LA FIEBRE DEL ORO DE 1848, LA MALDICION DORADA

Cuando hablamos del oro todos pensamos en riqueza, en lujo , lo asociamos al poder y al bienestar ,el oro es , según un refrán español “esa ganzúa que abre todas las puertas” pero seguro que nuestro protagonista de hoy se sentiría más identificado con un escritor gallego llamado Alfonso Daniel Rodriguez Castelao cuando decía “Vale más una tierra con árboles en los montes que un Estado con oro en los bancos”. Por el oro han sacrificado su vida muchas personas a lo largo de la historia, ha causado guerras, ha destruido y forjado imperios , ha arrastrado a los hombres con su reclamo dorado, como si fuera una sirena que encanta el espíritu y hechiza el ánimo y al que nadie se puede resistir. Al menos , muchos no pudieron resistirse en 1848, cuando corrió la voz de que en un lejano rincón del oeste americano se había descubierto este metal precioso. Os invito a conocer hoy la historia de un hombre arruinado por el oro´, el nacimiento de uno de los territorios más emblemáticos de los Estados Unidos y todas las vilezas, crímenes y atropellos que se cometieron en aquellos años donde miles de personas sufrieron “la fiebre del oro”
Para conocer a nuestro protagonista tenemos que viajar hasta el año 1803, cuando en la ciudad alemana de Baden nacía en el seno de una familia suiza Johann Augustus  Sutter(1803-1880). Desde pequeño sintió atracción por los relatos sobre los grandes espacios de América, donde vivían los indios, donde luchaban valientes hombres que se forjaban su destino con la única ayuda de sus fuerzas. En esta idealización del territorio norteamericano en la mente del pequeño Suter  tuvieron un papel importante las novelas de James Fenimore Cooper(1789-1851), autor, entre otras , de “El último mohicano”. Pero como suele suceder con los sueños juveniles , estos quedaron apartados por la vida real, al tener que hacerse cargo de la herencia familiar, una fábrica de papel. Además se casó después de dejar a su novia embarazada, con la que tendría dos hijos más.
Johannes Augustus Sutter(1803-1880) que cambiaría su nombre en Estados Unidos por John A.Sutter lo abandonó todo a los 31 años para perseguir su sueño, viajar al oeste de los Estados Unidos, influido por los relatos que de niño había leido de James Fenimore Cooper , y lo cumplió hasta el punto de convertirse en el hombre más rico de Estados Unidos  pero por dos veces caería en la ruina precisamente por el oro, un oro que él no buscó pero tuvo la mala fortuna de que se hallaba en sus tierras (fotografía procedente de http://www.sfsmuseum.org )
Sin embargo, la quiebra de la fábrica de papel iba a cambiarlo todo. Era 1834 y Sutter se encontraba quizás en una de esas crisis personales que asaltan al ser humano cuando lleva la vida que no desea. Allí estaba con una esposa con la que se había casado obligado por su embarazo, cuatro hijos y una empresa quebrada. ¿Era eso lo que soñaba cuando leía a Cooper?No, no era eso y además no iba a renunciar a ese sueño, así que Suter , a los treinta y un años , decide abandonarlo todo, incluida a su familia y parte rumbo a sus sueños, rumbo a Norteamérica. Aunque antes, para financiar este largo viaje, hará una parada en París, donde estafará a un antiguo cliente de su padre y con ese dinero comprará un pasaje para Nueva York. Llega el 7 de julio de 1834 y durante los siguientes años se dedicará a desempeñar todo tipo de oficios, desde empaquetador a dentista, droguero y finalmente tabernero. En 1836 le encontramos asentado como dueño de una taberna.
Pero Sutter quiere ir al oeste y ese mismo año deja la taberna y viaja hasta Missouri, y allí trata de establecerse como granjero. Por delante de su granja ve pasar a  todo tipo de hombres, cazadores, aventureros, soldados que van al Oeste o regresan de esa zona casi desconocida , de la que todos hablan por su riqueza que es California. Sutter no se puede resistir a la llamada de la aventura y en 1837 vuelve a vender todas sus posesiones  y se encamina hacia un sueño llamado California. Después de una primer intento de acompañar a una caravana que fracasó, en 1838 se une a una expedición de la compañía británica Hudson´s Bay integrada por cazadores que se dirigen hacia las Montañas Rocosas. Después de tres meses y tras atravesar la cordillera montañosa, en octubre alcanza la población de Fort Vancouver, en la costa del Pacífico. Parecía que lo más fácil ya lo había conseguido porque ahora sólo necesitaba encontrar un barco que le llevara desde Fort Vancouver hasta California.

Mapa con la Baja y la Alta California cuando en 1846 se enfrentaron Estados Unidos y Mexico en una guerra donde Estados Unidos conseguiría la cesión de la Alta California ese mismo año y en 1850 se convertiría en el Estado 31 de los Estados Unidos. Johann Augustus Sutter llegaría a San Francisco en 1838, entonces un pueblo con apenas seiscientos habitantes y, al igual que Los Ángeles, San Diego o Sacramento, fundadas alrededor de misiones franciscanas. Las órdenes religiosas se habían dividido el mapa de California, correspondiendo la Alta California a los franciscanos y la Baja California a los dominicos. Además estas tierras estaban habitadas por entre 300.000 y 700.000 indios que se convertirían en las principales víctimas de la presencia europea y de la Fiebre del oro  
Más las cosas nunca son fáciles para Suter y no halla ninguna embarcación rumbo a California, por lo que se embarca en una nave con dirección a Hawai. Aunque parezca un rodeo absurdo, Suter estaba convencido que allí le sería más fácil hallar un barco que le pudiera llevar por fin a California, y así fue, aunque antes su nave hacía escalada nada menos que en Alaska. Después de tantas vueltas, de Fort Vancouver a Hawai, de Hawai a Alaska, el 3 de julio de 1839, cinco años después de dejar a su familia, llegaba a Monterrey en compañía de 8 canacos,nombre de los indígenas hawaianos y de dos mujeres también indígenas con las que convivia..Desde Monterrey se dirige a la población de Yerba Buena, que no es otra que la actual San Francisco, la cuarta ciudad más grande de California.
Me detengo un momento en el relato para hablaros sobre esta población , que en 1839 apenas cuenta con unos centeneras de habitantes,aproximadamente unos 600.En 1776 los españoles habían fundado ,en una expedición liderada por Juan Bautista de Anza(1736-1788), español nacido en la localidad mexicana de Sonora, el Presidio Real de San Francisco y un misionero franciscano llamado Francisco Palou(1722-1788) , a finales de ese mismo año, fundaría la Misión de San Francisco de Asís, que a la postre es la que daría su nombre a la ciudad, San Francisco. El propio Francisco Palou ayudaría al también franciscano  Junípero Serra (1713-1784) en la evangelización de California. Después  de la independencia de México en 1821, California quedaba bajo dominio mexicano y fueron desapareciendo las misiones que hasta entonces habían constituido el núcleo de las nuevas poblaciones.

Archivo:Mission San Francisco de Asis old.jpg
La Misión de San Francisco de Asís en San Francisco , al que la  ciudad debe su nombre aunque durante mucho tiempo fue conocida como Yerba Buena. Fundada la misión y la ciudad en 1776  por el misionero franciscano Francisco Pallou, se convertiría dos siglos después en la cuarta ciudad más importante de California.
En cuanto a la Alta California, había sido descubierta y explorada en parte por un marino y explorador portugués que estaba al servicio de la monarquía española, Juan Rodriguez Cabrillo(1500-1543). Los territorios de la Alta California y la Baja California serían divididos entre los franciscanos la primera y los dominicos la segunda. Como ya he dicho, en 1821, México lograba la independencia de España y tanto la Alta como la Baja California quedaban en manos  mexicanas. Así que cuando Suter llega en 1839 a estas tierras, siguen en poder de México. Y volvemos con nuestro protagonista, ahora recorriendo esta pequeña población de San Francisco y a continuación se aleja a caballo hasta el valle de Sacramento donde halla una tierra fértil y abandonada ideal para establecer su granja, aunque sus objetivos son más ambiciosos para un hombre de su ingenio, pues Suter ve la oportunidad de su vida para hacerse rico. En la cercana Monterrey visita al gobernador mexicano Alvarado y consigue que este le conceda el derecho de propiedad de esas tierras durante el plazo de diez años, a las que dará el nombre de Nueva Helvecia, en recuerdo de sus orígenes suizos.

El Fuerte Sutter , construido por Johannes Augustus Sutter en 1839 y que se convertiría en el origen de la actual ciudad de Sacramento, por lo que debemos considerarle el fundador de la actual capital de California. Desde este punto y con el trabajo de los trabajadores canacos traidos desde Hawai, en el plazo de sólo diez años levantaría un Imperio comercial, abasteciendo a toda California y a otras ciudades fuera de sus fronteras y le convertiría en el hombre más rico de Estados Unidos (imagen procedente de http://www.swissinfo.ch ) 
Durante los siguientes años Sutter trabaja sin cesar, ayudándose de más canacos hasta alcanzar los 150 . Se construye almacenes, se excavan pozos, y queman los bosques para cultivar sobre ellos logrando grandes cosechas. También trae ganado y pronto se multiplica formando grandes rebaños  y Nueva Helvecia crece sin parar hasta convertirse en el centro de abastecimiento de toda California y de lugares más alejados como Fort Vancouver. Será Suter el que inicie el cultivo de la vid en California que darían lugar a los célebres vinos californianos, con cepas procedentes de Alemania y Francia . Sutter se convierte en el plazo de nueve años en el hombre más rico de Estados Unidos , sí de Estados Unidos porque en 1846 estallaba la guerra entre México y Estados Unidos donde los primeros fueron derrotados y tuvieron que ceder la Alta California a los norteamericanos.
En 1848 todo le sonríe a Sutter que ahora se acuerda de su familia ,a la que había abandonado en 1834, y les escribe para que vayan hasta allí y puedan compartir con él su buena fortuna . Pero todo empezaría a cambiar el 24 de enero de 1848. Suter, siempre inquieto y con nuevos proyectos, encarga a un carpintero llamado James Wilson  Marshall (1810-1885) que construya un molino impulsado por la fuerza del agua en las orillas del río American , en el pequeño valle de Coloma. Y allí se encontraba trabajando ese 24 de enero Marshall, cuando algo llamó su atención, algo brillante y dorado en el lecho del río. Después de recogerlo con la mano , casi no puede creer lo que ve , lo envuelve y sale corriendo para mostrárselo a Suter. Cuando este le ve llegar y le muestra lo que tiene en las manos Sutter se da cuenta de que se trata, es oro.

James Wilson Marshall(1810-1885) fotografiado junto al Sutter´s Mill, el molino que este carpintero estaba construyendo por orden de Sutter junto al río American y donde el 24 de enero de 1848 descubriría las primeras muestras de oro que en poco tiempo despertarían la Fiebre del Oro(el Gold Rush) y traería la ruina a Sutter (imagen procedente de http://personales.ya.com )
Al día siguiente ambos se dirigen hacia el río American donde se halla el molino que estaba construyendo Marshall y después de coger con un cedazo un poco de arena del río y moverla un poco y aparecen nuevas pepitas de oro. Sutter hace prometer a todos los presentes que mantendrán el secreto y durante los días siguientes la vida sigue igual, aunque Suter se da cuenta que tiene que pedir los títulos de propiedad del valle de Coloma, ya que los que le había concedido Alvarado para  fundar Nueva Helvecia, no se extendían hasta este valle. Encargó a uno de sus empleados, es de imaginar que de su máxima confianza, llamado Charles Bennet , que viajará hasta San Francisco para conseguir el título de propiedad sobre el valle. Pero parece que Bennet no supo mantener el secreto, porque los rumores sobre la existencia de oro en Nueva Helvecia se extendieron por San Francisco, y el 15 de marzo se publicaba en el periódico “The Californian” la noticia del descubrimiento de oro  mientras que el editor de otro de los periódicos de San Francisco, Samuel Brannan(1819-1889), decide viajar hasta la zona para comprobarlo por si mismo.

Samuel Brannan(1819-1889) desató la fiebre del oro después de que él mismo fuera al lugar donde se había encontrado para comprobar que era cierto. El propio Branann fue de los más beneficiados por este descubrimiento, no por el oro en sí, sino porque aprovechó la llegada de los mineros para abrir tiendas en Sacramento y en el valle de Coloma para venderles los suministros que necesitaban y le convertirian en uno de los hombres más ricos de California   
Cuando regresó a San Francisco Brannan no podía ocultar su emoción ,y corre por las calles con un frasco lleno de polvo de oro mientras gritaba “¡Oro!¡Oro del río American”. Y se desató la fiebre, como una enfermedad que se propagase por el aire de un ciudadano a otro , todo San Francisco quedó contagiado hasta el extremo de que el 15 de junio de ese año la ciudad quedaba deshabitada porque estaban todos en las tierras de Sutter , buscando oro. De un día para otro las tierras de Suter fueron invadidas sin miramientos por centenares de hombres  que pisoteaban sus cultivos, rompían los molinos y sus propios hombres abandonaba el cuidado del ganado, la recolección de las cosechas y todos los trabajos necesarios para mantener en funcionamiento las propiedades de Sutter. Lo mismo sucedian en todas las localidades próximas , abandonándo todos los trabajos para ir a la búsqueda del oro. Pero lo peor aún no había llegado, porque el 19 de agosto de 1848 el “New York Herald” publicaba la noticia de que se había descubierto oro en California, noticia que cruza los océanos y llega hasta lugares tan alejados como China y también a las nuevas naciones nacidas después de la desaparición del Imperio español, como Perú, Chile y la cercana México.
 Las propiedades de Suter son saqueadas, su ganado degollado para comer, los cultivos arruinados, los almacenes arrasados . Suter ha pasado de ser el hombre más rico de Estados Unidos a convertirse en un mendigo cuyas propiedades nadie reconoce como suyas y se las reparten los buscadores de oro según van llegando.Johann Augustus Sutter se retirará con su recién llegada familia a una de sus granjas más alejadas para tratar de reconstruir una vida que en apenas unos meses se la han robado, aunque sigue conservando el título de propiedad que le sellara el gobernador Alvarado. Su mujer morirá al poco de llegar por la dureza del viaje, pero tiene a su lado  a sus hijos y con ellos tratará de reconstruir lo que le han arrebatado. Pero dejemos de momento a Suter.  La avalancha continua y si en mayo llegan hasta las tierras de Suter mil buscadores de oro , al final de ese año 1848 son ya más de diez mil mientras el presidente norteamericano James Knox Polk(1795-1849)  pronunciaba estas palabras “Son tan extraordinarios los relatos de la abundancia de oro en el territorio que serían increíbles si no fueran corroborados por informes de funcionarios públicos”

Archivo:California Clipper 500.jpg
Uno de los anuncios que se publicaban en la prensa en los que se ofrecían barcos para los mineros que querían alcanzar lo antes posible la costas de California para los que algunos optaban por la singladura por toda la costa hasta llegar al Cabo de Hornos y luego remontar la costa americana del Pacífico, otros llegarían hasta el istmo de Panama, para luego atravesarlo a pie hasta la costa del Pacífico y luego embarcar hacia San Francisco, o también hasta el puerto de Veracruz en México para atravesar todo el país hasta la costa del Pacífico y la última alternativa era la travesía terrestre por todo Estados Unidos  hasta llegar a California.Todas eran largas y peligrosas       

Los buscadores alcanzaban la lejana California por diferentes rutas, requiriendo todas ellas meses de viaje. Una que consistía en zarpar desde los puertos de la costa este americana , recorrer toda la costa americana hasta el Cabo de Hornos y allí remontar la costa del Pacífico del continente hasta California  en una travesía que podía llegar hasta los  ocho meses de viaje, un periodo de tiempo tan dilatado que muchos hallarían la muerte en ellos bien por las tormentas que hundían los barcos como afectados por el escorbuto , ya que su alimentación se basaba en salazones sin nada de fruta fresca. Otra ruta más directa consistía en navegar hasta el istmo de Panamá, atravesar las montañas que separaban la costa atlántica del Pacífico y buscar un barco para dirigirse a California. La fiebre amarilla y la malaria, endémicas en estas selvas y los ataques de los indígenas acabaría también con muchos de ellos. Otra de las alternativas era tomar un barco en la costa este americana hasta México , atravesar luego la nación mexicana hasta su costa del Pacífico y allí , una vez más, navegar hasta el nuevo Dorado. Y la última alternativa era atravesar por tierra desde la costa este a la costa oeste, sorteando cordilleras montañosas, desiertos y la amenaza de las tribus indias.

Los más afortunados fueron aquellos que vivían cerca de la zona, los que serían conocidos como “forty-eighters” o “los del 48”, que eran principalmente los habitantes de San Francisco, a los que se unirían los hawaianos , mexicanos , chilenos y peruanos, ya que sus rutas en barco eran más cortas , y también  un importante contingente de americanos procedentes de Oregón. Estos primeros buscadores de oro , a los que los  mexicanos llamaban gambusinos, podían llegar a ganar en medio año de trabajo lo mismo que un obrero en seis años, o , con suerte, conseguirlo en un sólo día con el hallazgo de una buena pepita. Pero los grupos más numerosos llegarían en 1849, por lo que fueron llamados “forty-niners”, “los del 49”  con miles de norteamericanos pero también más hawaianos a los que se unieron australianos y neozelandés, europeos en menor número y muchos asiáticos, sobre todo chinos. Para haceros una idea del crecimiento descontrolado, durante un solo año San Francisco pasó de una población de unos 1000 habitantes en 1848 hasta los 25.000 a finales de 1849 y en 1852, cuando terminaba la fiebre del oro, alcanzaba los 50.000 habitantes. Mientras que en toda California, en 1849, llegaron unos 100.000 hombres , de los que unos 40.000 procedían de fuera de Estados Unidos y a mediados de la década de los cincuenta este número superaría los 300.000.

Fotografia de mineros durante la Fiebre del Oro. Los que mayores beneficios obtuvieron fueron los “forty-eighters”, aquellos que empezaron la busqueda del oro en 1848 por vivir cerca de lugar o porque llegaron antes que el resto como sucedió con mineros de México, Chile y Perú o como Hawai . En aquel primer año se podía obtener hasta 20 dólares en oro por día  y ganar en medio año de busqueda de oro lo mismo que un trabajador normal en seis años de trabajo. Algunos incluso se harían millonarios. Los que fueron llegando después no serían tan afortunados y ya en 1853 se obtenían sólo 5 dólares por día de trabajo. En tan sólo un año , de 1848 a 1849 llegarían 100.000 nuevos mineros , un 40% de ellos extranjeros. No tardaría en surgir una reacción xenofóbica contra ellos (imagen procedente de http://www.euskonews.com ) 
Antes de que se iniciara la fiebre del oro , en California vivían no más de 14.000 personas, la mayoría de ellos mexicanos que eran llamados californios pues no olvidemos que hasta 1846 la Alta California  había pertenecido a México. El gobierno americano vio la ocasión de americanizar el territorio y empezaron las conductas racistas tanto contra la población mexicana como contra los mineros procedentes de Chile, Perú o China. Se amenaza  con expulsar a todos aquellos que hubiesen entrado de forma ilegal y aparecen grupos xenófobos como el llamado “La Jauría” que junto con otros grupos similares acosarían continuamente a los mineros y sus familias. En 1850 California, gracias al espectacular crecimiento demográfico, se había convertido oficialmente en el estado número 31 de los Estados Unidos, pero en este nuevo estado sólo los blancos tendrán derecho al voto.
A los californios se les roba la tierra incumpliendo las promesas que antes les habían hecho de conservarlas, una práctica muy habitual en los diferentes gobiernos norteamericanos, como bien sabían las diferentes naciones indias.  A estos mineros extranjeros se les llamaba de forma despectiva  los “greasers” , los grasientos ,y para conseguir expulsarlos definitivamente de allí les pusieron impuestos muy elevados, y cuando estos rehusaban pagarlos, como sucedió con un contingente de 4000 mineros en Sonora, eran expulsados por el ejercito. Pero el colectivo de inmigrantes chinos, llamados “gam saan haak”  o “viajeros a la montaña de oro” irritaban aún más a las autoridades y a los blancos que deseaban expulsarlos porque demostraban su ingenio desarrollando formas de extracción con las que lograban más cantidad de oro que los mineros norteamericanos. No sólo les pusieron nuevos impuestos abusivos y en los años siguientes se dictaron leyes discriminatorias que al final desembocaron  en la quema de sus comercios, el linchamiento de muchos de ellos, otros eran castrados.

Mineros chinos junto a otros mineros de raza blanca. Los chinos eran odiados porque se habían unido y supieron desarrollar técnicas mineras que les permitían extraer más oro que los marineros blancos. Se les pusieron todo tipo de obstáculos como impuestos muy elevados que obligaron a muchas mujeres chinas a prostituirse para obtener lo suficiente para comer. Aún así no fue bastante y comenzaron las agresiones físicas de las cuales la más leve era cortarles la tradicional coleta para humillarles, pero a menudo terminaban en linchamientos o castraciones, o quemando sus casas y comercios , todo ello con el visto bueno de las autoridades políticas que pretendían hacer más americano el nuevo Estado de California, libre de chinos, hispanos , negros e indios (imagen procedente de http://elpolvorin.over-blog.es) 
Del libro “La conquista del Oeste” de Gregorio Duval que, junto a “Momentos estelares de la humanidad” de Stefan Zweig, me han servido de fuente de información, podemos leer “en un pueblo amarraron a un chino a la rueda de una carreta , que pusieron en marcha hasta que a aquel se le cayó la cabeza. A un  pescador chino lo marcaron con hierros, le rayaron las orejas con un cuchillo , le cortaron la lengua y después lo mataron. En una sola noche de 1871, ejecutaron a 20 chinos en Los Ángeles , linchados, quemados o crucificados”. En cuanto a los mineros negros,el grupo menos numeroso que no superaba los cuatro mil , el trato no era mucho mejor. Podemos decir que todo aquel que no fuera norteamericano de raza blanca pasaba a convertirse en mano de obra barata y con unas condiciones de trabajo muy cercanas a la esclavitud. El sueño del oro californiano para todos ellos se convertiría en una pesadilla.
Y si la situación de estos hombres era mala, pero aún fue el trato que recibieron las tribus indias autóctonas de California, entre los que se hallaban los miwoks y los  maidus que Suter había empleado y explotado en Nueva Helvecia para los trabajos de sus granjas . Antes de la llegada de los españoles se estima que la población podía oscilar entre los 300.000 y los 700.000 , a raíz de la fundación de las misiones por franciscanos y dominicos murieron unos 150.000 como consecuencia principalmente de enfermedades, pero el inicio de la Fiebre del Oro significaría también el comienzo de una política de exterminio impulsada por el primer gobernador californiano Peter H. Burnett(1807-1895), que lo sería entre 1849 y 1851  y que en un discurso pronunciado en 1851 prometía que “proseguiría la guerra de exterminio interracial hasta que se extinga la raza india”. Es curioso que España lleve sobre sí la leyenda negra de exterminio de la población india , que tiene una parte de verdad pero también es cierto que en los países del antiguo  imperio español la población india constituye una parte importante de la población excepto en el Caribe donde si desaparecieron, mientras que en Estados Unidos aún hoy las diezmadas naciones indias malviven en sus reservas , casi extinguidos.

File:Peter Hardeman Burnett - circa 1860.jpg
El primer gobernador de California, Peter Harderman Burnett(1807-1895) inició una política de exterminio contra los pueblos indios que habitaban California, como los indios maidu y miwok que trabajaban con Sutter y a los que este también explotaba como lo cuenta Heinrich Lienhard, uno de sus capataces “Tenía que encerrar con candado a las mujeres y a los hombres para que no se escaparan de noche y regresaran a sus tierras” Incluso les llegaba a entregar armas para que fueran a poblados más lejanos y secuestraran a niños y mujeres en otros poblados para que trabajaran en las tierras de Sutter. En cuanto a Burnett sus palabras no podían ser más claras “proseguiría la guerra de exterminio interracial hasta que se extinga la raza india”. Casi lo conseguiría , porque en 1870 apenas quedarían 31.000 con vida de los entre 300.000 y los 700.000 que vivían antes de la Fiebre del Oro
Siguiendo esta dirección, en 1850 se aprobaba una ley por la que se podía poner a trabajar, o , mejor dicho, esclavizar, a todos los indios que no pudieran demostrar una fuente de ingresos y se estableció un auténtico mercado de personas, donde se compraban niños y mujeres indias como si se tratase de ganado. Y una vez más , como ya habían hecho con los californios, se les engañó con tratados como el firmado en 1853  donde los indios, a cambio de ceder casi todo su territorio, se les iba a garantizar un territorio protegido con agua , pastos y terreno fertil. Cuando fueron  a vivir en estos territorios se les dijo que los acuerdos no eran validos, ya que no habían sido firmados por el Senado y les llevaron a otras reservas , a la fuerza y donde fueron puestos a trabajar como esclavos. Incluso se llegó a poner precio a sus cabelleras, aunque en las películas sean siempre los indios los que quieren la cabellera del hombre blanco.
En el libro de Gregorio Doval encontramos este artículo del periódico “Alta California”  sobre una expedición de castigo del ejército norteamericano “La cuadrilla descendió sobre ellos y les voló la tapa de los sesos o les partió el cráneo con hachas. Incluso a los recién nacidos que llevaban en  canastas les partieron las cabezas o los cortaron en pedazos. Madres e niños sufrieron la misma suerte. Los que que intentaban huir, les perseguían o les disparaban. Los niños, que apenas empezaban a caminar, corrían hacia las mujeres llorando de miedo, pero les aniquilaron como animales salvajes y amontonaron sus cuerpos” Incluso 150 años después , leerlo causa repulsión, rabia e impotencia  por la inhumanidad de un ejército que , además, era felicitado por su actuación. El resultado de todas estas matanzas y vejaciones fue que de los aproximadamente 300.000 indios al inicio de la Fiebre del Oro,  en 1870 quedaban en toda California poco más de 31.000.

Fotografía de una familia de la tribu Yuma en California en los años de la Fiebre del Oro, se les hacía trabajar como esclavos o se les masacraba . Se les mintió ofreciéndoles un tratado por el que cedían casi todos sus territorios en California a cambio de un lugar con agua y fértil donde estuvieran protegidos , pero, cuando ya habían abandonado sus territorios  se les dijo que el acuerdo no era valido porque no había sido ratificado por el Senado. Un engaño más del hombre blanco a unos pueblos que no entendían que se pudiera romper la palabra dada (imagen procedente de http://elpolvorin.over-blog.es )
Mientras, como suele  suceder en estos casos, los que más se enriquecían en estos años no eran los buscadores sino los que les vendían el material para la búsqueda, los burdeles que satisfacían a miles de hombres  que pasaban meses solos , los jugadores que desplumaban a los incautos, las compañías navieras que llenaban sus barcos con las riadas de mineros y , en general, todo el comercio, mientras que todos aquellos que llegaron a partir de 1850 apenas ganarían lo suficiente para cubrir sus gastos y muchos sólo consiguieron endeudarse. Fue un tiempo propicio para el crimen, la delincuencia y la prostitución favorecidos por la acumulación de miles de nuevos hombres en los suburbios de las ciudades. Pero, gradualmente, la producción de oro comenzó a agotarse y si al principio bastaba con batear la arena de la superficie de los ríos cada vez se haría mas costoso buscarlo y el rendimiento fue disminuyendo, pasando desde los 20 dolares diarios que se podían lograr en el año inicial de la fiebre del oro, 1848, hasta sólo 5 dólares en 1853. A partir de 1864 los yacimientos estaban agotados o ya no eran rentables. Había terminado la fiebre del oro.
Pero os preguntaréis que  había pasado en este tiempo con Sutter. Lo habíamos dejado junto a sus hijos en 1848, retirado en una de las granjas que pudo salvar. Después de que California se convirtiera en un nuevo Estado dentro de los Estados Unidos en 1849, Sutter se dirige al gobernador para reclamar sus posesiones de acuerdo a la concesión realizada por el gobernador mexicano Alvarado  y que comprendía el suelo sobre la que ahora se habían levantado cientos de casas en San Francisco. Devolverle las tierras significaba el desalojo de miles de personas o una indemnización de 25 millones de dólares, una auténtica fortuna si tenemos en cuenta que Estados Unidos había comprado Alaska a Rusia en 1867 por 7.200.000 dólares . Durante cinco años siguen los litigios hasta que en 1855 el primer magistrado de California falla a favor de Sutter y reconoce su derecho a las tierras que reclama. Pero como era de suponer, la gente que vivía en estas tierras no iba a aceptar la sentencia. Incluso llegan a asaltar el Palacio de Justicia  y se dirigen luego a las posesiones de Suter para saquearlas y arrasarlas. Uno de sus hijos es asesinado, otro es rodeado y se suicida  y otro muere ahogado  en la huida.

VIDEO SOBRE LAS FIEBRES DEL ORO DE NUESTRO TIEMPO

Hoy sigue existiendo la fiebre del oro, en este video se puede ver a los buscadores de oro peruano

Johann Augustus Suter lo había perdido todo, su familia y sus posesiones. Quién debía ser el hombre más rico de su tiempo , vuelve a quedar arruinado , pero en esta ocasión ya no tendrá fuerzas para levantarse y su mente quedará perturbada. Aún vivirá 25 años más en los que seguirá luchando por que se haga justicia ,pero convertido en un pobre viejo loco, del que todos se ríen  mientras siguen construyendo en las tierras que por derecho eran suyas. Moriría , como en una tragedia de Shakespeare , en las escaleras del Palacio del Congreso, un 17 de juno de 1880 sin conseguir la justicia por la que luchó hasta el final, pero , como dos milenios antes escribiera Platón “la justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte”.
Y así termino este artículo, la historia de la fiebre del oro, una historia que deja al descubierto las miserias del hombre, la avaricia, el racismo, la brutalidad, la violencia, la injusticia. Esos sentimientos son los que despertó el oro y que causaron la muerte de cientos de miles de indios, el sufrimiento de decenas de miles de inmigrantes, y la ruina económica y humana del que fue el hombre más rico de Estados Unidos y murió como un mendigo loco en las escaleras del Congreso, Johann Augustus Sutter.
Anuncios