaña al mayor Taniguchi a Lubang y el 9 de marzo se encuentran con él . Taniguchi le entregó entonces a Onoda las siguientes órdenes.  ” De acuerdo con el mandato imperial, el decimocuarto ejército ha cesado toda actividad de combate. De conformidad con el mandato del Cuartel General Nº A-2003 , el Escuadrón Especial del personal del Cuartel General queda relevado de todas sus obligaciones. Las unidades e individuos bajo las órdenes del Escuadrón Especial  cesarán inmediatamente en todas sus operaciones y actividades militares  y se pondrán bajo las órdenes del más próximo oficial superior. Cuando no se pueda encontrar a ningún oficial, se comunicarán con las fuerzas americanas o filipinas y seguirán sus directivas” Onoda aceptó rendirse después de recibir esta orden y se entregó al ejército filipino , entregando también su arma , varias granadas de mano y más de quinientos cartuchos que todavía conservaba.

A pesar de poder ser considerado culpable de diferentes atentados que causaron la muerte de al menos treinta personas , heridas a otro centenar y la destrucción de cosechas y propiedades recibió el perdón de entonces presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos (1917-1989) en atención a las circunstancias especiales  que rodeaban su caso, ya que para Onoda la guerra no había terminado. Por fin , veintinueve años después del final de la guerra, Onoda regresaba a Japón donde sería recibido como un héroe de guerra. Escribiría un libro sobre sus aventuras en aquellos años titulado “Sin rendirse, mis treinta años de guerra”  e incluso llega a presentarse como candidato al parlamento japonés. Pero la vida del Japón de la década de los setenta nada tenía que ver con aquel Japón que el conocía, era un mundo diferente, de gran crecimiento económico y desarrollo tecnológico que iban a convertir al Japón en una de las grandes potencias del mundo y por ello Onoda sentía un profundo orgullo. Sin embargo, también se habían abandonado muchos de los valores tradicionales de la vida y cultura japonesa y Onoda no lograba adaptarse bien a ello.

Fotografía de Hiro Onoda en el momento en que se entregaba el nueve de marzo de 1974. Cuando le preguntaban el motivo por el que había resistido todos aquellos años negándose a creer cualquier noticia sobre el final de la guerra, Onoda recordaba las palabras que le habían dicho sus superiores en el momento de partir para la isla de Lubang “No le está permitido suicidarse. Su misión puede durar tres años, cinco años, pero pase lo que pase, volveremos a recogerle. Hasta entonces, siempre que usted tenga un soldado a su cargo será su líder. Bajo ninguna circunstancia puede quitarse la vida” (imagen y texto de la orden procedente de http://www.aquiestuveayer.com )

Años antes de su regreso su hermano se había establecido en Brasil y hacia allí encaminó sus pasos Onoda después de donar el millón de yenes que había recibido del gobierno japonés por sus tres décadas de lucha al templo de Yasukuni para  honrar a los caídos en las diferentes guerras y rezar por la paz. Llega a Brasil en abril de 1975 y empieza de nuevo su vida, ahora como criador de ganado. Se casa con Machie Onoda y se convierte en una de las personalidades más relevantes de la colonia japonesa en Brasil.Regresaría de nuevo a Japón en 1984 para fundar la Onoda Shizen Juku o “Escuela natural Onoda” para ayudar a jóvenes japoneses, una idea que surgió en la mente de Onoda después de leer cuatro años antes la historia del asesinato de unos padres japoneses por su hijo adolescente. Ya en 1995 regresaba por vez primera a Lubang , donde donaría diez mil dólares destinadas a becas para estudios de los niños de la isla. Sin embargo, no todos aplaudirían el regreso de Onoda y algunos protestaron por su visita y  recordaron las muertes que causó  debido a su empeño en no creer que la guerra había terminado . En la actualidad Onoda, a sus casi noventa años , vive entre Brasil y Japón como testigo vivo de una de las historias más surrealistas de la Segunda Guerra Mundial.

Después de su regreso a Japón Hiro Onoda supo adaptarse al mundo que encontró , donde fue recibido como un héroe, haciendo fortuna en Brasil como criador de ganado, aunque se mostraría decepcionado por la perdida de los valores tradicionales de la cultura japonesa que le habían dado la fuera para resistir durante tres décadas en la selva aislado del mundo exterior. Desde entonces se esforzaría en ayudar a los jóvenes japoneses y defender la paz aunque en la isla de Lubang no sería muy bien recibido en 1996 ya que algunos le hacían responsable de muchas muertes inútiles durante los años que siguió combatiendo  (imagen procedente de http://bushcraft.cz )

Sin embargo, aunque Onoda ha sido el más conocido de los soldados olvidados de Japón no fue ni el único  ni el último en abandonar la lucha armada. Dos años antes de la rendición de Onoda , en febrero de 1972 la revista norteamericana Newsweek informaba que se había descubierto a un soldado japonés de la Segunda Guerra Mundial refugiado en una cueva en la isla de Guam. Se trataba de Shoichi Yokoi . La isla de Guam, o Guaján como se llamó hasta 1898,  había pertenecido a España desde el siglo XVI hasta el año 1898, formando parte de la Capitanía General de las Filipinas. En esa fecha España pierde sus últimas colonias, Cuba, Puerto Rico  y Filipinas, después de ser derrotada por Estados Unidos y la isla de Guam , de 550 kilómetros cuadrados de superficie, pasaba a ser gobernada por los norteamericanos. Durante la Segunda Guerra Mundial el ejército japonés ocuparía la isla el once de diciembre 1941 y la mantendría en su poder hasta el comienzo de la Batalla de Guam que se prolongaría desde el 21 de julio al 10 de agosto de 1944.

La importancia estratégica de Guam radicaba en que podía ser utilizada por los norteamericanos como una base desde la cual lanzar nuevos ataques para ocupar Filipinas y Taiwan. Las fuerzas norteamericanas en el ataque eran de unos 36.000 hombres por 18.500 de los japoneses , entre los que se encontraba un sastre japonés llamado Shoicho Yokoi(1915). A pesar de la dureza de los combates, que costaron la vida a tres mil soldados norteamericanos su superioridad tanto en número  como en armamento terminó imponiéndose logrando el completo dominio de la isla el 10 de agosto de 1944. De los 18.500 soldados japoneses , 18.000 morirían en combate, muchos de ellos suicidándose antes de caer en manos de las tropas enemigas, mientras que otros 485 fueron hechos prisioneros. Sin embargo unos pocos lograron escapar a la jungla . Uno de aquellos hombres  era Shoicho Yokoi ,que tenía el grado de sargento e iba acompañado de otros diez compañeros.  La guerra terminó pero , al igual que Onoda, estos hombres se negaron a creer en las noticias que les llegaban sobre su conclusión y decidieron permanecer escondidos en la selva.

Imagen de Shoicho Yokoi cuando fue capturado en la selva de Guam el 24 de enero de 1972. Era el último superviviente de un grupo de diez hombres que habían escapado a la jungla al terminar la Batalla de Guam donde 18.000 soldados japoneses habían encontrado la muerte . Las condiciones físicas en las que se encontraba Yokoi eran mucho peores que las de Hiro Onoda, sin fuerzas para defenderse de los dos pescadores que le capturaron, y los dos compañeros que se encontraban la misma zona y con los que solía reunirse de vez en cuando murieron en 1964 probablemente de hambre. Desde entonces vivió ocho años en completa soledad (imagen procedente de http://ns.gov.gu)

Poco a poco se fueron separando y al final sólo quedaban en la misma zona donde estaba Shoicho otros dos compañeros con los que se veía regularmente, hasta que en 1964 los encontró muertos a los dos. A partir de aquel momento Shoicho permanecería viviendo solo en la selva durante los siguientes ocho años. El 24 de enero de 1972 dos pescadores de Guam,  Jesús Dueñas y Manuel de Gracia, se hallaban pescando camarones en un río cuando oyeron un  ruido entre la maleza y para su sorpresa vieron acercarse al río donde estaban pescando a un hombre muy delgado, con el pelo cortado al cero, un arma en la mano, pantalones cortos y una camisa remendada en mil ocasiones. Cuando Shoicho se dio cuenta que le habían visto trató de defenderse pero se hallaba tan débil que fue reducido por los dos hombres. De esta forma terminaba su guerra de veintiocho años . A pesar de su larga ausencia de Japón y de los cambios que había experimentado su país supo adaptarse muy bien a su nueva vida, escribiendo varios libros sobre sus experiencias e incluso presentando un programa sobre estrategia de supervivencia, algo en lo que sin duda había demostrado una gran destreza. Considerado un héroe al igual que Onoda, sería recibido en 1991 por el emperador Akihito(1933) y moriría seis años después, el 22 de septiembre de 1997.

Pero ni Onoda , ni Shoicho eran los últimos soldados japoneses en rendirse aunque el siguiente en ser descubierto , Teruo Nakamura(1919-1979) era un caso algo diferentes, ya que no se trataba de un soldado japonés, sino que había nacido en la isla de Taiwan y había sido obligado a integrar la  Unidad Voluntaria Takasago del Ejercito Imperial Japonés en 1943. Fue enviado junto a otros compañeros a Indonesia, a la isla de Morotai , que sería conquistada por los norteamericanos en septiembre de 1944.  Nakamura y otros soldados del ejército japonés buscaron refugio una vez más en el interior de la jungla y allí permanecieron hasta los años cincuenta , cuando Nakamura se separó del resto del grupo porque no quería seguir combatiendo y se retiró a otra zona de la jungla en la que se construyó una cabaña en la que viviría retirado hasta que fue descubierta casualmente por un piloto en 1974 y fue arrestado en diciembre de 1974 y repatriado a Taiwan. Nunca tuvo la misma consideración de héroe de Onoda o Shoichi Yokoi ya que no había nacido en Japón y además había renunciado a seguir la lucha . Moriría cinco años después de un cáncer de pulmón.

Dos fotografías de Teruo Nakamura. De todos los soldados olvidados de Japón Nakamura es el que tendría un regreso más amargo ya que no fue considerado un héroe por la sociedad japonesa como el resto de soldados, ya que su nacionalidad no era japonesa sino que había nacido en Taiwan y además había renunciado a seguir combatiendo junto a otro grupo de soldados que permanecieron activos en la isla de Morotai hasta que fueron capturados en los años cincuenta. Nakamura permanecería oculto en una cabaña en medio de la jungla hasta que fue descubierto y capturado en diciembre de 1974 (imagen procedente de http://www.taringa.net )

Imagino que pensaréis que este era el último de los combatientes japoneses pero no es así y creo que os sorprenderá la fecha en la que fueron hallados los últimos combatienes de la Segunda Guerra Mundial. En mayo de 2005  fueron descubiertos en la jungla de la isla filipina de Mindanao dos ancianos que respondían al nombre de Yoshio Yamakawa de 87 años de edad y Tsuzuki Nakauchi de 85 años , pertenecientes a la 30º División del Ejército Imperial y que desde hacía décadas habían sido declarados muertos . Permanecieron ocultos durante sesenta años y hasta hoy son considerados los dos últimos soldados en entregarse de la Segunda Guerra Mundial. Y aquí acaba la historia de estos hombres que durante décadas permanecieron ocultos en el interior de junglas en las que nadie se aventuraba, aprendiendo a sobrevivir y fieles a su código militar e incluso , como en el caso de Shoichi, avergonzados cuando fueron capturados pues creían que no habían cumplido su misión. Hemos visto que eran hombres inteligentes que, como Onoda y Shoichi, supieron adaptarse y prosperar después de su regreso a Japón y fue su sentido del deber y la lealtad lo que les mantuvo durante todos aquellos años aislados del resto del mundo. Una historia trágica , admirable y sorprendente al mismo tiempo y quizás aún incompleta ¿permanecerá en algún rincón de la jungla un  anciano todavía oculto, el último soldado?

Fotografía de Tsuzuki Nakauchi, que junto con Yoshio Yamakawa, permaneció durante sesenta años oculto en la isla filipina de Mindanao hasta que fueron descubierto en el año 2005. Eran los últimos soldados en activo de la Segunda Guerra Mundial (imagen procedente de http://www.smh.com.au )
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